Matt Hunter mostró de qué está hecho el singular fenómeno que protagoniza en Chile

El amateurismo, la inmadurez y la improvisación marcaron el debut en vivo del adolescente neoyorquino, quien estiró su escuálido repertorio ante las diez mil menores que llegaron hasta Movistar Arena, en una noche con guión de kermesse.

25 de Septiembre de 2013 | 12:53 | Por Sebastián Cerda, Emol

Más que un cantante, Hunter es el vehículo de turno para movilizar las inquietudes y los deseos de pertenencia de sus fanáticas.

El Mercurio

SANTIAGO.- Ya los momentos previos a la presentación de Matt Hunter permiten anticipar con certeza de qué se va a tratar lo de esta noche en Movistar Arena: Cientos de cartulinas con declaraciones de amor al cantante se levantan en las tribunas, y los chillidos circulan ensordecedores ante el más mínimo de los estímulos. Puede ser un foco que se enciende, un técnico que sube a hacer algunos ajustes en el escenario, o un micrófono en prueba. Da igual. Todo sirve de excusa cuando se trata de ejercitar los agudos en las gargantas de las cerca de diez mil púberes que hoy llenan buena parte del recinto de Parque O'Higgins.

Finalmente, nada que no se haya visto antes con decenas de figuras que en su minuto han llegado al "target", en una postal que vuelve a dar cuenta de lo que un fenómeno como el que protagoniza el quinceañero desde noviembre, en rigor implica: Más que un cantante, Hunter es el vehículo de turno para movilizar las inquietudes y los deseos de pertenencia de sus fanáticas, por lo que su show termina siendo una experiencia en la que lo musical no es más que un complemento. De este modo, lo que ocurra sobre el escenario no puede ser otra cosa que algo completamente secundario, y en adelante así quedará siempre en claro.

Prueba de ello fue la extensa apertura (verdadero castigo para los padres presentes) a cargo de un DJ de gira, además del animador Karol Dance en las mismas labores, y una cantante llamada Sammi a la que el ex rostro de "Yingo" presentó como alguien que venía a deleitar "con sus covers", y que terminó ofreciendo una presentación para el olvido.

Puede esgrimirse la excusa de no ser graves, de que los niños son felices viendo a sus ídolos, pero el público infantil también merece ser tratado con respeto, algo que quienes decidieron improvisar permitiendo la presencia en escena de la amiga de Hunter (a quien incluso le sonaron pistas de una canción encima de otra) estuvieron lejos de considerar.

Hasta ahí, esto calificaba con suerte para kermesse, y la situación no varió mucho con el neoyorquino en escena. Así se demostró con las seis canciones que el hijo de madre colombiana interpretó en sus primeros 50 minutos, entre ellas un cover de Bruno Mars y otro de Romeo Santos ("Locked out of heaven" y "Promise"), además de "Mi talisman" y, por supuesto, "Mi señorita", repetida en el cierre. Algunas fueron interpretadas en vivo, otras dobladas, y todas con la orquesta de Carlos Figueroa como soporte, un grupo que sólo puede hacer su trabajo correctamente, pero que esta vez se vio fuera de lugar, y que también fue víctima de los acoples, desorden en las pistas, desafinaciones del protagonista y diversos accidentes que marcaron a la velada.

¿Y qué hizo Hunter el resto del tiempo, entonces? Rellenos por toneladas, única opción cuando se decide debutar en los grandes shows sin siquiera haber editado un disco. Así pasaron la colita, un grupo de bailarines haciendo hasta un "Harlem shake", conversaciones sobre el escenario con Karol Dance, invitaciones a que suban las fans, videos promocionales de dos conciertos suspendidos en regiones, y un pegoteo eterno y sin edición de imágenes del cantante cuando era niño, con locución en off in situ.

Hasta algunas fans cintillo en ristre desatendieron en esos momentos a una presentación en la que el rótulo de "concierto" resulta absolutamente ajeno, más allá de consideraciones que, ok, se pueden soslayar en virtud de la edad y de los objetivos de quien estaba arriba y quienes estaban abajo del escenario. Pero lo que no se puede pasar por alto son las decisiones tomadas por los distintos actores de la cadena que terminó en lo de hoy: Productores evidentemente apurados por aprovechar el momento, abaratar costos y maximizar las ganancias, además de un entorno que lanzó al adolescente Hunter a cumplir su sueño sin más, aunque la inmadurez y el amateurismo campeen.

Nadie pide que éste sea un artista hecho y derecho, claro está, pero sí que haya un poco de cuidado. La fórmula para ello no es otra que la de tantos otros popstars teens, tal como la factoría Disney —libreto que el cantante intenta sin éxito seguir— ha probado en reiteradas ocasiones: Inversión, asesoría, trabajo y ensayos (ni siquiera talento). Cuánto de esos elementos se consideren podría hacer la diferencia entre durar unos años más de lo previsto o pasar muy pronto al olvido, algo que, según lo que mostró hoy, es hasta ahora el único destino posible para el fenómeno Matt Hunter.

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