Viaje mágico y refinado

Perfección estilística y la enorme musicalidad desplegaron Magdalena Amenábar, Octavio Hasbún, Oscar Ohlsen y Nicolás Gallego en la UC.

24 de Octubre de 2009 | 15:31 |

Voz y laúd: Magdalena Amenábar y Oscar Ohlsen.

Claudio Vera.

Un viaje casi mágico al más refinado mundo musical fue el que se realizó en el cuarto concierto del Ciclo de Música Antigua organizado por el Instituto de Música de la Universidad Católica.


En el Salón de Honor de la Casa Central de esa universidad se presentaron la soprano Magdalena Amenábar, el flautista Octavio Hasbún, el laudista Oscar Ohlsen y el actor Nicolás Gallego, en un programa con música francesa de los siglos XV al XVII.


Su presentación puede ser calificada de exquisita, en función de la perfección estilística y la enorme musicalidad derrochada a lo largo de la presentación. En ellos el afiatamiento es tal que todo fluye de la manera más natural, provocando la más certera interpretación del repertorio ofrecido.


Los músicos denotan una madurez que les hace gozar las versiones, provocando el encanto de los asistentes que en esta oportunidad llenaron la sala. Asimismo se dan maña para transformar un repertorio, que en manos de otros intérpretes podría resultar plano, en algo siempre novedoso y de interés.


Como un complemento del trío de músicos se presentó Nicolás Gallego, un actor que con gran simpatía realizó enlaces entre algunas de las obras o anticipó los textos que luego serían cantados. No menor es el hecho que con gran prestancia musical asumió la interpretación de las percusiones.


La soprano Magdalena Amenábar posee una hermosa voz que maneja con destreza en este repertorio, y ataca inteligentemente las exigencias de tesitura que, aunque esporádicas, son de importancia. Además podemos decir que es capaz de "decir o actuar" los textos que canta, que se desplaza con propiedad por el escenario interactuando con los músicos y el actor y que incluso asume en ciertas obras la parte de algunas percusiones a dúo con Gallego. Con autoridad transita desde la melancolía hasta la picardía y desde la ironía a la desolación. Incluso, con simpática prestancia salvó junto al actor la súbita desaparición de una de las partituras.


Octavio Hasbún es sin duda uno de los mejores intérpretes en flautas barrocas. Su musicalidad complementa la voz y el laúd, haciendo gala de un manejo estupendo en fraseos, articulaciones y de un sorprendente fiato en cada una de la variedad de flautas que tocó. Y Oscar Ohlsen, uno de los maestros en laúd, en esta presentación confirmó cada uno de atributos. Su musicalidad es acompañada de una estupenda digitación de la que dio cuenta en la difícil Pavana de Vallet, interpretada a solo.


Resulta casi injusto resaltar algunas obras por sobre otras, pero mencionaremos aquellas que nos llamaron poderosamente la atención. Primero, la estupenda apertura instrumental con la obra de Pierre Attaignant, el evocador y desolado "Helas, que je suis desolé", la gracia desde la introducción con el actor de "No seré yo quien lo diga", la exquisita gracia y simpatía de "Yo soy alemana", que sirvió además de encore, la pavana instrumental de Adrián Le Roy, "Me bérgere non légere" por la vitalidad de la puesta en escena, el dolor transmitido en la obra de Guédron y la simpatía de "Receta para la migraña", entre otras de igual valor.


En síntesis un estupendo concierto que nos muestra el profesionalismo de un grupo de intérpretes de primera línea, en un espectáculo completo por lo musical y como puesta en escena, largamente aplaudido por el público.

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