Que sea un puñetazo

Con menos de un año de música y un explosivo reguero de actuaciones, este grupo chileno lanza su primer disco, discute la posibilidad de concentrar la psicodelia en pastillas de tres minutos, y de paso revela la idiosincrasia de cierta audiencia chilena.

13 de Agosto de 2009 | 13:56 |

"Explosiva" es un adjetivo predilecto de este grupo para referirse a una buena actuación en particular o a su música en general. El significado de howler es "aullador", pero el ruido más fuerte de una bomba también viene bien al rock directo y electrizante que tocan Cesare Serra y Tomás Nazal (voces y guitarras), Matías Sierra (bajo) y Salvador Burrell (batería). Y a menos de un año de su aparición, la onda expansiva Howler ha llegado hasta Buenos Aires, donde el grupo hizo en julio una ajustada gira y cosechó buen número de notas de prensa. Muchas más que las que han sumado en Chile, por cierto.


Tres fechas en seis días cumplieron Los Howlers en la capital argentina, con actuaciones en bares y clubes Marquee, El Zaguán y The Roxy. "En general fue una experiencia bien coherente", comenta Tomás Nazal, uno de los guitarristas y cantantes. "Partimos bien nerviosos en la primera tocata, la segunda salió más cómoda y la tercera salió muy bien. Y con la fantasía rockstar durante una semana: entrevistas en radio y televisión. Yo creo que una banda extranjera tiene mayor llegada, por el elemento exótico de venir de afuera".


-¿Se sintieron exóticos?
-Al menos por los comentarios de la gente. Además tocamos con bandas muy disímiles, desde unas de rock contemporáneo hasta la última fecha, con unos agrometaleros. Y nosotros veníamos con un sonido que no debía nada al rock nacional de Argentina.


El sonido con que vienen Los Howlers de hecho tiene que ver con las guitarras eléctricas playeras de la música surf estadounidense de los años '60, con el rock de garaje crudo que a fines de la misma década germinó en ese país en respuesta a la invasión de grupos ingleses, con el primer punk rock que nació a partir de ese origen o, más atrás, con grupos tan tempranos como los primeros Rolling Stones. Un concentrado de todo eso se oye en las seis canciones de Los Howlers, el disco que el grupo lanza este jueves en vivo (ver recuadro) y que tiene disponible en Internet para su descarga libre.


El sonido


Es el 12 de marzo pasado en el Bar Loreto de la capital y ésta se transforma posiblemente en la peor actuación de la bitácora de Los Howlers, cuando a la segunda canción el colapso de la guitarra de Nazar obliga a parar el show. Pero el show no va a parar: Burrell empieza un ritmo salvaje en la batería, Sierra lo sigue en el bajo y cuando Serra empieza a improvisar con la voz luego de haberlo hecho con la guitarra y luego con una armónica, el lugar ya está en llamas.


Los Howlers responden bien a la emergencia. "Esa vez fue una caída en picada, pero nos recuperamos", recuerda Nazal. "La tocata fue un fiasco, pero cuando tuvimos que salvarla, César sacó la armónica y prendió a la gente", agrega Burrell. Es una de las 26 actuaciones que el grupo lleva desde su debut el 5 de septiembre de 2008, y que han cumplido en bares santiaguinos como Mist, Constitución, Loreto y Amanda, en Valparaíso y en el festival Circus Rock de diciembre pasado.


Y la mayor parte del tiempo lo han hecho solos, dicen, salvo por fechas compartidas con The Ganjas, The Versions, sus compañeros de generación Watch Out! y los disueltos La Montaña. "Y sería", concluye Burrell. "Después de eso empezamos a darle solos", agrega Sierra. "A mí me gusta eso por un lado, pero tocar con otra gente también tiene su qué: compartir el escenario, armar lazos y también puedes robar audiencias", distingue Nazal, cuyo grupo surgió de un circuito común entre nombres más psicodélicos como The Cindy Sisters o los citados Watch Out! "Escuchamos la misma música", dice el guitarrista.


