Del cine al disco sin fronteras

Una cantante argentina y dos músicos chilenos, uno de los cuales es el bajista de Lucybell, conforman este trío con horas de vuelo en Los Angeles y México antes de su aterrizaje en Santiago de Chile. Y tras debutar con la música de la película "Desierto sur" ahora estrenan su disco debut, De luz a sombra.

23 de Noviembre de 2009 | 11:57 |

Fue en una tienda de libros en Ciudad de México donde Teresita Cabeza y Eduardo Caces supieron hace dos años cómo se llamaba su grupo musical.

-Fuimos a una librería, abrimos un libro de Dalí y estaba este cuadro que se llama "Galatea de las esferas". Y ése era nuestro nombre. A raíz de eso empezamos a buscar de qué se trataba y encontramos que es una luna de Neptuno, una diosa griega… -recuerda ella, ahora que Galatea es también el nombre del trío de la propia Teresita Cabeza (voz), Eduardo Caces (bajo y teclados) y Jorge Gaete (teclados y programación), y que acaba de publicar su primer disco, De luz a sombra.

Entre ellos, Caces trae su experiencia como bajista y tecladista de Lucybell desde 1999; Gaete su paso por la banda de pop rock chilena Ciudad Satélite y Cabeza su inicios en 2005 en la banda de trip-hop mexicana Yeccan. Porque además hay distintos países involucrados en Galatea. La cantante es argentina y desde que ella y Caces están casados se han establecido consecutivamente en Los Angeles en 2002, en Ciudad de México y Santiago de Chile, donde están de vuelta desde 2007.

Y fue también en México donde se formó el grupo, cuando a comienzos de 2007 recibieron el encargo de componer la música para el largometraje "Desierto sur", del director chileno Shawn Garry. Un año más tarde la película fue estrenada y en noviembre de 2008 la banda sonora de Eduardo Caces recibió el premio a la "mejor música de película" en el Festival Internacional de Cine de Viña del Mar. Para entonces Galatea ya había editado el EP Caminos (2008), con dos canciones de la película, "Caminos" y "Podrías quedarte más".

-Empezamos a hacer canciones, a hacer canciones y ya la película no necesitaba más canciones -recuerda la cantante: desde ese punto Galatea se planteó como un grupo en sí mismo, mientras a mediados de 2008 Eduardo Caces se incorporaba en su puesto definitivo en el trío, después de haber participado como músico invitado y tras el alejamiento del tecladista fundador, el mexicano Emmanuel Mendoza.

-Teresita me dijo "Somos marido y mujer, toca bajo en estos temas", yo hice primero una letra, unas melodías, siempre había un interés y una suerte de pololeo con la banda -sonríe el bajista.

-¿Qué rol tuvo la película para el grupo?
Teresita:
Es un poco la madre.
Caces: Terminó por darle a Galatea ese barniz de empezar a hacer lo suyo. También se ha ido ordenando con Lucybell y cada uno ha podido desarrollar sus proyectos personales. Vamos a los conciertos de De Kiruza con Cote (Foncea, el baterista) o a los de Claudio (Valenzuela, el cantante) con Gemini, su disco solista, y ellos van a los de nosotros…
Teresita: El clan. Se mueve el clan.

-¿Cómo fue ganar el premio en el Festival de Cine de Viña?
Teresita:
Jorge no fue. Yo fui sola, vos (a Caces) tenías que tocar.

-¿Subiste sola a recibirlo?
Teresita:
Sola, sí. Fue muy frío. Bien austero.
Caces: Fue un trabajo de dos años que tuvimos para aprender a hacerlo.
Teresita: Pero también vos hiciste música para teatro. Eso te ayudó mucho.
Caces: Años atrás. La conexión con lo audiovisual y con las tablas me llama mucho la atención.
 
-¿Es lo que hiciste con El Sindicato?
Caces:
En El Sindicato, sí, en aquellos años ochenteros (se refiere al colectivo artístico integrado por actores y músicos como Paulina Muñoz, Alejandro Cáceres, Paulina Fagota González o Juan Pablo Villalabeitía a fines de los '80). Aprendimos harto ahí, aunque era muy precario lo que teníamos en esa época, salvo un bajo, una batería y una flauta traversa, me acuerdo, y algunas guitarras. Una vez en La Legua hicimos la presentación de algunos cuentos cortos de "La memoria del fuego", de (Eduardo) Galeano, te digo el año '86, con un sintetizador y un caset. Ponía la música en un caset, ponía play, cortaba.

