Wait for me

19 de Junio de 2009 | 23:16 |

Una charla de David Lynch sobre creatividad iluminó a Moby en torno hacia dónde dirigir su nuevo disco. Las palabras del cineasta le hicieron pensar a Richard Melville sobre la distorsión implícita en asociar creación con mercado, y en cómo parecía más inteligente y cómodo dirigir esta vez su música por derroteros ajenos a los del impacto comercial. Moby debe conocer muy bien las trampas que tiende el éxito, considerando las más de nueve millones de copias despachadas de Play, hace diez años, y cómo ese experimento entre bases electrónicas y archivos de blues terminó convertido en un tapiz sonoro casi omnipresente para proyectos modernillos necesitados de un gancho "humano".

El resultado de esta intención subversiva recién descrita es, a la larga, sorprendentemente comercial. Moby decidió suceder Play con tres discos que de a poco lo devolvían a sus raíces rockeras, pero cuya falta de gracia y sentido fue oportunamente advertida por la crítica y su público (Hotel, de 2005, bordeó el disparate). Wait for me, sin embargo, devuelve a Moby a los terrenos seguros de Play: programaciones tranquilas, mucho sampleo de violín simulando un crescendo, y voces invitadas que se acomodan con calidez a un canto orientado por los códigos del blues o la balada más introspectiva.

Éste es un disco de atmósferas amables, que remiten a un noctambulismo urbano, y que, a decir verdad, se hacen al poco rato en extremo predecibles, a excepción del par de veces en que optan por una austeridad máxima (como en "Hope is gone" y "JLTF", ambas con lindas voces de mujeres). No sabemos si el déjà vu general que termina produciendo este disco será culpa de la obra previa del propio Moby o de cómo este sonido electrónico, alguna vez "lo más" del ingenio, se ha fusionado con la publicidad y la televisión a extremos que ya ni advertimos. Moby tiene derecho a hacer un disco según sus parámetros. Y nosotros tenemos el derecho de advertir que esos parámetros están esencialmente e irremediablemente atados a lo más típico de los años '90.


—Marisol García

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