-¿Pero los resultados son diferentes?
Sierra: Hay algo en común, pero no es que oigamos todos los mismo.
Burrell: La diferencia con otras bandas es que tenemos un trabajo súper concreto en el show. Llegamos al escenario con una propuesta de "vamos a hacer esto y esto". Y no digo que lo otro no sea bueno.
Nazal: Algunos creen en un "deber ser" de la psicodelia, por decirlo así, que hay ciertas cosas que se deben hacer y ciertas cosas que no. Nosotros tenemos formato de (canciones de) tres minutos, yo creo que la influencia del punk, de los Strokes, que uno adopta y se supone que somos "menos reales". En realidad yo partí haciendo esto para hacer la música que quería escuchar.
 
-¿Cuál?
Nazal: Lo que estoy haciendo: el garage sesentero, el rhythm and blues cincuentero, los Rolling Stones de antes, Joe Meek, BBC Radio Workshop, cosas relativamente oscuras, por lo menos acá.
Burrell: Punk rock original.
Nazar: Como los Horrors (vigente banda inglesa). Cuando los escuché vi que tenían influencias muy parecidas a las mías.
 
-¿Cómo se da una coincidencia entre los cuatro en esos gustos?
Burrell: Lo más similar era tú (a Nazal) con Cesare. Yo con Matías íbamos por otro lado más punk rocker, mezclado con los Buzzcocks y con todo lo que viene después. Yo llegué tocando puro tarro y me dijeron que entrara a la banda porque les aceleraba el pulso.
Sierra: A mí me pasaron el bajo sin que yo tocara bajo, y me metí.
Burrell: Este huevón es el mejor guitarrista de la banda y toca el bajo (se ríe).
 
-¿Se supone que no hay espacio para la psicodelia en tres minutos, es todo lo contrario?
Sierra: No, nosotros queremos hacer temas (en el sentido de canciones).
Nazal: Pero (piensa)… hay psicodelia en tres minutos, o en cuatro minutos. Los Seeds (banda inglesa de los '60) tienen su momento jam (improvisaciones) de doce minutos, pero tienen canciones, es una repetición, es un trance yo creo rítmico. O "Hey Bo Diddley": ¿cuánto dura, cuatro minutos, esa canción? No hay que hacer un drone de doce minutos para llegar a eso.
Burrell: Son bombas, yo creo. Cuando armamos los set de temas los planteamos como un bombazo a la gente. Una explosión: tocar, en el último tema dejar la cagá y chao. Ahí no sé si la psicodelia cabe, tal vez lo que te pueda pasar en cada canción.
 
-Puede estar concentrada.
Burrell: De hecho así es como lo hemos planteado siempre. Que todas las tocatas sean un puñetazo.
Nazal: O como los foquin New York Dolls. Hasta los Sex Pistols. Cuando ves las cosas que pasaban cuando tocaban… O sea, el hecho de que haya surgido el pogo (el baile a empellones) en la onda punk, era con gente que tocaba rápido, canciones de dos minutos: los Ramones. Esa también es una forma de psicodelia: es una experiencia fuera de tu conciencia, donde se golpean…
Sierra: Nosotros vamos en busca de eso.
Burrell: Es más catártica. Nosotros vamos por la catarsis.


El efecto


-¿Y cuánto funciona esa catarsis de verdad?
Burrell: Sobre todo en las primeras tocatas nos influenciaba el resultado con el público. Era lo que medía la tocata.
Sierra: Igual la gente en Santiago se cuida mucho. No sé, algo falta todavía. Es poco fiel. Esa es una conducta chilena, yo creo, el chileno es así: reprimido.
Burrell: Después yo veía en las tocatas a una chica bailando, y otra mina como que la miraba para el lado y se ponía a bailar también.
Nazal: En lugares como Inglaterra las cosas explotan, con un EP, y tiene que ver con un volumen de prensa o del mercado. Aquí funciona de a poco, sacar cinco discos antes de hacerse famoso y tener una fanbase. Bueno, también depende de qué estés tocando: si eres de Sick Pack te vas a encontrar un bunch de quinceañeros saltando.
Sierra: Tenemos que tocar para más gente.
Burrell: A mí ya me tiene chato el mismo público que va a Constitución, a Loreto, a Amanda.
 
-¿Pero es no es morder la mano que te da de comer?
Nazal: Sí, y espérate: nosotros también somos los que van a Constitución, a Loreto…
Burrell: Pero a mí lo que me tiene chato es que la gente apoya, pero en el momento de la tocata…
Sierra: … se desinfla.
Burrell: Se desinfla y no se pone la camiseta. Lo que echo de menos es que la gente se identifique con algo.
 
