Una década de ruido extremo

Quince años a cargo de la publicación más durable de música metalera en Chile es el respaldo de Andrés Padilla para publicar "Retrospectiva al metal chileno". Es el libro en el que el editor de la revista "Grinder" hace su memoria personal de esta música en nuestro país.

31 de Octubre de 2009 | 21:54 |
Después de quince años de editar la más duradera revista de música metalera nacional, y de estar en la fase final de una exploración inédita por los primeros años de esa corriente en Chile, Andrés Padilla tiene una convicción. El metal no es rock, dice, basado en su experiencia como editor de la revista "Grinder" desde 1993 hasta la fecha y como autor del inminente libro "Retrospectiva al metal chileno".

-No es lo mismo. Para mí rock es una cosa y metal es otra, no los puedo meter en el mismo saco. Es otra estética, otra parada. El metal viene del rock. Pero no es rock -puntualiza el autor, que publicará en la primera semana de diciembre su libro (ver recuadro), un recorrido personal y documentado por la primera década de metal en Chile, entre 1983 y 1993, la misma que ha adquirido ribetes de leyenda con grupos como Massacre y Pentagram.

Entrevistas con músicos de la escena, fotografías inéditas y un catastro masivo de fanzines o revistas caseras de la época son parte del trabajo acumulado por Andrés Padilla, que para la época recogida en el libro tenía entre once y veintiún años y que ya en 1989 editó su primer fanzine, "Impulso Repulsivo". "En el '93 empieza otra etapa en el metal, los grupos ya sacan casetes mejor impresos, en color, llega Internet unos años más tarde. En los '80 era todo blanco y negro, fotocopia", distingue. De esos años trata el libro.

-Es la primera década –precisa-. Una década de thrash.
 
Al principio fue el holocausto

Dos etapas de evolución musical quedan registradas en esta historia. Son el thrash metal, una forma de música lejos más brutal que el heavy metal de los años previos, basada en el pulso acelerado y la distorsión de guitarras, y el death metal, que más tarde llega a extremar ese sonido. Los grupos precursores son Massacre y Pentagram, liderados por los guitarristas y vocalistas Yanko Tolic y Anton Reisenegger respectivamente. Y hay un el hito: el Death Metal Holocaust.

-El Death Metal Holocaust es un festival que organiza Yanko Tolic el 28 de diciembre del '85 -dice Padilla, y el cartel de esa jornada está en la historia, con los grupos Belial, Crypt, (y Rust), Nimrod, Pentagram y Massacre-. Y Massacre alcanzó a tocar dos temas porque después llegaron los pacos. Fue el primer recital thrash, y además tenía un grupo de Valparaíso (Belial), empezó a unir las dos escenas más grandes de Chile, entre Santiago y Valparaíso. Ahí creo que se pone la primera piedra de la historia del metal, en cuanto a conciertos bien organizados.

Es una selección de elegidos la que se apunta en los inicios del movimiento thrash en Chile, entre los mencionados Massacre (1982), Pentagram (1985) y Belial (1985), además de Atomic Aggressor (1985), Rust (1983), que origina a Warpath (1987), y Nimrod (1985), que a su vez tuvo músicos en común con Necrosis (1984), como el vocalista Andrés Marchant. Ninguno de ellos tenía que ver con músicos del heavy metal chileno previo como Feed Back o Turbo, y menos con una banda rockera de viejo cuño como Tumulto, precisa Padilla.

-De partida muchos de esos grupos cantaban en español, y el thrash quería ser algo auténtico, influenciado al cien por ciento, todo en inglés -distingue-. Hay tres grupos que marcan la infuencia brutal en el thrash chileno: Slayer (la banda estadounidense liderada por el chileno Tom Araya desde 1981), Exodus (1980) y Possessed (1983). Nombro esos tres porque Slayer era Massacre representado en Chile, Exodus para mí estaba representado en Necrosis, y Possessed en Pentagram. Aunque bandas como Venom, Metallica y Celtic Frost marcaron bastante la pauta en las tres agrupaciones chilenas mencionadas.
 
Primera generación: el Estadio Nacional del thrash

Pentagram iba a hacer su primera grabación en enero de 1987, cuando empieza el período de gloria del thrash chileno para el autor, aunque fue Massacre la primera banda thrash en grabar un demo, Pissing in the mass grave, en 1986.

-El '87 y el '88 son los mejores años del thrash chileno -dice-. Prácticamente todos los fines de semana había conciertos en el gimnasio Manuel Plaza, que era el Estadio Nacional del thrash. Y en segundo lugar estaba la Sala Lautaro. Fueron los años más productivos de la escena, ya había más práctica, más carrete de ese escenario, y se grabaron los mejores demos, aunque nadie en esa época se daba cuenta de lo que estaban haciendo. No tenían idea de que veinte años después iban a estar hablando o escribiendo libros de ellos.

-En la época siempre se percibió a Massacre como el grupo más importante del movimiento. ¿En  un momento Pentagram ganó un lugar más trascendente?
-Claro. El Yanko (Tolic) con Massacre y el Anton (Reisenegger) con Pentagram son los dos pilares de la escena del thrash. Massacre fue la primera banda con estética, sonido y actitud thrash, tocaban con puntas, era una cuestión destructiva en vivo, que marcaba la diferencia con el rock. Aparte fue uno de los pocos grupos que tendieron la mano a los demás. El Yanko fue el primero en decir "vengan a tocar, yo los invito", empezó su propia escena, los grupos iban a ensayar a la casa de él, Necrosis se formó ahí.

