Pasaje de vuelta

Después de seis años de vivir, tocar y grabar en Francia, esta cantante está de regreso en Chile, y en particular en su natal Quilpué, región de Valparaíso, para reanudar desde ahí su trabajo con un flamante disco hecho en París: Hay que gritar! (2012). "Me quedo aquí", dice Diana Rojas. "Éste es mi lugar".

04 de Julio de 2013 | 10:09 |

-Eso debí haber dicho: "Presentando mi disco en Chile" -se da cuenta tarde Diana Rojas al final del video que en los últimos días ha subido a YouTube para presentar el concierto que dará este sábado 6 de julio (ver recuadro al final de esta nota) en Santiago. Pero tendrá tiempo para hacer ese anuncio de aquí en adelante, ahora que esta cantante y compositora chilena está de regreso en su país natal tras una permanencia de seis años en Francia, desde donde llegó con música nueva y con su primer disco como solista que mostrar.


Y tal vez en el mero título del disco se nota de entrada esa experiencia francesa. Hay que gritar! se llama, con signo de exclamación sólo al final, como en francés, y no al comienzo como en español. Es el debut personal de Diana Rojas, una colección de canciones que es justo la bisagra entre su experiencia en París, donde vivió, tocó y grabó entre 2006 y 2012 como parte del grupo de música latinoamericana Cántaro, y su regreso a Chile, donde está instalada de nuevo desde agosto de 2012 en su natal ciudad de Quilpué, en la región de Valparaíso.


Son los pasos más recientes de una historia que parte con los estudios de música que inició en 1998 en la Universidad de Chile, misma sede donde en 1999 se formó Cántaro, un grupo que grabó los discos Música de raíz latinoamericana (2002), Andarién (2006) y Buen puerto (2011) y que en sus doce años de carrera estuvo formado por Claudio Acevedo, Josefina Echenique, Diana Rojas, Sebastián Seves, Favio Villarroel, Mario Hurtado, Patricio Lisboa, Marcelo Vergara, Jeannette Salazar y Gonzalo Ramos, en ese orden.


En paralelo Diana Rojas integró también el grupo La Comarca entre 2000 y 2005, con quienes grabó el único disco del grupo, La Comarca (2002), antes del viaje a Francia. Y después de esas estaciones previas, la cantante lanzó en París, en mayo de 2011, su disco debut personal, que contiene composiciones tempranas de esa primera época universitaria como "Canción para Ana" y su versión para "Poema 12", sobre los versos de Neruda, o de justo antes de partir a Francia como "Bichito", compuesta en 2005. Pero la mayoría de las veinte canciones corresponde a su etapa en Francia entre 2006 y 2010.


-Cuando tocaba con Cántaro en la universidad no me veía cantando sola, porque me gustaba actuar en grupo. Y había gente, por ejemplo la Mariel Villagra (cantante hoy radicada en México) o Marcelo Vergara, que me decía "Pero, flaca, tenís que grabar un disco". Con el tiempo me di cuenta de que es importante hacer proyectos en solitario, libremente, sin preguntar nada, para concretar tantas canciones. En Cántaro hay canciones de todos. Y tenía yo tantas, que pensaba "Qué hago con tanta canción". Era (necesario) pasar a otra cosa ya, porque esas cosas no te permiten avanzar, había que concretar esto.


-¿Entonces tu disco no necesariamente se parece a Cántaro?
-No. Evidentemente hay colores, cosas que se parecen, porque hay canciones en Cántaro que también hice yo. Pero otras se salen de estilo totalmente. Siempre tienen igual un dejo de música de raíz latinoamericana, porque es la línea que me gusta, pero el formato es un poco más pequeño.


Antes de grabar, Diana Rojas empezó a tocar como solista hacia 2007, según recuerda, acompañada por Mario Hurtado y el violonchelista Matías Riquelme, también chileno radicado en Francia, con el repertorio propio y con valses peruanos, composiciones como "Alfonsina y el mar" y melodías del folclor latinoamericano. Y grabó Hay que gritar! con los mismos Hurtado y Riquelme además del citado Marcelo Vergara (voz), Marcelo Córdova (bajo sin trastes) y su profesor de clarinete, el francés Didier Deslettres, como invitados. Lo demás es tocado y cantado por Diana Rojas en voz, guitarra, cuatro, clarinete, violonchelo y cajón.


-Súper acústico -dice-. Yo tocaba en La Comarca, donde había teclado, bajo eléctrico y todo, pero en realidad me gustan los instrumentos acústicos.