-¿Ustedes ya se conocían en ese tiempo?
Teresita:
No, yo era una guagua (se ríe).
Caces: Debe haber tenido nueve años.

Hagan esto en sus casas, niños

En rigor Teresita Cabeza tenía siete años en 1986. Y los dos tendrían que esperar hasta 1998 para conocerse, en el Instituto Escuela Moderna de Música de la capital.

-Yo entré a estudiar a la Escuela Moderna de Música y él era mi profesor -sonríe la cantante, que además trae el ADN musical de la familia, como nieta que es del célebre cantante chileno Antonio Prieto.

-Con Teresita en la parte letrística y melódica tener a una buena vocalista es siempre un regalo -dice Caces-. Además Jorge (Gaete) es el mejor programador en (el software musical) Reason que puede haber en Chile en este momento, te lo puedo asegurar. Lo pongo en la mesa. Y con lo que hago yo en lo mío estamos todos compenetrados en el grupo.

-¿Cuáles son esos rasgos de buena vocalista?
Caces:
Aparte de lo técnico, que a veces pasa a un segundo plano pero que tiene que ver con que es afinada y tiene la presencia de una frontwoman poderosa, también está lo dúctil que hay que ser para el trabajo en equipo. Llegar con una idea de "Mira, yo toco en Lucybell hace diez años, compadre, y las cosas se hacen así" o "soy la nieta de tanto o la compositora de esto", o "la secuecia es mía y tú no la mueves", imagínate: la vida no es así, el diario vivir no es así,  el mundo no es así.

Teresita: Trabajamos para la canción.
Caces: No hay un ego.

-¿De todos modos la exposición es mayor para la cantante, les acomoda eso?
Teresita:
Es que cuando subo a un escenario soy una intérprete, me empapo de la primer vocal hasta la última, entonces tampoco lo actúo. Y abro mi corazón para que la canción fluya y si me tengo que tirar al piso lo hago, pero no es pensado, ¿me entendés? Es lo que estoy sintiendo en el minuto.

-¿Cómo viven el contraste de estar entre un grupo independiente y en uno internacional como Lucybell?
Caces:
He estado en compañías gigantescas y con mucho protocolo y dinero entre medio, y esta vez llegamos al mismo resultado con los mínimos medios. Eso me llama la atención en estos tiempos modernos. A lo mejor quince años atrás era inimaginable, pero en 2009 hicimos casi un trabajo desde la casa.
Teresita: No conozco el lado oscuro del negocio, pero la independencia y la libertad absoluta, no preguntarle a nadie, guiarse por la intuición, se da mucho el de boca en boca… Uno es el que va a golpear puertas y a abrir los caminos. Veo a Eduardo, con Lucybell, que ha pasado por toda la gama de la industria y no sé, yo creo que vos estás más cómodo, ¿no?
Caces: Lucybell en esta última etapa se hizo independiente, después de esta otra parafernálica forma de hacer el negocio. Ambos escenarios son agradables. Eso sí, tomar una decisión con tanta palmada en la espalda, "qué bueno tu disco", "la industria está para ti", "este edificio entero está para ti", me parece excelente, pero es necesario ese compromiso propio que te hace bombear la sangre por el cuerpo. Es como pedir un préstamo a un banco, entrar a un sello discográfico. Nunca se sabe cuándo lo vas a terminar de pagar o si te están cobrando intereses. La independencia es tomar una decisión. Creo que esto sí hay que hacerlo en las casas, niños. Se pueden cortar eslabones de la cadena de esta industria, en la que tratan a algunos de piratas y malhechores cuando a niveles de megaempresas unos pocos son dueños de todo y te preguntas quiénes son realmente los malvados de esta película.

De hecho De luz a sombra sólo está disponible para su descarga digital, desde el nuevo sitio Portaldisc.

-Y está muy bien para la inmediatez que estamos viviendo ahora -dice el bajista.

-Y es más económico -agrega la cantante-. En menos de una semana hemos vendido más de cien discos. Maravilloso. ¿Quién que saca discos físicos hoy vende cien disco en una semana?

-Hay que abogar por las buenas ideas, y ésta es una muy buena idea -concluye Caces-. No descartamos sacar una versión física, pero hay que depegarse de algunas cosas que nos mantienen atados, porque si no todavía no salimos del disco de acetato. O del rodillo dando vuelta.

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