Una historia contada en el escenario

Son expertos en la sonoridad de las orquestas bailables de mediados del siglo pasado, pero acaban de poner a bailar a las masas en la fonda de Chico Trujillo en las fechas dieciocheras recién pasada. En un escenario copado por la cumbia, Rumberos del 900 vienen a ampliar los sabores con mambo, merengue, cha cha chá, guaracha y rumba.

27 de Septiembre de 2012 | 21:32 |

Rumba en vivo: Rumberos del 900 tocan este viernes 28 de septiembre a las 21.00 horas en Bella Época, de calle Rosas 3198 en la capital.

Foto: sitio oficial de Rumberos del 900.

Hace menos de dos semanas estuvieron prendiendo la pista de baile de la fonda de Chico Trujillo, durante la extra larga temporada dieciochera recién pasada, y la energía de los Rumberos del 900 sigue alta. En las próximas horas el grupo se dispone a estrenar un nuevo escenario del circuito capitalino con una actuación en el restaurant Bella Época (ver recuadro al final de la nota), a tono con el repertorio que es la especialidad de este elenco chileno: el estilo de las orquestas de música bailable que marcaron el gusto popular a mediados del siglo veinte, con ritmos como mambo, rumba, guaracha, baión, cha cha chá o cumbia. Y también bolero.


-En un concierto que dimos hace poco en Sala Master tocamos un bolero antiguo del repertorio cubano, "Dos gardenias" -recuerda el trombonista Jaime Fredes, el director del conjunto-. Y yo miraba a un señor que llegaba casi a llorar cuando hicimos el bolero. Me emociono porque lo que más disfruto en los conciertos es la reacción del público, cómo se mueven sus emociones cuando escuchan los temas, que más de alguno ha calado en sus vidas profundo. Uno revive y mueve fibras con esto. Estamos consiguiendo lo que queremos: llegar a la gente, contar estas historias y a los que fueron partícipes de esta época, que recuerden. Es un dicho: recordar es vivir.


Actores vivos de esa época


Iniciados en 1992 por un elenco de hombres capacitados de primera fuente como integrantes de orquestas populares chilenas de la década del '50 en adelante, Rumberos del 900 son hoy los especialistas de ese repertorio. "Es la única orquesta que mantiene vivo el formato y la sonoridad de esas orquestas", dice Fredes. "Porque la integran músicos de esa época, por lo tanto el sonido es natural, los actores vivos de esa época están en esta orquesta. Pero también se debe al trabajo constante de que suene bien, que la fila de saxos, que la sonoridad de las trompetas sea como la de esos años. Es también un trabajo de disciplina, de dedicación".


En la alineación rumbera al frente trabajan Juan Saravia y Ximena Duque (voces) y Simón Jeame (voz y güiro). En una segunda línea suena la base armónica de Leonardo Romo (teclado), Carlos Montes (guitarra) y Fernando Isla (bajo). En los vientos están Ricardo Barrios, Manuel Muñoz, Alejandro Álamos y Carlos Rieño (trompetas); Enrique Quique Villouta (saxo tenor); Leonardo Guzmán y Cristian Serrano (saxos altos). Y en la percusión, Iván Díaz (bongó), Marcela Cardemil (congas y coros) y Adelqui Silva (batería). También han trabajado con cantantes como Amparito Jiménez, radicada en La Serena, y con integrantes ocasionales como Óscar Moya, veterano de Los Peniques, y los trombonistas Parquímetro Briceño y Marcos Castillo, si hay que hacer crecer al elenco.

Y si es por currículum, hace falta un párrafo nuevo. Carlos Montes tocó guitarra en Rumba 8. Quique Villouta proviene de Banana 5. Leonardo Romo y Alejandro Álamos tocaron teclados y trompeta respectivamente con Pachuco y la Cubanacán. Manuel Muñoz fue trompetista en la orquesta de Horacio Saavedra y con el mismísimo Pérez Prado en Perú, según destaca Fredes. Y la experiencia mayor queda a cargo de Adelqui Silva e Iván Díaz, sendos integrantes originales de la Cubanacán y Los Caribes en los '50, y Ricardo Barrios, que ha tocado en la Huambaly, la Cubanacán, Los Bronces Monterrey y, hoy, en The Ramblers.


-La orquesta no es solamente una cosa comercial, que obviamente lo es porque necesitamos vivir de esto, pero también es una historia contada en el escenario -resume Fredes, que dirige a todo este contingente instalado en medio de los músicos al centro del escenario-. Rumberos del 900 es una época que traemos desde el pasado al presente, con algunos actores vivos de esa época y otros que somos un poco más jóvenes. Siempre la ofrezco como un aporte a la cultura, como algo que tiene que verse desde ese prisma cultural.


