Nueva novela de Álvaro Bisama retrata el derrumbe emocional y político de los '90

Ambientada en un Valparaíso gris y ajeno, "Estrellas Muertas" es un crisol de vidas quebradas y sueños rotos.

30 de Agosto de 2010 | 09:02 | Por Alberto Rojas M., Emol

SANTIAGO.- Hablar de Álvaro Bisama es adentrarse en el mundo de uno de los escritores chilenos más creativos, provocadores y lúcidos de estos tiempos. Una pluma indomable que ha dejado sus huellas en los principales diarios y revistas de Chile, abordando desde la literatura hasta la cultura pop, todo siempre salpicado con referencias televisivas y musicales.

Pero Álvaro Bisama también es profesor de Literatura, hace clases en diferentes universidades y es el autor detrás de novelas como "Caja Negra" y "Música Marciana", así como los imperdibles libros de ensayo "Zona Cero", "Postales urbanas" y "Cien libros chilenos".

Ahora es el turno de una nueva novela, "Estrellas Muertas" (Alfaguara / $ 9.680), una historia que se desmarca de sus títulos anteriores. Su trama hiperealista se desarrolla en el Valparaíso de los años '90, durante los primeros años de la transición, tiempo de ajustes políticos y sociales. Y donde "la Javiera" y "el Donoso" cruzan sus destinos dentro de un contexto universitario marcado por la decadencia y la frustración. A ambos no sólo los separan sus edades, también sus cicatrices de vida, donde las utopías políticas se mezclan con el fracaso, hoteles decrépitos y música punk.

Al preguntarle cuánto tiempo le tomó escribir "Estrellas Muertas", la respuesta de Bisama es demoledora: "La versión cruda, de tres semanas a un mes. La corrección, un año y medio". Y eso da un claro indicio de lo especial y diferente que es este nuevo título. Algo que sin duda, se percibe desde las primeras líneas.

"Cuando escribía no miraba para atrás. La idea era seguir así, adelante, sin pensar demasiado en lo que se hace. La idea era proyectar sobre el texto (y a mí me pasa cuando lo leo) una especie de extrañamiento, dejar de reconocerse en él, encontrarse de otra forma. La idea era escribir contra lo sencillo, contra lo que antes me salía fácil, meterme en otras zonas, perderme ahí", asegura.

—"Estrellas Muertas" es una novela muy distinta a tus obras anteriores. Mucho más personal, oscura y desencantada. ¿Sientes que era una deuda pendiente?

"No creo que fuera una deuda. Para nada. ‘Caja Negra’ me parece más bien ese tipo de novela donde uno paga su deuda. La primera novela siempre es eso. ‘Estrellas Muertas’ es más dura, eso sí, pero también más acotada. Hay una voluntad de miniatura ahí. Una miniatura de la asfixia, una miniatura del horror. Pero yo creo que se parece a lo que he hecho antes, lo que pasa es que —en términos de estilo— elegí el camino contrario. Cambié la saturado por lo precario, el gran cuadro por lo íntimo, la parodia por el drama, el merodeo pop por la política que es otra forma de merodeo pop".

—De alguna forma este libro es sobre el derrumbe de las utopías...

"Pero también es el del derrumbe de una ciudad, de una pareja, de una vida. El derrumbe en la novela no es solo ideológico. Los escombros están puestos en todos los planos, se hilan entre sí, se confunden".

—¿Crees que los '90 en Chile fue una década perdida?

"No sé si perdida. Más bien congelada. Lo importante pasó siempre en el silencio, no se vio. Los procesos fueron invisibles. El aire era turbio. Había cosas que no se podían decir, una especie de clausura sobre el lenguaje, sobre los cuerpos, sobre los espacios. Los ‘90, en la memoria, eran horribles: Bonvallet, Viva el Lunes…".

—¿Y por qué crees que los Dead Kennedys son la banda sonora de "Estrellas Muertas"?

"Por el ruido. Porque hay algo estridente y destemplado ahí. De película de terror. Una clase de ruido que es una metáfora del fracaso, que está cantado a espaldas del sentido, cuyo lugar es el daño. Un ruido que explota, pero no es catarsis de nada. Pero también la banda sonora del libro es Violeta Parra o los PIL, o ese video de Melero donde está vestido de Frankenstein y toca el teclado y camina por la línea del tren".

 —¿Dónde encontraríamos hoy a personas como La Javiera y El Donoso, tus protagonistas?

"No lo sé. Nunca me lo planteé. Para mí ellos terminan en el momento en que se cierra el libro. Nunca fueron diseñados más acá o más allá de él".

—¿Y en qué estás trabajando ahora? ¿Cuál será tu próximo proyecto?

"Hay una novela en camino, pero la detuve. Trataba de la relación entre la fotografía y los viajes en el tiempo. Está casi lista. No la termino porque quiero darle un poco de aire".

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