Un monumento a la música

Las treinta y una pequeñas piezas que Bach escribió a pedido con el objetivo de inducir al sueño están entre lo más importante y bello que ha dado la música a la humanidad. Las "Variaciones Goldberg", originalmente construidas para clavecín, sonaron esta vez en el piano de un músico chileno para aplaudir de pie.

25 de Septiembre de 2009 | 10:51 |

No dejen de aplaudir. Alfredo Perl abordó las ''Variaciones Goldberg'' y conmovió al público en el Teatro Municipal.

El Mercurio

Lo primero que corresponde decir ante la programación de las “Variaciones Goldberg”, BWV 988 de Johann Sebastian Bach en el Ciclo Grandes Pianistas Radio Beethoven, son palabras de agradecimiento al permitir un acceso en vivo a uno de los monumentos de la música y del genio humano. Este sentimiento se convierte en orgullo al ser un pianista chileno quien las aborda. Y es en este sentido que con mucha satisfacción podemos decir que Alfredo Perl ofreció una lección de musicalidad y profesionalismo ante la magna obra.

En relación a la interpretación, nunca se terminará de discutir sobre si es auténtico o no ofrecer estas variaciones en versión para piano y no en clavecín que fue su original, aunque también es sabido que Bach conoció un piano bastante rudimentario, instrumento que le causó gran impresión por su capacidad de “cantar” notas ya que podían sostenerse en el tiempo. Lo cierto es que el piano permite destacar mejor los temas, los contrapuntos y las ornamentaciones.

Perl logró exponer cada inflexión, cada acento, fraseo o articulación, así como las a veces endemoniadas ornamentaciones que contiene con una claridad excepcional, y siempre con sorprendente musicalidad y estilo. Estas “Variaciones Goldberg” representan lo más depurado de las características del estilo de Bach, adentrándose en las profundidades del contrapunto en sus más intrincadas manifestaciones.

El desentrañar todas sus claves es una tarea de carácter monumental. Primero está el abordaje técnico, luego viene el desglose de cada segmento que con sus características propias obliga a una focalización sobre esa variación, para después contextualizarla en el todo. En este sentido Alfredo Perl asombra por la enorme madurez mostrada frente a la obra, pues la enfrentó con la expresividad justa sin apartarse del estilo barroco propio de la partitura.

A lo largo de las treinta y una variaciones -las que se encuentran enmarcadas por el aria que abre y cierra el ciclo-, encontramos algunas de carácter lírico, otras canónicas, algunas de un entramado polifónico abigarrado en las que el solista está obligado a poner claridad en las partes melódico-temáticas. En ello Perl triunfó en plenitud, tanto  en su espléndido manejo de los contrastes, en los que destacaremos su manejo exquisito de los “pianissimos”, como que en aquellas partes que requerían de fuerza. Todas las abordó con propiedad.

Sin duda que esta presentación ratifica el gran momento en que se encuentra Alfredo Perl, pues a su extraordinaria técnica agrega un acucioso estudio de una obra monumental, a la que en general no acceden frecuentemente muchos de los mejores pianistas. Hace poco más de una semana el solista chileno nos entregó una magnífica versión de variaciones de Beethoven y Brahms. Ahora, al interpretar éstas de Bach, a nadie le puede caber duda alguna de que estamos frente a uno de los grandes pianistas de ha producido nuestro país.

La ovación que se escuchó al final de una obra, que exige del público una gran concentración debido a su extensión, fue un reconocimiento a la espléndida muestra de maestría y talento de nuestro gran pianista.

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