-Se nota en la elección del repertorio. En un concierto en la Sala Master, por ejemplo, tocaron un bolero de la orquesta Huambaly, pero en lugar de elegir el más conocido, "Quémame los ojos", tocaron otro.
-Claro. Yo me inspiré para esa decisión en una entrevista que leí de Tommy Rey, un grande de la cumbia en Chile que ha tenido una historia hermosísima en lo laboral. Él decía que a veces se aburre de tocar siempre lo mismo, que el público pide eso pero que también de repente sacan temitas nuevos. Nosotros también, siempre, desde que yo estoy, hemos tocado el tema "Quémame los ojos", pero esa vez decidí romper ese esquema y mostrar otro bolero: "Estréchame en tu corazón". Hay otros boleros más, muy lindos, de la orquesta Huambaly, que hay que mostrar.


-Una concesión en estos tiempo sería tocar sólo cumbia, pero la orquesta tiene la intención de tocar cha cha chá, mambo, rumba, guaracha, que son ritmos anteriores, y a lo mejor no tan populares, ¿no?
-Bueno, abrimos ese concierto en Sala Master con tres temas de la Sonora Matancera, de la cantante más popular de la Sonora Matancera que fue Celia Cruz, que duró quince años con ellos. Empecé con un cha cha chá, el "Yerbero moderno"; pasé al son "Guantanamera" y terminamos con un merenguito antiguo, "El hombre es marinero". Y gustó mucho, la gente lo bailó.


-¿Y la gente baila estos ritmos con los pasos correctos?
-Mira, la gente a veces baila no en el estilo, pero el baile para mí no tiene un esquema tan rígido. Nunca olvido la experiencia que tuve en el Hotel Sheraton, donde toqué cinco años con la orquesta Rumba Ocho. En los Años Nuevos tocábamos un bolero y los gringos bailaban y hacían contorsiones en la pista. Tocábamos un cha cha chá: hacían lo mismo. Tocábamos una salsa o una cumbia: lo mismo. Entonces el concepto de baile de los gringos es diversión, y yo encontré una personalidad muy clara en eso. Moverse es una expresión corporal. Los cabros en nuestros conciertos todos bailan. El cha cha chá, la guaracha, la cumbia.


-¿Hace falta un público culto para esta música? ¿Ustedes notan esa cultura en el público?
-Nosotros sentimos el reconocimiento en la gente, en sus aplausos, sus expresiones de cariño, en cómo se acercan a conversar con nosotros, en cómo bailan… la forma de bailar no es la misma que cuando están en un local nocturno. Yo quedé muy impresionado en San Joaquín, tocamos unos rock and roll de Bill Haley y Elvis Presley, hicimos algo de Paul Anka, un medley, y una señora estaba tan eufórica que se cayó, pero de eufórica de querer bailar el rock and roll. Entonces salió a bailar pero desenfrenada.


Que la gente salga pero cansada de bailar


Ya a fines de los '70, con dieciocho años, Fredes estaba tocando por su parte en orquestas y conjuntos como los citados Rumba 8.


-Y ahí conocí a muchos músicos de los años '50, me relacioné con ellos, grabé y toqué con muchos en orquestas tropicales. Ellos venían ya con el bagaje y de haber participado de esa época gloriosa de los '50, que fue una bohemia cultural, de mucha gente transitando en las noches. De ahí vengo yo conectado con la sonoridad. Con el pasar del tiempo, en los años '80 se incorporó la tecnología a la música y desde entonces las orquestas tocan todo con secuencia, o pregrabado. Por lo tanto lo que la gente escucha es prácticamente un disco, no es a músicos tocando en vivo.


El espíritu de los Rumberos es otro, contrasta el director. "Desde que empecé a trabajar con Rumberos del 900 estudié a Pérez Prado en su sonoridad y su forma porque él para mí fue el causante del surgimiento de la orquesta en Chile, con su venida acá en el año '52. Empecé a escuchar a la Orquesta Huambaly, Los Peniques, la Ritmo y Juventud, la Sonora Santiagueña, también la Cubanacán, pero la antigua, la tradicional. Estamos hablando de orquestas que están en los sesenta años promedio de existencia: Giolito y su Combo, la Sonora Palacios, la Cubanacán, todas tienen su historia también que contarse. Y las que ya desaparecieron dejaron huellas indelebles, el logro de la sonoridad: cómo sonaban, cómo había músicos tan capaces en esa época. Hay que considerar que esos músicos no tuvieron ninguna facilidad en su vida para ser músicos".


