A fuego eléctrico

Con A las buenas y a las malas, la española vuelve a encender las llamas de sus canciones melancólicas y rítmicas, aunque esta vez "con un sonido más puro, más de estómago, de tripa", que acerca el disco al estilo más rockero que intenta cultivar en vivo.

18 de Mayo de 2009 | 11:57 |

Rosana Arbelo luce agotada en su hotel en Santiago. No sólo se encuentra en plena jornada de entrevistas, sino que además viene llegando de un viaje desesperante. "Fue terrible. Llegamos a las cinco de la mañana a Buenos Aires, y supuestamente tomábamos un vuelo a las ocho y media. Pero a las seis avisaron que el vuelo se había retrasado. Tratamos de cambiar a otros, y resulta que también se habían suspendido. No te voy a aburrir: Salimos para acá a las cinco y media de la tarde. De Buenos Aires a Santiago tardé casi lo mismo que de Madrid a Buenos Aires", cuenta.

Por si eso no fuera suficiente, debió enfrentar todos los avatares aeroportuarios a causa de la llamada "gripe porcina", y que ella visualiza desde ámbitos más emotivos que procedimentales. "Vi a la gente muy preocupada en esas horas de espera. Mucha gente con mascarilla, más de la que esperaba. En España hay algunos casos, pero por lo que se dice está más controlado. No hay tanto nerviosismo. Acá me sorprendió. Parece que es preocupante", dice.

Sin embargo, sentada en el amplio sillón de su suite, ya se ve más relajada, y hasta se toma el tiempo para mostrar completo su último motivo de orgullo. Luego de que un reportero le pregunta por el significado de la carátula de su último disco, A las buenas y a las malas —que la muestra con un signo de la paz pintado a cara completa—, ella le responde simplemente que "el vídeo lo muestra mucho mejor". Y entonces pasan por su iPhone, íntegros, los cinco minutos y medio que dura el clip, y que la muestra con distintos motivos pintados en su rostro.

-Pero al final el que se repite y el que permanece es el mismo que luces en la carátula del disco: El signo de la paz.
-Ésa es la finalidad de "Llegaremos a tiempo", la paz en todos sus niveles, no sólo como opuesto a la guerra. También la paz en la parte más emotiva del ser humano.

La canción abre el regreso discográfico de la autora de "A fuego lento", en la línea íntima y esperanzadora que la caracteriza. Pero esas características también pueden mover a engaño, porque en A las buenas y a las malas la cantautora se permitió alejarse en algo de sus propios estereotipos, para permitir mayores cuotas de distorsión y energía.

-Creo que siempre me he paseado por el mismo registro y el mismo circuito, lo que pasa es que hasta ahora había mantenido una línea en los discos y luego en vivo los desarrollaba de otra manera. En este disco, más que un cambio, he unificado eso, trasladé al disco el sonido que normalmente desarrollaba en directo. Suena más pop-rock, con un sonido más puro, más de estómago, de tripa. Eso siempre ha sido así en directo, pero no lo había llevado al disco -analiza.

El viejo y el nuevo orden

Ese registro que hasta ahora había mantenido intacto —y que mezcla balada, aires trovadorescos y ritmos latinoamericanos— tuvo su punto de partida con el disco de 1996 Lunas rotas, su álbum debut y que la elevó a la categoría de fenómeno en España y América Latina, con ventas vertiginosas y millonarias en un brevísimo lapso de tiempo.

-Fue como una aprisionadora. Yo estaba componiendo en mi casa y sólo hacía eso. Cantaba para mi gente, nunca antes había cantado en público, nunca me había planteado hacer un disco como intérprete, aunque como compositora quería entregar canciones. Entonces me pilló bastante en off, sobre todo porque ocurrió en horas. Si a las diez de la mañana se publicó Lunas rotas, a la una ya se habían agotado todos los discos. Fue un boom. El disco salía en alguna parte del mundo, y funcionaba. Yo creo que si eso no me pilla con 30 años, con la cabeza amoblada, con una familia y amigos que me hicieron toma de tierra a cada segundo, tal vez se me habría ido la pelota o yo qué sé. Tuve una sensación como de estar en parvulario y que de pronto entra un señor y me dice 'bueno, vamos a ver la teoría de la relatividad'. Me he perdido de algo, ¿no? -recuerda.

Esos años de surgimiento de Rosana serían los últimos de la industria en su formato tradicional. Y aunque los nuevos recursos se asocien más a artistas de corte indie, la española se ha abierto a la idea de incorporarse gradualmente a un mapa musical escrito en Internet y otros sistemas alternativos.

-Es una necesidad y está siendo positivo. Lo que pasa es que ahora mismo es la ley del oeste, andan todos desubicados y descontrolados. Pero afortunadamente es lo que viene: Internet va a conseguir que la música sea asequible para todo el mundo, inmediata, y que el que hace música viva de su trabajo. Hasta que la gente se habitúa al nuevo mecanismo, es un desierto que hay que pasar. Pero hay que seguir apostando, porque la música va a seguir ahí -pronostica, aunque en su historial no figuren descargas ni iniciativas similares.

-De todos modos los formatos de tus discos venían siendo poco tradicionales: Cuádruples, que mezclan el estudio y el directo, o canciones antiguas con inéditas...
-Sí, porque creo que en cada momento tienes que hacer lo que sientes. Lo único que he hecho es responsabilizarme en cada minuto de lo que creía que debía hacer. Las ideas normalmente pasaban por peticiones de la gente: "¿por qué no grabas un disco en directo? ¿Por qué no metes esa canción que cantas en tus conciertos?". Mi carrera ha estado muy basada en las peticiones del público, sobre todo en discos extraoficiales. A la hora de componer no mando ni yo: Me vuelco, tiro, sangro todo lo que siento.

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