"Yo siempre vuelvo a casa"

El cantante chileno radicado en México pasó por Santiago para dar una muestra de su flamante segundo disco, Transformación, ya afianzado en su carrera como solista tras su historia con La Ley. "Fue un gesto de honestidad y de riesgo también, pero eso es la vida", dice. "Si esto fuese una película no sería una película del domingo, familiar. Sería una película con contraste, con drama".

13 de Octubre de 2012 | 06:56 |

No son más de tres cuadras de distancia. Dos y media para ser preciso. Hay veintitrés años de diferencia, pero apenas dos cuadras y media entre el lugar elegido por Beto Cuevas para hacer la presentación de su segundo disco personal, el pasado martes 2 de octubre en el Club Chocolate de Bellavista, y el lugar donde subió por primera vez a un escenario como parte de un grupo llamado La Ley, algún día de 1989 en la Casa de la Constitución, sobre la calle Constitución de este mismo barrio.

Entonces andaba entre los veintiuno y los veintidós años, y el grupo debutaba esa noche como quinteto junto a Andrés Bobe, Coti Aboitiz, Luciano Rojas y Mauricio Clavería, todos veinteañeros. Hoy Beto Cuevas acaba de cumplir cuarenta y cinco el mes pasado, su hijo Diego Cuevas, de diecinueve, está tocando en su banda, y el cantante, radicado en México tras su exitosa carrera de diecisiete años con La Ley, está por unas horas de vuelta en Chile para presentar su nuevo disco.

"Es muy simbólico partir un período musical nuevo en mi raíz, y particularmente en un lugar que anteriormente era el Café del Cerro, donde ensayábamos y empezamos", dirá el cantante en parte de esta conversación, a propósito de ese recordado escenario santiaguino de los años '80, emplazado en el mismo sitio donde ahora vino a presentar, en un show para invitados, su nuevo trabajo. Es Transformación (2012), su segundo título como solista después de Miedo escénico (2010): un disco grabado en Los Angeles, California, que ya ha sido difundido por el single inicial "Quiero creer" y por el más reciente "Goodbye", a dúo con Leire, la cantante de la banda pop española La Oreja de Van Gogh.

Lindo momento casi ilegal

No han faltado ocasiones fortuitas para hacer memoria, en todo caso. Como la actuación que Beto Cuevas compartió el 30 de septiembre último con la banda pop mexicana Fobia, liderada por el cantante Leonardo de Lozanne, y donde toca en la actualidad Mauricio Clavería, ex baterista de La Ley.

-Fue un reencuentro muy emotivo, histórico hasta cierto punto. Subir al escenario fue muy bueno, porque normalmente está Leo, el cantante, y luego aparece el invitado para cantar el dueto. Pero esto era al inicio del show: me invitaron a cantar la primera canción de Fobia y lo que hice fue entrar al escenario con las luces atrás, y la gente empezó gritar porque pensaban que era Leo, pero cuando me escucharon cantar y me vieron fue (imita una ovación) una sorpresa. Además había muchos fans de La Ley que me parece que habían escuchado la posibilidad de que íbamos a tocar juntos, entonces en ese momento era una sensación de que estaban viendo a dos tercios de La Ley en el escenario.

-¿Y para ti cómo estuvo?
-Realmente se produjo una energía que no había sentido desde hace tiempo. Fue buenísimo, emotivo, benéfico, para mis células, para todo. Y lo que recuerdo, aparte de lo bueno de cantar esa canción con Leo, es que se ma había olvidado lo bueno que es Mauricio tocando batería. Qué baterista de puta madre es Mauricio Clavería, honestamente. Hay muchos buenos bateristas, el baterista que toca conmigo, Fernando Jaramillo, es excelente, pero Mauricio tiene un touch, una cosa tan certera, tan soberbia de repente, tan precisa. Porque uno se acostumbra: fueron dieciséis años con La Ley, entonces uno agarra la costumbre y se olvida de esas cosas que por estar siempre con ellos no aprecia. Me pegó muy fuerte y me sentí muy bien tocando con Clavería. Después (la canción) terminó, saludé a toda la banda, Mauricio se bajó, nos abrazamos y fue un lindo momento, y casi ilegal, porque duró solamente una canción. Apenas traspiré, y yo soy transpirón.

-¿Quedaste con ganas, estimulado?
-Extremadamente estimulado. Fue tanto el estímulo que mi noche terminó como a las seis de la mañana en un karaoke, con amigos, cantando canciones de Camilo Sesto y de La Ley (se ríe).

