Academia de Cine Europeo celebrará los 50 años de trayectoria de Bertolucci

"¿De verdad han pasado ya cincuenta años? No lo había pensado. Para mí el tiempo no es algo cronológico. Solo lo siento en mi espalda", dice el prestigioso director italiano sobre su carrera.

09 de Octubre de 2012 | 08:55 | EFE

El director estrenó este año su nueva película, ''Io e Te''.

EFE

SANTIAGO.- La Academia de Cine Europeo anunció hoy que el próximo  de diciembre concederá a Bernardo Bertolucci   el premio honorífico de Malta, por sus 50 años de carrera cinematográfica.

El prestigioso cineasta- que fue poeta durante los sesenta, transgresor durante los setenta y grandilocuente durante los ochenta y los noventa-volvió en los últimos años a su mirada pícara e independient. No obstante, cree que el mundo no está a la altura de su inquietud septuagenaria.

"La transgresión no se puede conseguir ya. Ya no hay tabúes. Las reacciones de los 60 y los 70 ya no están... había una fuerte voluntad por el cambio, pero la gente ya no puede soñar con cambiar el mundo", asegura quien, no obstante, dedicó la Palma de Oro especial que le otorgó el Festival de Cannes este año a los indignados italianos.

Bertolucci estuvo en el pasado Festival de San Sebastián presentando su regreso al cine tras nueve años, "Io e te", y habló con los medios visiblemente fatigado, saltando del inglés al francés y del francés al italiano pero demostrando que es una mente ágil en un cuerpo inmóvil.

"¿De verdad han pasado ya cincuenta años? No lo había pensado. Para mí el tiempo no es algo cronológico. Solo lo siento en mi espalda", explica con un tono de humor que suena a mecanismo de supervivencia. Habla desde una silla de ruedas, con zapatillas rojas y mirada todavía curiosa. "Soy como un Rolling Stone", bromea.

Han pasado cuatro años desde que una desafortunada operación de hernia discal le privó de la movilidad de cintura para abajo, pero su cámara sigue igual de ágil en "Io e te", historia mínima rodada en Roma y con Tea Falco y Jacopo Olmo Antinori, en la que, como ya hiciera con Marlon Brando y María Schneider en uno de sus clásicos, "El último tango en París", deja que dos personajes germinen entre cuatro paredes.

"Mucha gente es claustrofóbica, pero yo después de esta película me he dado cuenta de que soy claustrofílico", dice. Y si en aquél filme de 1973 se centró en la madurez de Brando frente a la juventud de Schneider y en "Los soñadores", su anterior película, retrataba los ardores físicos y políticos que riegan la etapa universitaria, ahora rebaja todavía más la edad hasta la adolescencia.

"Me gusta rodar el cambio constante y la gente joven es especial para eso. Me seduce ese sentimiento, ese alguien que está en proceso", explica sobre su nueva obra.

"Están en esa época en la que tienen que liberarse de sí mismos. Frente a frente. No se aceptan y encuentran en ellos mismos una manera de reconocerse y amarse. El desenlace es casi como una escena erótica", afirma.

Y después de nueve años y las complicaciones de salud que le sumieron en una depresión, vuelve con ganas. "Me he escondido durante cuatro años y ahora vuelvo a salir. La vida está llena de etapas, de culturas, de países... tengo ilusión renovada", explica.

"Espero que mi punto de vista cambie cada vez que cambio la cámara. No sé si perdí confianza. Lo que sé es que perdí mi cuerpo durante cuatro años", dice, e incluso intentó rodar su filme en 3D para demostrar que lo íntimo también puede ser tridimensional, aunque claudicó al ver que era "demasiado laborioso, demasiado caro y muy poco ágil".

Ganador de nueve Oscars con "The Last Emperor", hace ya mucho que no se enrola en una superproducción como aquella, como "The Sheltering Sky" o "Little Buddha".

"Nunca me divorcié de Hollywood, porque tampoco me había casado con él. Todos esos Oscars (suspira) me dijeron que les había enseñado a hacer la épica como ellos solían hacerlo. Pero mientras para mucha gente esos premios son como una experiencia religiosa, como lo mejor que te puede pasar, yo por dentro no podía parar de reír", dice.

Ahora que los premios más importantes de su continente, Europa, le reconocen, solo dice con modestia: "No sé si tengo sentimiento de 'cine europeo', pero tengo que decir que Ingmar Bergman me parecía uno de los hombres más atractivos que jamás he conocido", asegura.

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