El equipaje chileno

Radicado en Berlín desde 2006, este músico antofagastino, ex integrante del grupo de música latinoamericana Santa Mentira a comienzos de la década pasada, pasó este año por Chile para dejar su reciente disco, Élitro. "En Alemania a medida que haces tus cosas en orden tu currículum va pesando", dice, pero lo que echa de menos es otra cosa: el contexto.

03 de Junio de 2013 | 06:27 |

Élitro es como se llama la estructura rígida que protege a modo de escudo las alas de ciertas órdenes de insectos como los coleópteros: escarabajos, chinitas, luciérnagas o ciervos volantes. Y es también desde el año pasado el nombre del nuevo disco de Rodrigo Santa María, músico chileno radicado en Alemania, quien este verano pasó de vuelta por Chile para presentar esas canciones en vivo con actuaciones en su natal Antofagasta, Santiago y Viña del Mar.


Santa María es uno de los integrantes del disuelto grupo de música latinoamericana Santa Mentira, activo entre 2001 y 2004, que dejó como único registro un disco de igual título grabado en 2003 y que no fue publicado de manera formal. Después de establecerse en Berlín en 2006, ha lanzado dos nuevos discos, Sobras completas (2010), grabado en una anterior visita a Chile, y el propio Élitro (2012), hecho en Alemania y firmado con el nombre completo de Rodrigo Santa María y el Paquete Chileno: un paquete que envuelve a Rodrigo Santa María (voz y guitarra), al músico danés-maltés Alan Mifsud Sommer (trompeta) y a los también chilenos Marco Chacón (contrabajo) y Luis Barrueto (batería y percusión).


El músico ha sido productor además en los discos Cenizas (2005), de la cantante chilena Bárbara Lira, y Sola contigo (2006), de la hondureña Eva Escot, luego conocida como Eva Cortés, aparte de participar como autor o instrumentista en los discos Primogénita (2003), de Amy Amorette, Atrapasueños (2012), de Ana María Meza, Océano (2007), de Verónica González, y Peces en el río (2008), de Claudia Maluenda, estas dos últimas en Alemania, país donde también ha formado dúos con la cantante Annika Silja Sesterhenn y con el músico chileno Alejandro Soto Lacoste.


Rodrigo Santa María inicia este diálogo con dos explicaciones compatibles para la elección del título de su disco, que es también el de una de las canciones, "Élitro". "Se refiere a lo que cubre mis alas, lo que protege mi libertad", escribe por e-mail. "Para mí ser libre tiene que ver con sentirse seguro de sí mismo y querido, y al rememorar en esta canción mi paisaje antofagastino recuerdo el cariño de mi familia y de mis amigos, y sé que eso es lo que me ha permitido seguir el camino y la vida que llevo. Esa pequeña y fina cosa que cubre las alas de estos insectos les da toda la fuerza y el poder de la libertad".


Y luego cita una de las canciones del cantor porteño Gitano Rodríguez, autor del memorable himno "Valparaíso". "Sería bonito contarte esta historia que me he inventado, pero la verdad es que en una canción de Osvaldo Gitano Rodríguez, que se llama 'El espejo de los dioses', en un momento dice la palabra 'Élitro', y me gusta mucho como suena", dice. En esa canción, "El espejo de los dioses", Gitano Rodríguez canta el relato paralelo de las vidas que, antes de conocerse, llevaron él y la compañera checa con quien vivió en el exilio durante la dictadura chilena.


"Huye, élitro, al viento espeso cuarteado por las sales", es el verso completo.


No tan estrictamente folclórico


En más de una forma vive Gitano Rodríguez en Élitro. Además de la inspiración para el título, en el disco está la "Defensa de Violeta Parra", otra de las canciones del autor porteño, sobre los versos de Nicanor Parra. "Es una canción del Gitano que he escuchado bastante y de repente me vino una epifanía y pude mezclarla con ese ritmo", dice Rodrigo Santa María, quien también grabó una versión de "Aya yay", del cantante y compositor chileno Hugo Moraga, y "Posadeña linda", del argentino Ramón Ayala.