-¿Lo que nos habla del inminente retorno de La Ley? Las ganas están.
-Sí, de hecho ya estamos en conversaciones para juntarnos en el 2067.

-Pero como déjà vu fue bueno.
-Sí, fue una súper buena y linda sensación, y que reafirma también nuestra hermandad y nuestra buena onda. Realmente nos queremos mucho y fue honesta nuestra separación. No fue porque ya no nos aguantáramos más o no nos pudiéramos ver, sino porque ya no teníamos el mismo entusiasmo de los primeros años, y cuando eso pasa es ahí donde uno transa con el sistema y se pone la corbata y se transforma en un burócrata de la música, y "voy a seguir haciendo algo que ya no me motiva, con lo que ya no tengo ninguna erección cuando canto y hago música, pero lo voy a hacer por el vil dinero". En ese momento fuimos honestos y dijimos "vamos a tomarnos un receso", para no decir que vamos a divorciarnos, porque no había ninguna razón para el divorcio, pero sí un receso para emprender nuevos caminos. Y el día de mañana veremos si lo sentimos, que es como debe ser, yo creo. No solamente estar tentado por una oferta económica, que por cierto ya hemos tenido varias. Nos han querido juntar en todo, hasta en Lollapalooza, y no, eso no lo va a decir ni un festival ni un empresario, lo vamos a decidir nosotros cuando nosotros queramos.

Televisión versus arte: cambio de mente

Son días ajetreados también para Beto Cuevas porque, aparte de las tareas de promoción de su nuevo disco, suma su trabajo como coach o instructor junto a figuras como Miguel Bosé y Paulina Rubio en el programa concurso de talento "La voz... México", emitido por la poderosa red Televisa de ese país.

-"La voz" es un típico producto musical posterior a la época en la que tú partiste, donde una carrera se iniciaba en un sello disquero y en escenario, más que en la televisión. ¿Qué tan cómodo te sientes ahora en un esquema como ése?
-Hay un cambio, estamos viviendo otra época y de hecho reconozco que en un principio, cuando partieron estos formatos de (programas de) cantantes, yo era uno de los primeros que criticaban y desacreditaba cualquier cosa, porque sentía que, sobre todo en el rubro donde nací y donde nacimos como músicos, era muy importante el underground, o sea el tocar en lugares pequeños, en bares, y de esa manera armarte tu camino. Yo desacreditaba todo lo que era televisión versus arte, versus canto. Sin embargo, a lo largo de esta última década y media, casi dos décadas, hemos visto que de esos programas de talento han salido cantantes que han tenido carreras. No sé si han salido muchos rockeros o bandas de rock, pero dejando de lado el estilo sí ha habido cantantes con carreras importantes, y eso da validez al formato. No necesariamente el que gana va a tener una carrera. Muchas veces es el que pierde el que lo logra, porque ganar no tiene nada que ver con tener éxito en una carrera musical, sino que lo que haces le guste a la gente, que tengas empatía con la gente, que haya algo que te haga único. Simplemente vivimos en otro tiempo, son otros formatos; yo participo en esto porque me parece que puedo devolver la mano a la vida tratando de guiar a personas, aunque no sean de mi estilo todos, a través de mi experiencia, para que emprendan su camino adquiriendo ese conocimiento. A partir de ahí ya depende de ellos.

-¿Cómo ha estado compartir el trabajo con Miguel Bosé?
-A Miguel lo conozco desde el año '93. De hecho lo conocimos en Viña en un carrete con Andrés (Bobe), Luciano (Rojas) y Mauricio (Clavería), y desde entonces nos hemos topado muchas veces. Él ha sido muy buena onda: fue el primero que respondió al e-mail que mandé cuando lo invité a participar en Voces Unidas, el cover de "Gracias a la vida", de Violeta Parra, para ayudar a las víctimas del terremoto (2010). La pasamos muy bien, nos conocemos todos desde hace bastante tiempo y hay una especie de camaradería cuando estamos haciendo televisión.

Pasajero en tránsito

Después de canciones como "Vuelvo" y "Háblame", de Miedo escénico, en su nuevo álbum Beto Cuevas cuenta con colaboraciones del rapero Flo Rida en "Quiero creer", de la mencionada Leire en "Goodbye", de la cantante argentina Déborah de Corral en "Aterricé" y hasta de la actriz Sharon Stone en la composición de "Eterno", sumadas a la participación de su hijo, Diego Cuevas, en "Come and get me". Y en esas letras abundan versos como "Vamos a sentir de nuevo el mundo renacer", "La música me ayuda a atravesar" o "Porque mi vida aún transita en vía de una transformación".

