Lorena González contra la adversidad

La distinguida violinista chilena debió tocar el "Concierto para violín y orquesta" de Tchaikovsky en condiciones orquetales nada de favorables, pero su talento y técnica la ayudaron a resolver el contratiempo.

27 de Octubre de 2009 | 12:09 |

Una de las figuras más reconocibles de la Sinfónica de Chile tuvo su jornada de solismo y debió extremar sus rrecursos técnicos para sobrellevar los desjaustes que involucraron al cuerpo orquestal y la dirección.

Claudio Bueno

Sólo dos obras consultó este programa de la Orquesta Sinfónica de Chile, que estuvo conducida por Guillermo Figueroa, un director nacido en Puerto Rico y con un vasto currículo en Estados Unidos. Primero se escuchó el “Concierto para violín y orquesta, en Re mayor, Op. 35” de Piotr Ilich Tchaikovsky, donde actuó como solista Lorena González, una de las mejores violinistas de nuestro país. Tuvimos oportunidad de escuchar el concierto de repetición del día sábado, ocasión en que se observaron algunos pequeños desajustes entre la distinguida solista y la dirección, pues pareciera que los enfoques de ambos no coincidieron en su totalidad.

En la orquesta se escucharon frases poco pulcras en algunas secciones, así como se observó una poca unidad en la concepción general, pues a las partes muy logradas, se opusieron otras más bien planas. Esta tensión tal vez redundó en un cierto nerviosismo de Lorena al inicio de la obra. Su habitual prestancia no estuvo siempre presente, no obstante al final se impuso su enorme musicalidad.

La introducción orquestal fue sólo correcta, y en maderas y bronces se observó un fraseo errático en una versión que fue más académica que expresiva. Luego, la entrada de la solista mostró la nobleza de un sonido poderoso de acentos expresivos. Los diálogos con la orquesta parecían estar en sintonía cuando a poco avanzar la obra los tempi de la batuta se alejaron del pulso de la solista, creando pequeñas incertidumbres. En contrapartida, los pequeños solos instrumentales que dialogan con el violín fueron de gran factura.

La “cadenza” del primer movimiento de la solista sólo cabe calificarla de brillante en lo musical y en lo técnico. El ambiente poético del segundo movimiento fue tal vez el punto más logrado de la versión, pues luego de la hermosa introducción orquestal los diálogos entre el violín y algunos instrumentos fueron del más alto nivel. En este movimiento Lorena se vio totalmente tranquila e inspirada y así pudo desarrollar al máximo su musicalidad y belleza sonora.

El temple de la solista y sus fortalezas técnicas se apreciaron en el tercer y último de los movimientos, algo no correspondido por la dirección, que en muchos momentos desajustó los tiempos. Estas partes se alternaron con otras muy logradas, por lo que al final la versión resultó fragmentada sin la necesaria unidad.

Creemos que si Lorena hubiese sido acompañada como lo hizo el pianista, que la acompañó en el “Kreisler” (que tocó como encore), la versión habría sido estupenda. Antes había derrochado musicalidad y estilo en el Bach que también sirvió para  agradecer los aplausos.

La extensa “Sinfonía N° 2 en Mi menor, Op 27” de Sergei Rachmaninov cerró el programa. En ella el director logró mucho mejores resultados, Al parecer la obra no sólo la conocía muy bien, sino que además se le vio mucho más a gusto. Figueroa condujo con mano firme a la gran masa orquestal, logrando un homogéneo y hermoso sonido.

El discursivo desarrollo del primer movimiento se caracterizó por las logradas progresiones en medio de su oscuro carácter. En  el segundo destacaron los bronces al inicio por su gran desempeño, mientras que las cuerdas mostraron musicalidad en sus partes cantábile. Además consideramos que el manejo de los contrastes estuvo muy logrado.

En el tercero, el fraseo de las cuerdas y la musicalidad del clarinete destacaron en un movimiento de un romanticismo a veces casi excesivo. El cuarto tuvo un gran rendimiento de toda la orquesta, que consiguió la ovación de parte del público que llenó el Teatro de la Universidad de Chile. Creemos que esta jornada no mostró cabalmente las cualidades de Guillermo Figueroa, que permitieran aquilatar la potencialidad que se deduce de su currículo.

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