Las demás son composiciones originales, algunas de ellas recientes como "Nado con tortugas", "Cumbia de la buena suerte", "Huayno trans" y "Sólo al andar", y otras más tempranas: "Malena" fue incluida antes en Sobras completas (2010); la propia "Élitro" fue estrenada en el disco de la mencionada canante hondureña Eva Cortés en 2006; y "La prófasis" ya fue grabada con Santa Mentira en 2003. "Se parece bastante", dice el autor al comparar la versión actual con la original, "pero la otra tiene una instrumentación más folclórica, otro sonido con el contrabajo y la percusión".


-¿Esa canción es un ritmo afroperuano, un landó?
-Es un landó, sí, y tiene un pedazo como de cueca.


-¿"Malena" es un ritmo brasileño?
-Sí, claro, es un samba.


-¿Y "Huayno trans" es un huayno?
-Es un huayno y una saya. El ritmo que hace la guitarra es de un huayno, pero hago mezclas entre los rasgueos del charango y la guitarra. No hago las cosas tan estrictamente folclóricas, está tocado a la mía nomás. No es un ritmo tan puro.


-¿No podría serlo tampoco, viniendo de un músico antofagastino como tú, o sea citadino?
-Claro, soy antofagastino. Y de corazón. Por ejemplo hice un joropo que sale en el disco de la Eva, e invitamos a Jorge Ball (músico venezolano y ex integrante de Inti-Illimani), muy simpático, a tocar las maracas y el cuatro. El joropo tiene muchos cambios de ritmo, y él dijo "no, coño, esto no es un joropo, chico". Y nopo, para él no es un joropo.


También vale para la canción de Ramón Ayala. "És es un folclorista argentino de pañuelo, bombacha y gorro, el compositor de la canción 'El cosechero', que es bien famosa, la canta la Mercedes Sosa. Y escuché una versión de (la cantante argentina) Mariana Baraj que se parece bastante a la que hice. El ritmo es una litoraleña, creo. Yo la toco en un (compás de) 6/8 ambiguo. Como lo que tocan todos los chilenos: deformado", se ríe. "Deformando todos los 6/8".


-¿En Chile está esa capacidad de tocar ritmos de todo el continente, que a lo mejor no pasa en otros países, salvo excepciones como Pedro Aznar en Argentina, por ejemplo?
-Sí, pero Pedro Aznar es muy taquillero -sonríe-. Una palabra de antaño. Pero definitivamente en otros países son casos puntuales, no es una tónica, no pasa como aquí. Yo creo que eso es por responsabilidad de los Inti-Illimani.


-¿Sí?
-Sí, porque mira: la Violeta Parra grabó discos con charango, cuatro, guitarra, quena, pero siempre toca cosas chilenas. Nunca toca un joropo. Nunca toca una cumbia. Y los Inti-Illimani hacían cosas andinas y después fueron sumando cosas sudamericanas. El "Sirviñaco" (canción grabada en el disco Canto de pueblos andinos vol. 1, 1973) es como un huayno argentino o un bailecito. Tocan tinkus, cosas folclóricas sudamericanas. Pienso que es por ellos que todo el mundo conoce los joropos: "Larai lai larai, larai lai lai larai" (canta el comienzo de "Lo que más quiero", canción de Violeta e Isabel Parra grabada en Autores chilenos, 1971): eso es joropo. Y mal tocado. Pero joropo.


-¿Al final es una buena condición, estar más abiertos a la música de otros lugares?
-Sí, pero más que eso… Es nomás. Una vez en un restaurante estaba tocando un joropo con un tipo, y el camarero, que era venezolano o colombiano, dijo "¿Por qué hacen ese ritmo?". "Porque somos chilenos", no sé. Es que nos somos folcloristas. Las cuecas: por mucho que ahora estén de moda y que haya grupos cuicos de Providencia y Vitacura tocándolas, ésa no es cueca. La cueca es con los viejos que hablan así (imita el acento de los barrios bravos), que cantan así. Entonces pretender hacer el folclor puro no tiene mucho sentido, pienso yo.


-¿Entonces validas a los grupos de Vitacura que tocan cueca aunque no les salga igual?
-Pero es que el rollo es que pretenden serlo. Yo iba al (restaurante cuequero santiaguino) El Huaso Enrique, y ahí estaba el Baucha, de Los Chileneros: cantaba y ésa era su pega. Entonces ponerse a cantar al lado de él me parece súper irrespetuoso. Disfrútalo, conócelo, conversa con él, comparte con él, pero no se trata de apropiarse de él, de colgarse de él.