-Habías dicho que tu disco anterior era de transición, ¿pero en éste pareces estar más en tránsito?
-Porque mi vida aún transita en vía de una transformación. Lo he tratado de explicar, pero pareciera que normalmente una carrera cuando se afianza se queda en una planicie, y la verdad es que nosotros, me parece, cuando empezamos en La Ley fue haciendo un disco llamado Doble opuesto, y quizás el segundo disco, llamado La Ley, se parecía un poquito porque todavía teníamos esa inocencia de los primeros años, pero después tuvimos un disco de transición, que fue Cara de dios, que era una especie de EP; después hicimos Invisible, donde realmente entraba un sonido de guitarras diferente al que hacía Andrés, un poco más grueso, y eso ya fue una transformación, una transición hacia algo diferente. Y después de Invisible hicimos una transformación en un disco llamado Vértigo, donde de repente sonábamos incluso medio industriales. Y después de eso hicimos un disco llamado Uno, que era un poquito más etéreo. Y después hicimos un disco llamado La Ley MTV unplugged completamente diferente, y después otro disco llamado Libertad, que era más rockero y con un trasfondo social mucho más marcado.

-Buena la retrospectiva disco por disco, ¿pero fue un lapsus empezar con Doble opuesto? No mencionaste el primer disco, Desiertos, de 1989. Justo coincide con esa pérdida del underground de la que hablabas.
-Hablé de la discografía oficial, pero tienes toda la razón. Empecé con el segundo porque fue la primera formación de La Ley consolidada, porque partimos con Coti (Aboitiz) en Desiertos y después él se fue, entonces ahí nos convertimos en el cuarteto matador que realmente generó la base de La Ley, que nos permitió solidificarnos en Chile y eventualmente darnos el impulso para seguir transformándonos. Pero no quiero desestimar ese disco, que sí fue parte de toda esta transformación. La Ley es un grupo que siempre fue cambiando, hasta el último minuto. Lo que pasa es que estaba cambiando hacia una carrera en solitario, y me parece que no era justo ni honesto que esa carrera en solitario se hubiese seguido llamando La Ley. Fue un momento de honestidad y de riesgo también, dejar una marca sólida a nivel internacional y partir con un "BC" (por Beto Cuevas), aunque era parte importante del grupo. Pero es bueno: eso es la vida. Si esto fuese una película no sería una película del domingo, familiar. Sería una película con contraste, con drama. Y me parece que cuando tengas que llegar a donde llegamos a rendir cuentas, una vida como ésta me siento orgulloso de haberla vivido. No fue una vida fácil, pero fue definitivamente una buena película.

No quiero ser razonable

"La tónica que a mí me gusta particularmente como artista es estar constantemente en movimiento, que sea una carrera dinámica y no una donde llegas a pegarle con el palo al gato a una fórmula y te quedas pegado ahí", continúa el cantante. "Eso puede funcionar muy bien en términos comerciales, pero la música pop es tan volátil y al mismo tiempo te da tantas armas, herramientas y posibilidades de reinventarte, que sería una pérdida de creatividad perpeturse en un sonido, en un estilo, y quedarse pegado ahí".

"Entonces me encanta que Miedo escénico haya tenido un color, un sentido, un sentimiento mucho más melancólico y hasta un cierto punto oscuro y pesimista, y que ahora (en Transformación) aparezca un disco luminoso, un poquito más electro, con letras más auspiciosas. No sé lo que vaya a pasar el día de mañana; lo que sí sé es que voy a trabajar duramente para hacer algo novedoso. No pretendo reinventar la rueda y no quiero hacer un disco que no se haya hecho, porque es un poco difícil después de los Beatles, pero por lo menos algo diferente a lo que he hecho antes. Eso es lo que me mantiene vivo como artista. Si no, me pasaría exactamente lo mismo que nos comenzó a pasar con La Ley, que ya no teníamos mucho entusiasmo cuando subíamos a un escenario y era como 'Ok, hagámoslo porque nos están pagando' ", agrega.

