Una italiana poco latina

La versión intenacional de "La italiana en Argel", de Rossini, tuvo una hermosa puesta en escena, con una régie de gran efecto que busca el juego cercano al comic, un sólido equipo de cantantes, pero con una dirección musical de Rani Calderón alejada de su carácter chispeante.

30 de Octubre de 2009 | 11:08 |

El perfil sobrio y espíritu flemático de Rani Calderón alejaron la versión internacional de la ópera de Rossini de su carácter más natural.

Juan Millán

Cerrando la Temporada de Ópera 2009 del Teatro Municipal de Santiago subió a escena “La italiana en Argel”, chispeante ópera de Gioacchino Rossini. Esta versión contó con la régie de Emilio Sagi, quien ubicó la acción en los años ’60. La escenografía creada por Enrique Bordolini tuvo la funcionalidad y agilidad necesaria para recrear adecuadamente sus variadas escenas. Además el vestuario de Renata Schussheim, de colores fuertes, ayudó al sentido de farsa impreso por Sagi.

El grupo de cantantes fue solvente y el coro respondió con el profesionalismo acostumbrado. ¿Pero qué fue lo que faltó para que todo funcionara de la mejor forma? Pensamos que la responsabilidad recayó en la dirección de Rani Calderón, quien condujo con gran finura, sin destacar mayormente líneas instrumentales y convirtiendo a la orquesta en un simple acompañante, sin perfiles y no en el verdadero “cómplice” que debe ser en una ópera como ésta. Incluso sus tempi fueron en general bastante más lentos que lo necesarios y sólo en algunos momentos se acercó a la chispa requerida por Rossini.

El director posee una batuta elegante y conduce con claridad, pero en él predomina una cierta flema que le aleja del espíritu latino y casi desfachatado que envuelve a la ópera. Creemos que éste no es el tipo de repertorio que le acomoda.

La protagonista Isabella fue encarnada por la mezzosoprano Marianna Pizzolato. Ella posee una hermosa voz de fáciles coloraturas y logró además una actuación muy convincente. Lindoro, su enamorado, fue cantado por Kenneth Tarver. Si bien su actuación puede ser la adecuada, en el aspecto vocal es muy irregular. Su timbre es disparejo según la tesitura en que cante y en algunos agudos parece estar al límite.

Pietro Spagnoli, como el voluble Mustafá, puso su gran material al servicio de un personaje que le permitió lucimiento tanto como actor como en lo vocal. Algunas de sus escenas son divertidísimas. Taddeo fue recreado por José Fardilha casi como un personaje del comic. Sus diálogos con Mustafá fueron de lo mejor.

No es novedad que Patricia Cifuentes, la soprano chilena, no sólo cante estupendamente. Ella también se apodera de sus personajes. En este caso, como Elvira, la repudiada esposa de Mustafá. Claudia Godoy actuó y cantó muy bien como Zulma, la criada de Elvira. Patricio Sabaté, con enorme soltura y material vocal, cantó el papel de Haly. Su aria “Las mujeres de Italia” fue estupenda.

El coro masculino del Teatro Municipal (con la dirección de Jorge Klastornick), cantó una vez más estupendamente bien, como eunucos -de curiosa vestimenta- o como los marinos italianos presos, vestidos con los colores de la bandera italiana. La iluminación de Eduardo Bravo hizo brillar la original escenografía, que tuvo aspectos tan notables como el escenario completado por parte del elenco o bien su articulación que dejaba ver por momentos algunos personajes o banderas. El uso y juego con los globos fue otro de los logros, tanto como el jubiloso final con ese barco de cuento infantil, en el que escapan los prisioneros.

En resumen, una hermosa puesta en escena, con una régie de gran efecto que busca el juego cercano al comic, un sólido equipo de cantantes, pero con una dirección musical de Rani Calderón alejada del carácter chispeante de la ópera.

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