El eslabón inédito: Santa Mentira


Junto al citado autor chileno Hugo Moraga, en el recorrido de Rodrigo Santa María aparece el músico Juan Antonio Sánchez, Chicoria, de quien fue alumno en el instituto donde estudió en Santiago y a quien invitó a grabar en Sobras completas. "Para mí lo fundamental en él es que como profesor estimula, es activo, creativo, entretenido", destaca Santa María, y menciona lo que Sánchez comentó al escuchar la mencionada canción "La prófasis" en una tarea del instituto.


-Chicoria me dice "Ahí hay como un nexo con Hugo Moraga, un eslabón". Y yo dije "¿Quién es Hugo Moraga?".


Como respuesta, el profesor le trajo una copia en cassette de Lo primitivo (1980), temprano elepé de Hugo Moraga que contiene canciones como "La vida en ti" y "Romance en tango". Cuando poco después Santa María fue a entrevistar a Moraga para un trabajo del instituto, le llevó de regalo una copia de Santa Mentira, el disco que acababa de grabar con Santa Mentira, grupo por el que pasaron músicos que luego iban a ser solistas como Daniela Conejero o integrantes de grupos como Inti-Illimani, en el caso de César Jara.


Santa Mentira se inició en 2001 con Daniela Conejero (voz, guitarra, cajón peruano y percusión), Rodrigo Santa María (voz, guitarra y flauta traversa), Marcelo Pérez (acordeón, charango, quena, zampoña, flauta traversa y cajón peruano), César Jara (guitarra, charango y tiple), Alonso Durán (bajo) y Luis Barrueto (batería y percusión). Antes de grabar el disco, Andrés Gastelo (bajo) se incorporó al grupo tras la partida de Alonso Durán.


-¿Eras el director del grupo?
-No sé, yo soy demasiado prepotente así que siempre soy el director igual -sonríe-. Mi personalidad es fuerte, pero éramos todos muy amigos, no es que yo fuera el jefe. Hay temas de la Daniela y los hacíamos como la Daniela quería, todos opinábamos de los arreglos y lo pasábamos bien en eso. Hacíamos cosas dificíles y nos poníamos a prueba nosotros mismos, entonces para mí como compositor era un desafío entretener a mis amigos. Ése era el vínculo.


El grupo tocó entre 2001 y 2004 y en medio grabó su único disco en 2003. "Y con el disco tenemos un récord: lo grabamos en tres días. Son catorce canciones, con siete músicos, teníamos los temas súper ensayados, al callo. Y Alfonso le puso cualquier cariño", dice Santa María, a propósito de Alfonso Pérez, el ingeniero de grabación del estudio Madreselva donde fue registrado el disco.


El músico recuerda que el debut del grupo en público fue en la sede de la Sociedad de Escritores de Chile, Sech, en la capital, y menciona otras fechas en lugares como el pub santiaguino La Máquina, el Teatro Municipal de Valdivia y la porteña Universidad de Playa Ancha. Explica que en paralelo César Jara tocaba en el grupo de Elizabeth Morris y que cuando él se fue de Santa Mentira llegó en su lugar Patricio Lisboa (guitarra), tal como cuando Luis Barrueto partió a Alemania se incorporó Marcelo Arenas (batería), integrante de Entrama.


El último concierto de Santa Mentira fue en el escenario de La Barcaza, en Santiago, en noviembre de 2004, como quinteto, refiere el cantante: Conejero, Santa María, Lisboa, Gastelo y Arenas. Y el disco nunca fue publicado, salvo en una edición casera que el grupo distribuyó a mano. "Sacamos copias en CD y las pasamos a los amigos. Nunca vendimos. Entonces es un poco decepcionante este país, porque después viene gente que toca como el hoyo y se gana cosas", critica, a propósito de la postulación que el grupo hizo a los fondos culturales estatales para grabar el disco. Sin éxito.


-Sacó cien por ciento (del puntaje en la evaluación), pero (los jurados del concurso) dijeron que era más de lo mismo. No con esas palabras, pero que había mucha oferta. Eso puedes decirlo: no nos publicaron porque dijeron que era más de lo mismo.