-¿Qué pasa después del '88?
-En una de las entrevistas que le hice, Yanko dice "ganaba plata el que pegaba afiches, ganaba el que me arrendaba el amplificador, ganaban todos menos yo", y eso fue gota a gota cansando y desgastando a todos los músicos. Además todos estos grupos estaban entrando al tema de los estudios, dejaron de ser unos pendejos, entraron a la universidad. Y estaba creciendo el death metal.
 
Metal de la muerte

Entre 1989 y 1990 Padilla señala un cambio de guardia, tras un decaimiento del thrash y el fortalecimiento del death metal, con los citados Atomic Aggressor y grupos nuevos como Sadism, Torturer, Betrayed, Totten Korps y Death Yell, entre otros. El adjetivo descalificativo "poser" tan habitual en la jerga metalera se iba a hacer frecuente en relación a la generación previa, consigna el autor.

-De hecho los grupos death metal hablaban de los posers de Warpath o de Massacre. Porque también estaba el cuento de que Necrosis había salido en la tele, y ya como que "se habían vendido" -dice Padilla, acerca del célebre episodio en que Necrosis actuó en el programa "Sábados gigantes" y fue ridiculizado por el animador Mario Kreutzbeger, conocido como Don Francisco.

-¿Cuál es la referencia para los grupos de death metal, si antes habían sido Slayer, Exodus y Possessed?
-Estos tenían a Morbid Angel (banda surgida en 1984, en Florida, EE.UU.). Creo que Morbid Angel es la banda fundamental en el nacimiento de la segunda generación del death metal. Incluso influyó en Pentagram. Si tú pescas el demo original de Morbid Angel (Thy kingdom come, de 1987), Anton (Reisenegger) sale en los agradecimientos: "Behemoth and Pentagram". Behemoth era el nombre artístico del Anton.

-¿Qué rol tiene el grupo Dorso en toda esta historia? Ellos grabaron el disco Bajo una luna cámbrica en 1989. ¿Eso no tiene que ver con el death metal, aunque sea la misma época?
-Dorso es bien particular lo que provocan, porque en el fondo siempre estuvieron. No llevaban la batuta, eran los invitados de todos, amigos de todos, a nadie le caían mal. Es una de las pocas bandas que sin ser death metal ni thrash le gustó a los metaleros y abrió un poco el espectro de gustos de la gente, con un cuento bien progresivo. Se le podría atribuir la responsabilidad de que los metaleros fueran un poco más abiertos de mente.
 
Era más netamente satánica

-¿Hay una diferencia en cuanto a las letras de estas dos oleadas?
-La segunda generación de grupos eran más netamente satánica, todo más anticristiano, devastación, bien apocalíptico. Aparte está la inmadurez también, todo esto nace afuera y así como copiaban la estética y la música, también era "¿qué es lo que cantan ellos? Ya: cantemos lo mismo". Pero hasta el día de hoy no hay ni uno de estos compadres que haya fundado una iglesia satánica, como en Estados Unidos. Acá era más que nada un cuento de imagen. En una tercera generación, para el '94, '95, nacen grupos como Dominus o Bloody Cross que profesaban (esa tendencia), pero ellos no van a ir en el libro.
-¿Qué relación hubo en esta época entre el metal y el poder, había una postura política?
-A pesar de que el nombre de Torturer se debe a la tortura, y Massacre igual, por la masacre de los derechos humanos, una cosa así, nunca fue la bandera oficial el tema de la dictadura. Todos le tenían mala a Pinochet, pero no veías afiches contra Pinochet. El metalero no estaba a favor ni en contra del gobierno, era como un mundo aparte. Ellos vivían su mundo y no estaban ni ahí con nadie. 

-¿Sí había un choque con la policía?
-Había choque, pero se habría producido con el punk, con los metaleros, contra cualquier manifestación cultural. Hasta los grupos folclóricos estaban medio censurados. Siempre los pacos llegaban a los recitales, los paraban, había detenidos, peleas, era inevitable. Un recital sin pacos era raro. Aparte andar con el pelo largo, lleno de parches con cruces, esa estética lógicamente no sólo a ellos, a todo el mundo le provocaba un rechazo. Se pensaba que eran delincuentes. Queda demostrado que no. De hecho muchos metaleros estaban en contra de las drogas.

-No les gustaba la marihuana, de hecho.
-No hippies, no marihuana, no drogas, decía en los flyers. Si era copete sí. El copete siempre ha sido la bandera del chileno.
Un panorama de grupos a nivel nacional habrá en el libro, explica el autor. "Aparte de Santiago estoy hablando de todo Chile. Hubo bandas en Arica, en Punta Arenas, en todos lados, y también van a ir en el libro", dice, y la reconstitución de escena llega hasta una tercera oleada de death y thrash metal con grupos como Undercroft (1991), Execrator (1992) o Criminal (1991), la banda que hasta hoy mantiene Anton Reisenegger, el fundador de Pentagram.

-¿Cómo se dio la trascendencia internacional de grupos como Pentagram, mencionados por bandas extranjeras como Napalm Death o Morbid Angel?
-Se ha sobredimensionado un poco el cuento. Pentagram, así como Sepultura, Sarcófago y muchos grupos de Sudamérica, les gustaban a muchos grupos de afuera, pero no significa que hayan marcado el camino musical de Napalm Death, por ejemplo, que el guitarrista de Napalm Death siempre ha demostrado su cercanía.

-Pero está ese reconocimiento.
-Sí, porque en el fondo llamaba también la atención. O sea, quién iba a pensar que en Chile, un país que quedaba al fin del mundo, iba a haber un sonido tan bien logrado. Y sin duda es Pentagram el que llegó a trascender a ese nivel. Atomic (Aggressor), Necrosis, se conocieron, pero Pentagram marcó influencia. Grabaron dos demos. Siempre lo voy a decir, dos demos increíbles, pero son dos demos. Son bandas de culto: se disolvieron y generan un culto.
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