The mediator between head and hands must be the heart

Resolver si el grupo recupera o no el tiempo perdido, es algo para lo que aún faltan discos. Sin embargo, éste es un comienzo más que auspicioso en esa dirección.

10 de Noviembre de 2013 | 11:09 |

Max Cavalera salió del grupo el año 1997. Igor, su hermano, el 2006. En el intertanto, y mientras fanáticos y algunos especialistas aún siguen dándose contra la pared por la salida de los Cavalera, Sepultura no ha parado de editar discos. Algunos ambiciosos, como Kairos (2011), y otros de similares características, pero más logrados y enfocados, como Dante XXI (2006) y A-Lex (2009). El punto en común entre esos registros es que tanto Andreas Kisser como Derrick Green han logrado, para desazón de muchos, liderar a la banda y llevarla a momentos que parecían impensados, tratando de señalar una evolución musical que nunca fue del todo comprendida. De ahí que, antes de The mediator between head and hands must be the heart, el nuevo álbum del grupo, los anteriores esfuerzos hayan sido sendos trabajos conceptuales.

En esta última entrega, que cuenta con la incorporación del baterista Eloy Casagrande en reemplazo de Jean Dolabella, Sepultura deja a un costado sus pasadas búsquedas progresivas y se enfoca más en un sonido crudo y directo. Desde el inicio, con "Trauma of war", la guitarra de Kisser va liderando el desarrollo de lo que, a la postre, resultará patente en todo el elepé: una suerte de "regreso" a sonidos que se extrañaban desde tiempos de, incluso, el álbum Arise (1991), todo un clásico del género.

En esta línea, destacan "Manipulation of tragedy", un batatazo de esos que se extrañaban en Sepultura y en el que Green se luce en las voces. Tambié, reaparecen ciertas percusiones brasileñas que le dan ese aire distintivo que, quizás debido a sus propias ambiciones, Sepultura había extraviado. “Tsunami”, corte siguiente, va por la misma línea, casi como una réplica del tema anterior. Y, por otra parte, “Bliss of ignorants” exhibe a Sepultura a sus anchas, casi como recuperando elementos por largo tiempo olvidados.

A la altura del décimo tercer disco, al combo nacido en Brasil ya se le debería reconocer por sus méritos, más allá de sus glorias pasadas y el éxodo de sus integrantes. Quizás por ello es que en esta nueva entrega, Kisser, Green y compañía buscan de alguna forma recuperar el tiempo perdido. Si lo recuperaron o no en The mediator between head and hands  must be the  heart, es algo que se verá con el correr de los años, pero éste es, sin dudas, el mejor álbum que pudieron hacer para comenzar esa tarea.

Felipe Kraljevich M.

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