Por su atención gracias

18 de Mayo de 2009 | 23:48 |

"Hay un río que te guiará", canta el músico chileno Fernando Milagros en uno de los coros de este disco, y ahí sin buscarlo aparece un ejemplo claro de que la letra no es lo más vale en una canción. Ni siquiera para el tipo de cantantes con guitarra en los que se supone que lo importante es el mensaje, o la poesía, o lo que sea que tengan que decir. Fernando Milagros empezó así de hecho, parado solo con una guitarra en las manos en 2006, pero cuando dice "Hay un río que te guiará" no son sólo palabras: el río se siente venir en la profundidad, la oscuridad, la humedad, la parsimonia del sonido de ese verso.

Es la preocupación por los matices, los timbres o los silencios la que hace esa diferencia, y en su caso es un doble acierto. A Fernando Milagros no le da lo mismo la música, pero tampoco se va al extremo de sobrecargarla, sino al contrario. Tal como en su primer disco, Vacaciones en el patio de mi casa (2007), en Por su atención gracias Fernando Milagros trabaja con contención. Aquí tiene mejores recursos y mejor sonido que en esa primera grabación más artesanal, y lo mismo vale para la calidez de la canción "Reina japonesa" y para la oscuridad de "Elizabeth Fritzl", una canción cuyo nombre además basta poner en Google para leer literalmente la letra de otra forma.

El rock y el folk pueden ser a grandes rasgos los puntos cardinales del cantante, entre la banda rockera María Milagros donde tocó entre 2003 y 2005 y los ecos de voces viejas y nuevas como las de Bob Dylan o Devendra Banhart que se han escuchado en sus melodías. Pero canciones nuevas como "Nadadora" y "Avenida Perú" parecen sacadas de un folclor propio o intuido y son valses de hecho, mientras "Vendido" es una miniatura instrumental que sirve igual para una obra de teatro imaginaria o una caminata por la calle. Con todas estas gradaciones, pausas y silencios, la música de Fernando Milagros puede de hecho cambiar el pulso del mundo como la banda sonora de una caminata cualquiera. Es un pulso propio. La canción "El arrepentido" es así, y "Estatua de sal" cambia todo el tiempo de velocidad, como un río que tiene torrentes, hondonadas, rápidos y remansos.

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