-Ya, como en Argentina, se supone
.
Nazal: En Argentina. Los rolingas (fans de los Rolling Stones), loco.
Sierra: En el Marquee había un tipo al que le decían "el agitador".
Nazal: Él se decía "el agitador". Un rolinga, así, clásico.
Burrell: Imagínate: ni nos conocía y prendía a la gente entera. Yo estuve a punto de pasarle unos buenos mangos (sonríe).
Nazar: Pero no lo hacía por plata, decía, era la actitud, barrera. Aquí también es el ánimo posmoderno, también es la época: todo el mundo quiere ser cool.
 
-¿Es el costo de tocar para el público más "cool" aquí? ¿No es gente muy espontánea?
Nazal: Pero tampoco es una elección. Porque a un grupo que cante en inglés no sé si la gente nos pesque en otros lados.
Sierra: Pero tampoco nos fuimos a tocar a otros lados.
Nazal: Eran los lugares donde teníamos amigos. Era la posición estructural que nos tocó en la sociedad, si lo quieres ver así.
Burrell: Es de donde cada uno viene también. Hay que decirlo así, estamos respondiendo al lugar de donde uno viene. No somos punkis marginales. Pero lo bueno es venir de ahí y romper eso, reventarlo.
 
-¿Y ha pasado eso?
Burrell: Nos ha pasado muchas veces. Se rompe el cartuchismo.
Nazal: Es que eso es lo diferente en Chile. En Inglaterra, en Argentina tienen esa gracia, hay flaites que escuchan reggaetón y que son rolingas, el rock and roll es un fenómeno de la clase trabajadora, desde los Beatles a Oasis y todo eso, Manchester…
Burrell: Lo que más me emociona desde el escenario es cómo se ha dado vuelta ese sloan con el que llega la gente de "te miro a tu banda". Ahora la gente entra, mira, y lo espectacular es que hemos tocado entre puros cuicos, ya sea en Amanda, en Zapallar, y la gente va con la postura, pero llega un momento en que se entrega, se suelta, y muestra la hilacha, yo creo (risas). Muestran la hilacha porque terminan todos locos.
 
-¿Y al día siguiente ven las fotos en Facebook y se quieren morir?
Burrell
: Y se quieren morir, y "ay, pero cómo me entregué a esta banda" (risas). Finalmente hemos conseguido que el público muestre la hilacha. Es un logro.

Una vez con el disco editado, el plan de Los Howlers es abrirse camino en otras ciudades chilenas. "Me gustaría tocar en provincia, ver qué pasa afuera", dice Nazal. "Yo me meto al Facebook de Los Howlers y me hablan gente de Concepción, Temuco, Puerto Varas, pura gente de otras ciudades, vengan, vengan, vengan", consigna Burrell. Y también sospechan que un público más joven puede estar a la espera. "A los cabros chicos les gusta. Eso es algo de lo que me he dado cuenta hace poco", dice Sierra. "No tienen tantos prejuicios".

-Es algo que pega porque la gente que tiene diecisiete o dieciocho ahora no pasó tanto por el (período) pre-nineties (previo a los '90) -analiza Nazal-. En Chile, en Perú, antes había buenas bandas, Los Vidrios Quebrados, Aguaturbia, gente que grabó un par de canciones que están en compilados; después eso se destruyó. Pero cuando toda la generación de diecisiete o dieciocho entró en la adolescencia, los Strokes ya habían dejado su marca en el mercado. A los pokemones tú los ves y seguro que no tienen idea, pero algunos tienen una pinta London pa'l pico. No todos, pero tienen una influencia.
 
Más a largo plazo, en noviembre Los Howlers tienen previsto grabar su primer disco de larga duración.

-Y como compositor la idea es sonar cada vez menos como una banda vintage, una banda revival, que es lo que tanto nos dicen -agrega el guitarrista-. Todos los grupos partieron de algún lado, los Rolling Stones escuchando a Bo Diddley, y lograron darle una vuelta. A mí me siguen gustando los instrumentos antiguos, el sonido de los (amplificadores a) tubos, porque me parece que suena más bonito, no más. Pero también queremos meter sintetizadores, lo que sea. Yo he estado rayando con la electrónica cincuentera, Tom Dissevelt & Kid Baltan, Sounds of the second moon, que es un disco maravilloso. De a poco vamos encontrando un sonido propio.

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