La nueva edad de Gonzalo Yáñez

A punto de cumplir 30 años, y con más de una década de trayectoria, el uruguayo se alista a ofrecer su primer gran concierto este jueves en Matucana 100, para presentar su nuevo álbum. Un trabajo en el que mira de frente las ataduras y prejuicios que lo han acompañado, y sobre el que es categórico: "Nunca había estado tan seguro de algo que hice", asegura.

30 de Abril de 2013 | 15:19 |

A punto de cumplir 30 años (el próximo 8 de mayo), el cantautor uruguayo Gonzalo Yáñez anota un currículo musical que muchos se querrían: Grabó su primer álbum siendo apenas un adolescente, bebió un sorbo del éxito al alero del grupo No Me Acuerdo, engrosó formalmente las filas de Los Prisioneros, y hoy es un músico cotizado y solicitado entre sus pares, con colaboraciones habituales para nombres como Pedropiedra, Gepe y Jorge González.

Sin embargo, hay algo que Yáñez hasta ahora —con cuatro discos a cuestas— aún no se había animado a hacer: Un gran concierto propio, a estas alturas una deuda con sus seguidores y consigo mismo, que saldará este jueves 2 de mayo, cuando se presente en el teatro principal de Matucana 100.

"Hace harto tiempo que tenía ganas de hacer algo que no fuera una tocata", cuenta el músico. Sin embargo, "la sensación que me daba es que, como mi carrera ha sido un poco dispersa, era difícil preparar un teatro sin estar cien por ciento concentrado en lo propio, porque la gente lo percibe así", cuenta.

Ahora, en cambio, su foco está mucho más concentrado en lo propio. No sólo porque acaba de lanzar el disco Careta, el cuarto de su carrera y que presentará oficialmente en ese show, sino porque además tomó una decisión radical: "Hace un par de años dije 'voy a dejar de componer para weás que no valen la pena, no voy a componer una nota más para nadie, voy a componer lo que realmente quiero para mí, estar identificado con lo que canto'. Busqué la forma de reencantarme y reencontrarme con el porqué de la música".

De ese modo, Yáñez se apartó de proyectos en la línea de No molestar! (Kel Calderón) y comenzó a trabajar en las canciones que terminarían integrando Careta, un disco que "me encanta, lo siento casi como el primero, nunca había estado tan seguro de algo que hice. Me encanta tocarlo, me identifica, las palabras no están puestas por nada, todas tienen que ver con algo, y así me siento más comprometido. Hacer un teatro tiene que ver con eso".

Salir a flote

De todos modos, no fue fácil dar con estas canciones en las que ahora el uruguayo se mueve como pez en el agua. No por nada los agradecimientos del disco incluyen "a todos los amigos que de una u otra manera me acompañaron todo este tiempo en el que intentaba reencantarme con la música, y encontrar un lugar desde donde poder volver a cantar mis canciones con toda la pila".

"No es que no estuviera con toda la pila —aclara ahora—, pero estaba con un nivel de inseguridad que no me permitía salir a darlo todo. En un momento quizá no estaba tan convencido, porque todo me pasó muy rápido. Necesitaba un tiempo de reflexión, creo que me lo merecía".

Parte de ello tiene que ver con el momento personal que atravesó. "Cuando quise reinventarme, también estaba con un quiebre de una relación muy larga, me escabullí de mi entorno familiar, estuve medio escondido. Me autosaboteé, hice mi vida lo más miserable posible para volver a motivarme", recuerda.

A eso, además, se suman los prejuicios que siempre lo han acompañado, y que Yáñez explica porque "arranqué muy chico con cosas demasiado pop para la época. Hoy eso es bien mirado, pero entonces era un sacrilegio, algo casi de mal gusto. Yo lo hacía súper convencido, pero la repercusión que tuvo era como de algo raro, no todos me tiraban la mejor de las ondas. Con eso viene una inseguridad, te pones una coraza, que traté de esconder haciendo otras cosas".

Pero de ello también está liberado, y Careta, en buena medida, fue parte de esa terapia. Prueba de esto es una canción como "Ser indio", en la que en medio de aires primaverales asegura que "si cantando me sigue yendo tan mal, pondré mi mejor y no me quejaré". Una ironía y un relajo que también asoma en la apertura con "Let's get it down", donde hace gárgaras con el que tal vez sea una de las mayores habladurías que ha debido enfrentar: "Soy el protegido de Alfonso Carbone", dice en esa pieza.

"El disco tiene una cosa visceral. Todo lo que suene exagerado, en el fondo es cierto. Mencionar a Carbone, tiene que ver con que estoy más seguro de mí mismo como para que no me importe; y está el sarcasmo, decirlo y que se interprete de distintas maneras", acota sobre la mención a uno de los más influyentes ejecutivos discográficos de nuestro medio, y que actualmente se desempeña como manager de Jorge González, entre otras labores.

"Han dicho hasta que soy hijo de él, y al mencionarlo me saco el karma de encima. Creo que el prejuicio de que hago lo que hago porque soy hijo de él, a estas alturas como que ya fue. He demostrado con trabajo que, aunque no te guste lo que hago, trato de hacer las cosas lo mejor posible, y lo estoy haciendo bien. Estoy menos pendiente de lo que pueda pensar la gente, y más pendiente de mis capacidades".

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