Repertorio: canciones y dedicatorias


La cantante tiene un ejemplo de cómo la distancia de un continente a otro afecta no sólo la vida cotidiana sino también el gesto de componer música. Es "Al jazmín", una canción dedicada a la violinista Jazmín Baeza, frecuente colaboradora de músicos como los citados La Comarca además de Daniela Conejero, Palo Santo, Fabiola Moroni y Sebastián Piga, y cuya sorpresiva muerte en 2007 motivó despedidas además en otros discos como El camino del medio (2007), de Tita Parra, y el reciente Tercer tiempo (2012), de Juan Antonio Sánchez.


-Yo estaba en Francia también cuando supe la noticia. Son cosas fuertes que uno recibe cuando está lejos y no halla qué hacer. Esas cosas se transformaron en canciones.


Otra coordenada geográfica es la presencia en el disco de una canción de Ángel Parra, uno de los músicos chilenos con los que Diana Rojas tocó en Francia. "Es como un joropo. El Ángel me dijo un día 'Tengo una canción que está pintada para que las cantes tú', y la tomé para mi repertorio", explica. Y en el disco también hay títulos como "¿Por qué Dios me hizo mujer?" o la dupla entre "Canción para un niño" y "Canción para Ana", ésta última dedicada a Ana González, histórica dirigente de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, cuatro de cuyos familiares fueron detenidos en 1976 por represores de la dictadura.


-"Canción para Ana" nació hace muchos años cuando vi un reportaje en la tele donde la entrevistaban -recuerda Diana-. Es una mujer súper fuerte, y en un momento ella dijo que ha sufrido mucho toda su vida pero nunca ha podido llorar a mares. Y me emocionó que dijera eso, porque me imagino que debe ser terrible no poder llorar a tus muertos. Por eso hice esa canción. No he podido encontrar su contacto para dársela, para que sepa que existe.


Además del título del disco, "Hay que gritar!" es también una de las canciones. "En general no me quedo callada: cuando hay algo que me molesta o siento que hay que hablar las cosas las hablo", dice la autora. "Hay gente que tiende a tragarse las cosas y a no decirlas. Yo soy todo lo contrario, porque en esos casos hay que gritar. Llegó un momento en que, ya: hay que echar afuera. Tenía ganas de echar afuera tanta información que tenía guardada".


Zarpe, viaje y buen puerto: Cántaro


Diana Rojas no es la única música de su familia, una parentela en la que menciona a su hermana Vanessa Rojas, profesora de canto, y a su tío Luis Chamorro, violinista de la Orquesta Filarmónica, influencias sumadas a los estudios de piano clásico que inició a los cinco años en los conservatorios de la Universidad Católica de Valparaíso y del Palacio Rioja.


-Pero en mi casa mi papá tenía discos de vinilo de Atahualpa Yupanqui, la Violeta (Parra), él tocaba y cantaba tonadas y música del neofolklore también -recuerda. Fue una inclinación por la música latinoamericana que luego iba a encauzarse sobre todo con el taller de música latinoamericana que dirigía en la Universidad de Chile el profesor Claudio Acevedo, y que fue el caldo de cultivo donde nació Cántaro, en paralelo a otros estímulos. "También tuve el honor de ser alumna de Luis Advis y así fui descubriendo, aprendiendo y sintiendo parte de esta música, la historia, la identidad", agrega Diana.


-¿Cómo fue el inicio de Cántaro?
-Fue el fruto de la amistad que se forjó en esos años entre los integrantes desde el principio. Claudio (Acevedo) tenía en mente formar un grupo estable y nos convocó porque se fijó en que muchos de nosotros componíamos, tocábamos varios instrumentos y además éramos amigos. Con Marcelo Vergara, Sebastián Seves y Mario Hurtado hacíamos los trabajos juntos en la U. Con el Pato (Lisboa) también, y yo vivía más encima con la Josefina (Echenique). Nos faltaba un viento para el taller latinoamericano y teníamos un compañero muy talentoso, el flautista Favio Villarroel, que también se unió pronto al grupo. En realidad vivíamos todos juntos de alguna manera. Luego entró Jeannette Salazar (violín) y se completó el Cántaro.


-¿Qué diferencias dirías que hay entre los tres discos del grupo?
-Hay varias. El primer disco (Música de raíz latinoamericana, 2002) diría yo que fue  más visceral, sin pretensiones. Cada uno plasmó sus ideas, ideas jóvenes que comenzaban a surgir, con menos estructura y más corazón, creo yo. A mí me encantan las canciones de ese disco, lindo. El Andarién (2006) de partida fue grabado sin Marcelo Vergara, que ya no estaba en el grupo, por lo tanto el color y los arreglos cambian, se pierde un importante solista masculino, pero al mismo tiempo esto hace que nazcan otros, el Tato (Seves) y el Mario (Hurtado), que tienen hermosas voces. Las composiciones están más claras, se nota mucho la mano composicional de cada uno, con temas muy fuertes en texto y música.


