Bangerz

El primer disco "empoderado" de la ex Hannah Montana es de paso un barómetro de qué frivolidad califica de rebelde y escandalosa para una cultura pop que empieza con productos Disney.

02 de Noviembre de 2013 | 15:28 |

Éste es formalmente el cuarto disco lanzado por Miley Cyrus tras superar al personaje de Hannah Montana con que la cantante estadounidense hizo ganar millones a Disney entre 2006 y 2011, es decir entre los trece y los dieciocho años: Cyrus ha grabado desde entonces Meet Miley Cyrus (parte de un volumen doble editado junto con el álbum Hannah Montana 2, en 2007), Breakout (2008), Can’t be tamed (2010) y el reciente Bangerz (2013). Pero queda claro que, a los veinte años, éste es en realidad el primer disco en el que se manda sola.

"Es nuestro cuerpo / podemos hacer lo que queramos / Es nuestra casa / Podemos amar a quien queramos / Es nuestra canción / Podemos cantar lo que queramos / Es mi boca / puedo decir lo que quiera", dice como muestra de "empoderadamiento" en "We can't stop", una de las nuevas canciones. Bangerz tiene baladas, poderosas como "Adore you" y sobre todo "Wrecking ball", anodinas como "My darling" y su floja cita a "Stand by me", el hit de Ben E. King. Se nota un fondo country en "Maybe you're right" y un eco de Amy Winehouse en "Fu", y lo mejor es el sonido que el productor Pharrell Williams consigue en "#GETITRIGHT", link directo a la producción de éxitos como "I'm coming out", de Diana Ross, patentado enlos '70 por los sensacionales Bernard Edwards y Nile Rodgers, de Chic. Pero lo que abunda sobre todo es el hip-hop, con MCs invitados como Future y French Montana y con la propia Miley Cyrus dedicada a rapear en pose de chica mala, sola en "Do my thang" o a dúo con Britney Spears en "SMS (Bangerz)" y con rimas sobre sexo, desenfreno y palabrotas como "fuckin" y "bitch" repartidas.

Es su boca y puede decir lo que quiera, es claro, pero lo que no logra es zafar de la frivolidad general del producto. "Soy una mujer rebelde, ¿no lo ves?", insiste varias veces en "4x4", como si no hubiera quedado claro además tras las noticias con que Miley Cyrus ha hecho escándalo en EE.UU. y sus alrededores en los últimos meses: en agosto salió a perrear en la entrega de premios MTV, en septiembre filmó sin ropa el video de "Wreckin ball", en octubre descalificó vía redes sociales a Sinéad O'Connor tras los consejos públicos que le mandó la cantante irlandesa y al cierre de esta edición publicaba en Twitter unas fotos de calabazas con imágenes semiporno en la víspera de Halloween. No es (sólo) farándula importada: es contexto y evidencia para averiguar qué puede ser rebeldía para Miley Cyrus: la rebeldía posible en una cultura en la que los cantantes pop se gradúan de Disney para hacer maldades.

David Ponce

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