Bienvenidos al banquete barroco

Cinco concertinos e invitados internacionales dieron nueva vida a bellísimas piezas de los dos maestros del período: Juan Sebastián Bach y Antonio Vivaldi.

19 de Octubre de 2009 | 10:23 |

La música occidental bien temperada. Obras barrocas de Bach se escucharon en la Universidad Católica, junto a otras de Vivaldi.

El Mercurio

Ante una sala llena de un público ansioso de escuchar música de dos de los más grandes compositores del barroco, se presentó en el Aula Magna del Centro de Extensión UC un conjunto de cámara formado por un grupo de notables instrumentistas del Imuc. En esta oportunidad la dirección se compartió aparentemente entre los diversos concertinos que se alternaron en la conducción de las cinco obras de Vivaldi y una de Bach que presentaron.


El músico invitado Franco Bonino abrió la jornada con el “Concierto en Fa mayor para fagot barroco y orquesta de cuerdas y continuo” de Antonio Vivaldi. Con sonido firme y con articulaciones que privilegiaron el legatto se fundió perfectamente con las cuerdas y el continuo. En su desarrollo destacaron los contrastes de tempi como los de pizzicato y legatto tanto como lo expresivo del segundo movimiento, no obstante en los de tempi rápido las articulaciones no tuvieron la suficiente claridad. A pesar de ello su cometido debe considerarse de muy logrado.


La única obra de Johann Sebastian Bach fue interpretada por Verónica Sierralta en clavecín. Nos referimos al “Concierto en La mayor para clavecín y cuerdas”. En este caso y en consideración a la sonoridad del instrumento solista, sus acompañantes fueron sólo dos violines, viola, chelo y contrabajo. La versión se caracterizó por la búsqueda de un sonido corto, seco y acusados contrastes en las articulaciones entre la solista y las cuerdas.


Bajos continuos y melodías dinámicas


Verónica Sierralta fue una estupenda solista, de sólida digitación en cada uno de sus movimientos, muy expresiva en los diálogos con las cuerdas en el “andante” haciendo gala de sutiles contrastes dinámicos. El tercer movimiento, “allegro”, sólo cabe ser calificado de brillante.


Los invitados Jorge Marabolí y Juan Fundas interpretaron a continuación el “Concierto para violín, oboe, cuerdas y continuo” de Vivaldi, en el que resultó de gran interés el uso del fagot como parte del continuo por su aporte como timbre. En cuanto a los solistas, estos dieron cuenta de la mejor musicalidad al enfrentar ornamentaciones y articulaciones que dieron pie al mejor despliegue virtuoso.


El segundo movimiento, que recuerda el aria “Domine Deus” del Gloria del mismo Vivaldi, permitió a Juan Fundas desplegar una musicalidad exquisita en las ornamentaciones. El movimiento final mostró perfectos diálogos entre ambos solistas y su contraparte instrumental, que llevó a que la obra se convirtiera en uno de los grandes triunfos del concierto.


Los atributos mostrados por Fundas en el concierto anterior, se vieron corroborados en su versión del “Concierto para Oboe, cuerdas y continuo”, que fue otro de los grandes logros. Fraseos, articulaciones y una demostración de fiato y estilo en el solista nos hacen concluir que estamos en presencia de uno de los mejores especialistas de nuestro país en oboe barroco.


David Núñez volvió a mostrar su experticia en su interpretación del “Concierto para violín, cuerdas y continuo en Mi menor”, la penúltima obra de Vivaldi que se escuchó en esta oportunidad. A lo largo de sus tres movimientos hizo gala de musicalidad, fraseo y contrastes, sin obviar un virtuosismo que el solista maneja a la perfección. Del acompañamiento solo podemos manifestar admiración al acompañar tan magníficamente al solista en el arco expresivo, mostrando siempre un bello sonido.


Franco Bonino y Juan Fundas como solistas concluyeron la presentación con el “Concierto para oboe, fagot, cuerdas y continuo en Sol  mayor” de Antonio Vivaldi. La excelencia fue casi completa, el acompañamiento de primer orden, con un soberbio segundo movimiento y un brillante tercero. Los solistas tuvieron gran musicalidad y pese al musical y hermoso sonido del fagot en algunas secciones apuró los pulsos, provocando una cierta inquietud, que rompía la armonía con el oboe y el resto del conjunto. Los aspectos anteriores fueron ampliamente superados por la honestidad y musicalidad de la entrega que fue entusiastamente aplaudida por el público.

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