El tercer disco es Buen puerto (2011), grabado en París en los meses previos a la separación del grupo ese año, sólo con Josefina Echenique, Diana Rojas, Sebastián Seves, Favio Villarroel y Patricio Lisboa, con los invitados Matías Riquelme (violonchelo) y Paul Ruque (violín). "Es un disco muy profundo y reflexivo", define Diana. "Fue el cierre de un ciclo, largo, fuerte y doloroso. Es como una metamorfosis que sufrimos todos. Duele, pero se transforma y el cambio es hermoso también, dio paso a una libertad como intérpretes y cantores".


Ni Facebook, ni Twitter, con suerte MySpace: antecedentes


En paralelo a Cántaro, antes de partir a Francia, Diana Rojas se integró a La Comarca, un grupo que había empezado en 1996. "En el '98 se consolida, y yo entre el 2000, creo, o un poquito antes", recuerda, sobre una época en la que los demás integrantes eran los citados Sebastián Seves y Patricio Lisboa además de Cristóbal Valenzuela, Juan José Lazcano, Felipe Vidal y Diego Valenzuela. Tras el alejamiento de Diana se incorporó la cantante Lorena Gormaz.


-A mí me encantaba la Comarca. Tenía mucha onda, era bien rockero. Algunos nos comparaban un poco con los Jaivas por la música. El repertorio era variado, había música más densa y otra bien oreja. Hoy escucho el disco y es bien noventero, pero en esa época no había otro grupo muy parecido. Tuve suerte de que me incluyeran, antes eran puros hombres y gracias  a que toco varios instrumentos me llamaron -se ríe-. Lo que sí creo es que el Sello Azul (el sello disquero que inició sus actividades en 2002 con discos como éste) no nos dio el espacio que debimos tener. De esa primera camada era el único grupo de fusión latinoamericana. Ellos mismos nos decían que teníamos muy buena calidad, pero como nuestros temas no eran muy radiales…


-¿Cómo era tocar en parelo en Cántaro y La Comarca para ti? ¿Eran dos aproximaciones o lenguajes distintos? ¿Tenían cosas en común?
-Para mí era genial tocar en los dos grupos. Cuando peleábamos en uno, en el otro estaba todo bien -se ríe-. No, en serio. En Cántaro podía presentar mis canciones propias, componía y tocaba. Era un poco más como una orquesta, por la forma de trabajar, los arreglos, los instrumentos. En La Comarca podía satisfacer mi lado más rockero, cantar en tesituras más agudas y más como solista también. Eran dos fusiones de la música latinoamericana, una con la música clásica y la otra con la música popular, el rock. Eran un gran complemento y ambos grupos fueron mi escuela, en todo sentido.


En la época Diana Rojas grabó además dos canciones en la serie de discos Música de este lado del sur: "La primavera" y "Si yo te diera mi alma", esta última a dúo con el cantante y compositor Marcelo Vergara. "Esa canción fue un accidente. Yo trataba de hacer una cueca y se la mostré a Marcelo como tal, y le gustó mucho, pero me propuso tocarla más lento, y así nació: muy íntima, muy 'chilena'".


Esto coincidía con la actividad en vivo y en discos de otros grupos de música latinoamericana, desde Transiente y Entrama hasta Ensamble Serenata, Bombyx Mori, Sur-Gente, Antípodas, Marcetribu y otros. "Se generó también un nacimiento de nuevos compositores, cantores y grupos que buscaban decir algo, pero sin los medios de difusión que tenemos hoy, ni Facebook, ni Twitter, con suerte MySpace, y no todo el mundo tenía el acceso a Internet", recuerda Diana. "Uno de los pioneros y visionarios en  utilizar estos medios fue Javier Barría, también amigo y compañero nuestro de la (Universidad de) Chile".


-Comenzaba a gestarse un movimiento que dio paso a otras cosas con los años -concluye-. De cierta manera creo que se fue abriendo camino para lo que sucede actualmente. Al mismo tiempo todo esto proviene de la Nueva Canción Chilena y así, si vamos para atrás.


Acá habla muy fuerte la gente: bienvenida a Chile


Al mismo tiempo durante su estada parisina Diana Rojas tocó con otros músicos chilenos avecindados en Francia como el mencionado Ángel Parra y la cantante y compositora Mariela González, además de la argentina Bárbara Luna y el francés de origen argelino Abde Smail.