-¿Porque no había escuelas?
-No había escuelas, ni talleres de formación, ni información, no existían los métodos de música. También sé la historia de músicos que con los implementos más rudimentarios armaron sus instrumentos. Esta es una historia linda, profunda, que tiene mucha aristas. No es solamente decir que fueron músicos: cómo llegaron a serlo si no había nada. Entonces es apasionante.


-¿En estas orquestas chilenas había una forma distinta de tocar los ritmos caribeños?
-Sí, hay una impronta, que se nota en que los ritmos no son los mismos. Escuchando las versiones originales de los temas, algunos cambiaron.


-¿Se simplificaban?
-Se simplificaban y acomodaban más a lo chilensis, al bailador chileno. No sé si estaré equivocado, pero mi impresión es que la gente se quedó con la cumbia de la Sonora Palacios, más fácil de bailar, de menos cadencia y no tan folclórica como la música colombiana. La sonoridad cambió también, por qué: porque la cumbia colombiana normalmente usaba saxos, trompetas, eran orquestas habitualmente grandes, quince personas como promedio, tres saxos mínimo, tres trompetas. En la cumbia chilena las sonoras ocuparon tres trompetas no más. Quizás se debió a que las orquestas no se hicieron tan grandes para que fueran viables y rentables.


-¿De hecho ésa es la diferencia entre una sonora y una orquesta?
-Sí, porque una sonora se da por el concepto de que tiene trompetas. La orquesta tiene una gama de instrumentos más variados: tiene saxos, trombón. Eso es una orquesta.


-¿Entonces ese mambo, ese cha cha chá, esa guaracha, estaban adaptados al baile y a la sonoridad chilenas?
-Claro, ahí hay algunas cosas en las que tratamos de asemejarnos: el mambo, el cha cha chá suenan bastante parecido. El cha cha chá yo lo hago un poquito más rápido que el tradicional, pero más que nada por una cosa de concepto bailable, porque en los conciertos se me produce un problema: quiero que la gente escuche, pero que también baile. Si toco puras guarachas lentas o boleros, la gente puede bailar, pero no va a salir cansada del concierto. Entonces qué hago yo habitualmente: muestro un poco de la cultura que estamos haciendo, pero después despliego como unos treinta minutos de bailable, cosa de que la gente exprese toda su capacidad de baile, y de que se vayan satisfechos.


-¿En realidad son tres cosas: que la gente escuche, que cante y que baile?
-Claro, y eso lo hemos conseguido. Estamos en función de eso, que la gente salga pero cansada de bailar, de cantar, de escuchar. Que deje la vergüenza... cuesta tanto hacer bailar a la gente, sobre todo en los primeros temas. En Chile tú sabes que somos súper trancados en ese sentido. No salimos a bailar si no sale el otro primero.


-Tiene que haber un valiente.
-Tiene que salir alguien. Ésa es una lucha constante.


El integrante más joven del grupo, Simón Jeame en voz y güiro, es clave en ese propósito, destaca Fredes. "Él hace todo ese repertorio de cumbia que gusta mucho ahora. Y yo trato de que la orquesta participe también en ese repertorio, por ejemplo el de Chico Trujillo, que usa una trompeta, un saxo y un trombón. Y yo hago los temas de él, pero con toda la orquesta".


-¿Qué importancia tiene la cumbia en el repertorio entonces?
-La cumbia volvió a instalarse en Chile. No la cumbia que tocábamos nosotros en los años '70, '80. La cumbia de ahora, la nueva cumbia que le llaman, es un poquito más desordenada. Son todas respetables, pero nosotros tenemos una cumbia más estructurada, un poquito más atendida, más dedicada, más estudiada y con más instrumentos. Es una cumbia tocada con tres saxos, tres trompetas, un trombón y toda la orquesta. Para que la gente no diga que tocamos puras cosas de viejo. Porque a veces nos tratan de encasillar y no es así. En los últimos dos años tocamos en la fonda de Chico Trujillo, para cinco mil cabros, todos lolitos. Sin embargo no claudicamos en lo que hacemos y mostramos los cha cha chá, los mambos. Y después yo presentaba a los músicos antiguos, y fue emocionante como los cabros los vitoreaban. "Maestro, maestro; ídolo, ídolo".

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