-"De tanto aplauso me cansé / de la rutina me libré", dices en otra parte del disco. ¿De ahí viene ese verso? Está en la canción "Aterricé".
-Sí, esa canción habla de un músico en constante movimiento y tomó un camino diferente, pero de eso también se aburrió, y siempre hay una vuelta a casa, a la raíz. Yo siempre vuelvo a casa. Estoy ahora acá haciendo mi lanzamiento en Chile, y no me importa lo que digan los que hablan: me importa estar acá en mi país, y es muy simbólico el partir un período musical nuevo en mi raíz, y particularmente en un lugar que anterioramente era el Café del Cerro, donde ensayábamos y empezamos. Sólo que en esta oportunidad estoy en el escenario en un proyecto diferente a La Ley, y en los teclados tengo a mi hijo (Diego Cuevas), tocando. Entonces guau, todavía no lo puedo creer, me encanta, trabajo con él, soy exigente y todo eso, pero de repente estoy cantando y me doy vuelta y lo veo, y veo al niñito que tuve en mis manos en 1992, el 31 de diciembre, y ahí está, tocando, y yo sigo acá, saltando, sudando y haciendo lo que en otras épocas quizás una persona de mi edad no podría hacer. Aunque los Rolling Stones demostraron que sí se puede, y yo por lo menos voy para allá, quiero ser viejo, y aunque digan viejo ridículo, quiero ser viejo ridículo. No quiero ser razonable.

-¿Tu hijo ya es parte definitiva de tu banda?
-En un mundo dinámico como el que vivo nada es estable. Por mí sí, que siga conmigo toda la vida, porque es una persona en desarrollo, un chico que absorbe de todo y está constantemente creando, su vida es crear, componer, hacer cosas. Pero también soy realista, y me imagino que en algún momento va a querer dedicar tiempo a sus proyectos.

Una cosa medio Era de Acuario

-Has hablado de la relación entre la canción "Amor y actitud" y el movimiento estudiantil chileno. ¿Cómo se dio esa relación?
-Cuando comenzó a agarrar mucha intensidad este movimiento, lo venía siguiendo de cerca de través de las noticias, pero más a través de las redes sociales. Porque los noticieros pasan por un filtro editorial que a veces es simplemente la conveniencia de quien sea dueño de ese medio de comunicación, entonces no sé si sea tan objetivo. En cambo en las redes sociales, cuando la gente común y corriente se transforma en los reporteros, es una visión importante. Eso me inspiró: el hecho de que fuera un movimiento civil, no politizado, y unificado en los estudiantes, y además con el propósito de hacer un movimiento pacífico, que para mí siempre ha sido un ejemplo. Sentí que en esa canción había una sensación de marcha, de protesta, de unión, de que juntos podemos lograr, ¿entiendes? Y había una cosa medio Era de Acuario, Era Hippie, que me entusiasmaba y que por momentos me hizo joven de vuelta. Entonces escribí "Amor y actitud" justamente basado en el hecho de que podemos liderar una revolución pacífica, sin necesidad de levantar las armas, que puede ser mucho más trascendental que romper todo; aunque haya habido un poco de eso en estas manifestaciones tengo la sensación de que no es necesariamente el concepto del movimiento. Escribí esa canción e introduje por primera vez en mi vida una sección de brass (bronces). Cosa que nunca, ni siquiera en la época de La Ley, habíamos hecho. Como también tener a mucha gente que iba al estudio a visitarme, amigos, músicos, y a todos los hacíamos pasar por el micrófono a grabar "¡hey!". Entonces tenemos como sesenta "¡heys!", los multiplicamos y agarramos un sonido de multitud que con los brass parece casi una parada, una marcha.

-Por ahora diste un concierto privado en Santiago. ¿La experiencia no va a estar completa sin que hagas un concierto para todo público?
-Claro, estamos viendo eso. Recién está saliendo el disco, y por mientras que eso suceda en Chile estaré tocando en México, haciengo una gira grande por allá: voy a llegar super rodado, con mucho millaje, para dar lo mejor aquí en Chile cuando llegue el momento, seguramente marzo o abril, y ojalá no solamente un show en Santiago y en Viña, sino ir al sur y al norte, y girar por Argentina y por todos lados. Quiero tocar mucho, me parece que ése va a ser el éxito de este disco, llevarlo en vivo y mientras más toquemos mejor va a ser. Y no sé si sea un poco anticipado hablar de esto, pero creo que voy a componer un disco durante la gira de Transformación. Quiero trabajar en algo nuevo, no quiero esperar dos o tres años más después de que termine esta gira para volver a aparecer. Aparte me estoy llevando a Diego, que interpreta cualquier cosa en remix, entonces creo que vamos a llevar la composición conjunta a un punto muy interesante, con sesiones que podamos hacer con gente en diferentes ciudades, escribir con otras personas, estoy en un momento en que quiero compartir porque quiero aprender también de la gente. Sigo con una acttud de aprendiz y espero mantenerla un tiempo más.

-Recién hablabas de "música que no provoca erecciones", a propósito de tocar sólo por la plata. ¿Ahora en cambio estás en un estado de exitación?
-Completamente. Parezco un adolescente en plena pubertad.

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