-De todas las experiencias aprendí y disfruté mucho, sobre todo con Abde, que fue quien me presentó la música francesa, la poesía, y nos dio la posibilidad, tanto como solista como con Cántaro, de mostrarnos a un público netamente francés. Fue muy enriquecedor y eso también me dio las fuerzas para decidirme a tocar sola mis canciones.


-¿Qué efectos tuvo hacer y presentar tu disco en Francia antes que en Chile?
-Lo que me gusta de haberlo hecho y mostrado en Francia es que son bien underground los lugares donde tocaba, y si tengo que actuar en un bar pequeño me da lo mismo, finalmente lo único que espero es expresar lo que siento y que la mayor cantidad de gente lo escuche. A mí me encanta comunicar, estar arriba del escenario y hablar, tirar la talla. Ese contacto siempre es doble con la gente.


-¿En qué sitios tocabas: lugares chicos, festivales?
-Sola he actuado en escenarios pequeños, cafés, lugares donde se toca harto en París. El disco es súper cercano, entonces se da para esta intimidad. Y ellos no hablan español, así que tengo que explicar, contar historias. Aprendí francés a pura necesidad, escuchando a la gente y repitiendo, auditivamente. Por suerte tengo buena paila.


En el camino se produjo además la disolución de Cántaro. "Cada cual fue haciendo sus proyectos. Pato (Lisboa) está tocando ene, acompaña a músicos como Pájaro Canzani (cantante uruguayo, ex bajista de Los Jaivas). La Jose (Echenique) también está en su proyecto (actúa como solista con el nombre de La Jose), tocando con Leandro Bonfiglio, que es un argentino, y con otro grupo de jazz. El Mario (Hurtado) está haciendo sus cosas solas. El Tato (Seves) tenía (el grupo) La Bizikleta y ahora grabó un disco de cuecas (Tormenta 'e cuecas, 2012). Y yo que estaba haciendo mi proyecto. Se dio de forma súper natural. Algunos no se acostumbraron, otros sí. Otros encontraron polola, otras tuvimos guagua", sonríe.


-¿Tú eres de las que se acostumbraron o de las que no?
-Yo me siento un poco extranjera en los dos lados. Porque cuando uno vive afuera es evidente que se acostumbra a cosas súper simples, como que la gente no hable tan fuerte…


-¿Acá habla muy fuerte la gente?
-Acá sí, después uno se da cuenta. En España también. Cosas que en un principio cuando llegué me molestaban después no las encontré tan mal, pero siempre me siento una extranjera. Y cuando vengo acá desconozco los precios de las cosas. Siento que el circuito musical también, aunque se está dando un movimiento súper interesante, el circuito es pequeño.


-¿Comparado con París?
-En París uno puede tocar en todos lados, pero hay tanta demanda que no es llegar y tocar. Ahora hay una movilidad muy grande para muchos grupos chilenos que han ido a tocar allá: la (Banda) Conmoción, los que cantan (canta) "Loca, loca, loca…".


-Chico Trujillo.
-Chico Trujillo, han ido varias veces. Estuvo esta chica que tocaba en Makiza.


-Ana Tijoux.
-Ana Tijoux. La Camila Moreno, el Chinoy, que tocó en un bar en París y creo que tocó más en España. Van de gira. Ahora, en general, y muy por el contrario de lo que piensa la gente, la ventaja que uno tiene es que el chileno va a tocar para los chilenos. Chico Trujillo no sé cómo será en otros países, pero en Francia los fui a ver y estaba lleno de chilenos. Hay franceses, porque si los franceses lo escuchan les encanta, pero son los amigos de los chilenos que van a verlos.


-¿Ésa es una ventaja, dices tú?
-La ventaja es que al vivir allá uno crea redes, conoce gente, no toca solamente en París sino en regiones, y también hay un público francés que escucha y conoce la música chilena a través de nosotros, conoce a otros músicos por medio de Internet. Y eso es interesante, tocar para otros públicos más que tocar siempre para la comunidad chilena, para el Dieciocho.


Desde su regreso a Chile, Diana Rojas ha tocado en escenarios como los del Día de la Música en noviembre de 2012 y en diversos lugares de Quilpué y Valparaíso. "Y la respuesta del millón", dice, frente a la pregunta por sus planes futuros: "Me vine de manera definitiva. Mis planes son volver en un año o dos a Francia, pero sólo a tocar, para mantener el vínculo, las amistades. Pero me quedo aquí. Éste es mi lugar". 

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