En la época efectivamente coexistían varios grupos de música latinoamericana, entre precursores como los porteños Transiente (que habían grabado los discos Un atentado celeste y Los cinco minutos en 1998 y 1999) y Entrama (que tenían Entrama y Centro en 1998 y 2000), además de Bombyx Mori (Bombyx Mori, 2001), Ensamble Serenata (Puertas, 2002), Cántaro (Música de raíz latinoamericana, 2002), La Comarca (La Comarca, 2002), Sur-Gente (Sur-Gente, 2003), Antípodas (Antípodas, 2003) y otros más tardíos como Marcetribu (Curandera encantos, 2005) y Sonámbulo (Sonámbulo, 2005).


-¿Santa Mentira pertenece a esa órbita, dirías tú?
-Sí, eran todos contemporáneos. Y es muy de cerca lo que voy a decir, pero me parece que estábamos por encima de muchos de los otros grupos. Buena onda, con cariño para todos ellos, sin desmerecer a ninguno, pero me parece que estábamos más desarrollados.


-¿Por lo tanto debe haber dolido ese veredicto de "más de lo mismo"?
-Sí, claro, porque teníamos súper claro todo el rato que éramos rebacanes en ese tiempo, y que no se hayan dado los espacios para desarrollarse es algo que nos maltrató.


-Al final es el único de todos esos grupos que no tuvo un disco formal.
-¿Y por qué tenían un disco todos los demás?


-¿Por qué? Dime tú.
-¿Sabes por qué? Porque no teníamos contactos. Porque excepto la Daniela (Conejero) éramos todos extranjeros en Santiago. El (Andrés) Gastelo es santiaguino, pero con tres años se fue a vivir a Venezuela, con papás en el exilio, y volvió a los veinte años. Yo soy de Antofagasta, otros son del sur, el César (Jara) de Paillaco y el Marcelo (Pérez) de Valdivia…


-¿Por último dirías que quedó como un grupo más "de culto"?
-De culto dónde: Ñuñoa, Providencia, un poquito de Las Condes, Vitacura, un poquito abajo. Eso no es Chile.


-¿En Antofagasta por ejemplo, no se conoce Santa Mentira?
-Mis amigos lo conocen. Pero va Lucho Jara y llena el estadio. Por qué. Bien que lo haga, pero por qué no hay espacio por lo otro. Pero no sé, fue también. Fue. Quedé reflexionando el otro día con el Gastelo sobre qué éramos. Y sobre si podíamos montarlo otra vez, con el César (Jara), con otro músico que toque instrumentos andinos, con el (Luis) Barrueto y una cantante. Sonaría distinto a mi música, porque es como la mitad mía.


Bossa chilena (Chile/Berlín): denominación de origen


Meses después del final de Santa Mentira, en marzo de 2005 Rodrigo Santa María partió a España, y tras un regreso a Santiago para grabar el disco de Eva Cortés en enero siguiente, en octubre de 2006 llegaba por primera vez a Berlín. Desde entonces ha vuelto a Chile a fines de 2007, en el verano de 2010, cuando grabó Sobras completas y pasó acá el terremoto del 27 de febrero, y luego en el verano de 2013. Y en paralelo han estado sus mencionadas producciones para Bárbara Lira (2005) y Eva Cortés (2006) y sus colaboraciones para Amy Amorette (2003), Verónica González (2007), Claudia Maluenda (2008) y Ana María Meza (2012).


"La Ammy (Amorette) es una súper amiga mía, tocábamos juntos, hacíamos bossa nova a dúo, y cuando sacó su disco le pasé dos temas", recuerda. En cambio Verónica González y Claudia Maluenda fueron contactos hechos en Alemania. "Verónica González es prima de Magdalena Matthey, y cuando llegué a Alemania me orientó en qué hacer para salir adelante, seguí todos sus consejos. Ella estaba grabando (el disco Océano) y estaba yo ahí. Un bombo legüero toqué en ese disco. Y Claudia Maluenda es prima mía, canta valses peruanos, boleros y es bailarina: tiene una escuela de danza, produce shows musicales y abrió una escuela de ballet para niños. Me ayudó un montón porque me dio un contrato para trabajar en esa escuela".


