Los Bunkers agitaron guitarras y puños en el show más intenso de Viña

Electricidad, consignas y éxitos fueron los ingredientes esenciales de una marea que atrapó al público, que devolvió la entrega del quinteto con dos antorchas y dos gaviotas.

25 de Febrero de 2012 | 23:38 | Por Sebastián Cerda, enviado especial a Viña del Mar

Los penquistas invitaron a Manuel García para interpretar ''Al final de este viaje'', en uno de los momentos más aplaudidos de la presentación.

Luciano Riquelme

VIÑA DEL MAR.- En el ránking de reclamos en torno al Festival de Viña del Mar, debe haber dos que se repiten con más frecuencia: Uno, que vienen "siempre los mismos"; y dos, que a esta fiesta le falta rock.


Sobre todo con este último aspecto, la presentación de Los Bunkers esta noche fue una auténtica barredora, que agitó la bandera de las guitarras eléctricas como ninguna otra hasta el momento, para escribir otra página de triunfo en la edición 2012.


Pero ésa al final no es más que la puerta de entrada a lo que los penquistas presentaron en su segunda ocasión en Viña del Mar. Luciendo los pergaminos y la solidez que han ganado de 2007 a la fecha, el quinteto ofreció una presentación cargada no sólo a la potencia, sino también a la generación de una marea colectiva de emociones.


De la mano del tono alcanzado en Música Libre, Los Bunkers de hoy demostraron que las guitarras pueden también ser banderas de lucha, doblemente agitadas gracias al apoyo de un público comprometido globalmente con un grupo que levantó todas sus consignas .


Así quedó claro en temas de ese disco tributo a Silvio Rodríguez, como "Santiago de Chile" y "El necio", que en platea y galería fueron seguidos con saltos colectivos y brazos en alto, cual hinchada.


Pero hacia el final, con "Canción para mañana", el empuje se haría explícito, primero con la dedicatoria a los estudiantes de Chile, y luego con el despliegue en pantalla de diversas consignas en favor de la justicia social, la educación igualitaria y el respeto al pueblo mapuche, entre otros tópicos. "Mientras usted ve televisión, ¿sabe que leyes está aprobando el Congreso?", fue la primera de ellas.


El efecto y la aprobación son arrolladores, pero la euforia no disminuye cuando esa carga está algo más ausente. Piezas más antiguas como "Miéntele" y "Las cosas que cambié y dejé por ti", representantes del sonido sesentero que caracterizó al grupo hasta la década pasada, también avanzan en esta escala, aunque ahora para despertar el ánimo de fiesta.


La tarea se completa con el fuerte arraigo que el grupo ya tiene con sus éxitos —porque básicamente de eso se constituyó el show—, además de una marcada entrega que encontró su mejor muestra en la corrida de Álvaro López por toda la platea, para hacer debutar el escenario secundario.


Semejante despliegue no puede sino generar un fervor y una comunión de los que nadie puede hablar en esta edición del Festival, y que en este escenario cuentan con una traducción clara: Antorchas y gaviotas de plata y oro.


Y en el saldo de Los Bunkers, no vale la pena seguir ahondando en cuál es el momento en que el grupo se encuentra. De un tiempo a la fecha, siempre es el mejor, y hoy sólo lo volvieron a evidenciar.

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