Mi presente

24 de Agosto de 2009 | 07:57 |

Lo primero que llama la atención es siempre visual y aquí está en una portada. Es Leandro Martínez con una guitarra en sus manos. Pero no es una guitarra cualquiera: los norteamericanos la llaman left hand, el modelo que deben utilizar los zurdos (Paul McCartney o Jimi Hendrix por ejemplo). La tiene aquí Leandro Martínez, insigne zurdo y baladista de la camada de “Rojo, fama contrafama” y la utiliza para lo otro que luego viene a llamar la atención. En la portada de su cuarto disco, Mi presente, el cantante toma notas en un papel y sólo entonces uno se entera de que su presente no es únicamente la interpretación de canciones sino la autoría. A partir de este momento llega el Leandro Martínez cantautor.

Si hay algo que este nuevo romántico sacó en limpio de su paso por el popular programa de televisión es justo eso: la popularidad. Leandro Martínez (Sergio Martínez es su nombre) proviene de la partida original en el set, la más aplaudida y recordada, y no es casualidad que sean María Jimena Pereyra, Daniela Castillo, Carolina Soto, Monserrat Bustamante, María José Quintanilla o Mario Guerrero los solistas que siguieron publicando discos una vez que salieron del programa y ya no contaron con un sello multinacional detrás. Son nombres como marcas de la canción romántica para públicos que desecha rápido a sus ídolos y que necesita verlos en pantalla para convertirlos en estrellas, incluso antes de que canten. Leandro Martínez se apoya en ese rédito a favor nuevamente y no sólo escribe ahora sus canciones. También las produce y las publica.

La voz se aprecia afinada, ajustada y contundente. Está en un primerísimo plano de sonido. Es una manera más de certificar esa jerarquía como intérprete latino. No tendrá tal vez el encanto de Mario Guerrero como ídolo juvenil, pero en canciones como “Aunque digas que me amas” (con banda latina), “Sí, lo sé” (en dueto de voz y piano) o “Y ahora dime” (en ritmo pop), con un Leandro Martínez que de verdad se florea por las melodías, se puede entender cómo es otro tipo de galán chileno más adulto. Ese rango se denota en una canción llamada “Cómo agradecer”, donde figura la voz de un niño en el rol de su propio hijo y donde además Martínez realiza un recuerdo de su esforzada niñez con versos como “El trabajo no podía esperar / bocas que alimentar / madre, tú en casa, dándonos calor”.

En general las canciones se describen por doblajes de voces, juegos armónicos, muchas guitarras latinas (que en “Hay tanto amor” llegan a un límite de aires flamencos) y un evidente y determinante trabajo de producción en el estudio. Un muestrario de sus tres anteriores repertorios puede presentar la cacofónica y redundante temática del amor (“Enamorada”, “Enamorado”, “Cómo duele”, “Cómo será”, “Cómo te diré”, “Un camino hacia ti”, “Dentro de mí”, “Si te vas de mí”, “Cuando te fuiste”, “Vuelve a mí”). Hoy no hay mayores cambios: es la misma línea en el presente. Si de pronto Leandro Martínez se arroja con textos como “mi lengua en tu ombligo” (de la canción “Sólo tú”), siempre va a terminar en las narraciones naturales y equilibradas de un baladista químicamente puro y correcto. Martínez no se aleja jamás de ese molde en Mi presente. No tendría para qué hacerlo.

—Iñigo Díaz

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