-Son todas mujeres. ¿Es una coincidencia?
-Es que con las mujeres se puede trabajar bien, y es más grato andar con una mujer que con un hombre. Para cantar hay más posibilidades. Eso de dos hombres cantando, o de un grupo de hombres, es súper chileno. Lo he visto en los corsos, que tienen esos grupos de hombres. Por eso los Quilapayún y los Inti les gustan mucho. Pero a todo el mundo le gusta una mujer cantando.


El músico encontró además en Alemania un sello disquero apropiado para difundir su trabajo: Flowfish, una etiqueta con sede en Berlín que publica discos de músicos de reggae y raíz africanos, acústicos brasileños, tangueros alemanes, latino-balcánicos suecos, funk mongolianos y swing colombianos y argentinos, entre otras variedades del mundo. "Bossa chilena (Chile/Berlín)" es como está caracterizado el estilo de Rodrigo Santa María y el Paquete Chileno en ese catálogo.


-Estoy en el medio, tampoco he llegado a un punto definitivo, porque lo estoy viviendo -dice Santa María, a propósito de su actual trabajo en Alemania-. Estoy entusiasmado porque tengo el apoyo del sello discográfico allá. Lo que funciona con claridad en Alemania es que a medida que vas haciendo tus cosas en orden, grabaste un disco, grabaste otro disco, hiciste un video, tienes tu página web, tocaste aquí, tu currículum va pesando.


-Tan simple como eso: trabajar.
-Sí. Entonces lo único que uno tiene que hacer es llamar por teléfono, buscar conciertos y tocar. Acá (en Chile) eso no pasa.


-¿Cómo es la actitud del público allá?
-La gente recibe súper bien la música, es muy interesada. Mira, una vez estaba con el (Luis) Barrueto en un bar tomando cerveza, y la dueña del bar, amiga nuestra, saca una guitarra para que toquemos, y Luchito canta "Ojos azules". Y la gente se queda callada. Y él preguntó qué pasa: "nada: te están escuchando". Se acercaron, vinieron a saludar, invitaron a una cerveza. Y es un bar de la esquina de mi casa.


-¿Se quedaron callados en un bar para escucharlo?
-Se quedaron callados, para que Luchito Barrueto toque guitarra.


-Acá, cuando la gente tiene que callarse en un bar porque hay un concierto, sigue hablando mientras los músicos están tocando.
-Sí. Allá los que hablan cuando me van a ver son los chilenos. Hay una amiga de Jorge González a la que tuve que decirle que se callara la otra vez. Y estaba en un concierto de Jorge González, y Jorge le dijo "Cállate", ¿cachai? Ella es amiga de él, y aun así todo el rato hablando. Pero allá puedes mostrar tu trabajo. El rollo para mí es que no hay un contexto. Tú aquí escuchas mi música y dices que viene de acá o de allá, que tiene influencia de esto o esto otro. Pero no tengo ese contexto allá.


-¿Y lo echas de menos?
-Sipo, porque eso también es un alimento. Me alimenta el ego, me alimenta la creatividad.


-Acá sí tienes a full ese contexto, incluson al extremo tóxico del pelambre y el cahuín.
-Sí, pero es entretenido, hay una cosa de que uno es de acá. A mí me sirve (trabajar en Alemania), me funciona, estoy bien ahí, estoy subiendo. En Chile no puedes vivir de eso, al final todos hacen clases de música -dice, y echa mano al ejemplo de un músico chileno para mostrar ese contraste-: Mario Feito. Es un súper pianista, re capo, toca y compone cosas clásicas, contemporáneas, es jazzista, un nivel de pianista mortal. Tiene que hacer clases todos los días. Por qué. Mario no merece eso.


Luego menciona el ejemplo de otro músico chileno en Alemania: José Miguel Márquez, ex integrante de Illapu y actual solista activo en Berlín, donde ha editado los discos Sonidos (2005) y Puentes (2008).


-El José Miguel Márquez tiene un disco rebacán allá, que se llama Puentes, con un gringo, súper distinto, con temas suyos, un poco más pop. ¿Por qué no va a haber espacio para eso en Chile? Si al final de cuentas quien se hace famoso en Chile es el que está ahí cuando alguien dice "Oye, ponte esto veinte minutos aquí en el 'Buenos días a todos'". Y si alguien sale tocando la guitarra y lo ve todo Chile, eso cambió las posibilidades de difusión de ese artista. Y eso está en manos de unos pelafustanes.

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