Interpol desplegó gran intensidad en su concierto, realizado en el Caupolicán.
Christian Zúñiga, El MercurioSANTIAGO.- "Prende las luces brillantes" es algo así como lo que quiere decir el nombre del primer disco de Interpol, y en un instante la instrucción se hace realidad, justo al final del show que el grupo neoyorquino acaba de ofrecer la noche de martes 9 de noviembre en el Teatro Caupolicán de la capital, y justo en "NYC", la canción de ese primer disco de 2002 que incluye el verso "Turn on the bright lights".
Es un buen momento porque entonces el brillo de esas luces ilumina el teatro y deja ver a una audiencia entregada que acaba de disfrutar cada minuto de la hora y media de música en vivo de Interpol.
Y puede ser el único momento de claridad literal de la noche, pero todo el resto del concierto del quinteto en Santiago ha sido una fiesta en tonos oscuros, desde lo neutro de la puesta en escena hasta lo sombrío y al mismo tiempo intenso de la música de la banda.
Entre esas generaciones de grupos de rock de comiezos de la década pasada reconocidas por nombres como los de The Strokes y White Stripes, Interpol eligieron siempre con distinción la veta del post-punk, es decir ese sonido emergido desde comienzos de los '80 como una depuración más introspectiva y menos estridente del estallido punk. Y funcionan en vivo con fidelidad a ese sonido, actualizado por las composiciones de sus cuatro discos grabados entre 2002 y 2010.
Éxitos reconocidos por el público como "Evil", "Slow hand", "Obstacle" y otros son parte del generoso programa de diecinueve canciones. En ese repertorio, "Say hello to the angels" parecerá un guiño a los Smiths de "This charming man" así como más tarde la introducción de "Untitled" podrá remitir a las guitarras nebulosas de The Cure en "A strange day", y es cierto que la banda a veces genera el efecto de regresar a un tiempo en que esta música recibía el nombre de new wave o dark. Pero Interpol está lejos de ser pura cita.
El grupo muestra un talento propio para construir composiciones fragmentadas y con arreglos de alta precisión. La voz lóbrega y grata del cantante y guitarrita Paul Banks, la guitarra principal de un Daniel Kessler vestido de etiqueta rigurosa como es habitual y la creatividad y precisión del baterista Sam Fogarino son los tres atractivos principales en vivo, con mención aparte para la melodías de bajo siempre impredecibles delineadas por el hoy alejado integrante original Carlos Dengler y recreadas por el músico invitado Brad Truax.
A la quinta canción, "Barricades", primer single de su más reciente disco ("Interpol", 2010), queda claro que será imposible esperar en vivo una fidelidad total a los discos, con un sonido saturado que va a sacrificar los detalles minuciosos de batería y los tres instrumentos de cuerda. Pero lo que Interpol pierden en nitidez lo ganan en energía, con un concierto que avanza cada vez en mayor intensidad, con Paul Banks saludando en un competente español al público y con una audiencia que vino a copar la cancha y la mitad de las tribunas del recinto.
"Saludos a Intimate Stranger, una gran banda", es una de las despedidas del cantante, con el detalle de saludar al grupo telonero local, Intimate Stranger, muy a tono en la velada con su sonido de post-punk melódico. Luego, al final del show, Banks avisa que éste ha sido el penúltimo show de su gira mundial, y adquiere más sentido haber venido a esta celebración. Es el turno de la última canción y ya pueden prender el brillo de esas luces brillantes: va a ser como el amanecer después de una noche de fiesta.