Voz del sur profundo

Un disco de nuevas cuecas y una antología musical de los exactos treinta años transcurridos desde el inicio de su carrera discográfica lanzó el cantor sureño en el año que recién termina. Acá René Inostroza hace un recorrido de esa vida marcada por su convicción personal sobre el canto: "No con esa idea del humorista de ridiculizar y caricaturizar al campesino, sino desde el punto de vista de una valoración", dice.

06 de Enero de 2015 | 23:57 |

Dos discos sacó a las calles el año que acaba de pasar. Y a las calles suena bastante literal en este caso. La música de René Inostroza se vendió en los quioscos chilenos en 2014, lanzada por el sello Master Media, una disquera especializada en ese circuito en el que los CDs comparten espacio con diarios y revistas en las esquinas, y que puso en circulación grabaciones nuevas y previas del popular cantor chileno.


Primero fue Cuecas acampadas, con quince cuecas en el estilo campesino característico de Inostroza. Luego, Lo mejor, con veinticinco guarachas, corretiaos y temas instrumentales de su repertorio, como está anunciado en el subtítulo del disco. Títulos como "La guaracha del fay fay", "Pichingue", "Dimen dimen" y "El guacho José" figuran en el compilado y son parte del catálogo de este hijo de la provincia de Cautín, nacido en las proximidades de Villarrica, en una carrera discográfica que a partir de su primera grabación, Savia campesina (1984), cumplió tres décadas exactas.


La guaracha que llegó con la victrola


"Los lagos de Chile", de Petronila Orellana; "La torre Huillinco", del chilote Liborio Bórquez, Cuncuna; "La Corina Rojas" y "Debajo de un limón verde", de la tradición, son algunas de las Cuecas acampadas que canta y toca René Inostroza. Y varias pertenecen a repertorios que se remontan a la era de los viejos tocadiscos o victrolas existentes en los campos, según explica.


"Algunas de ellas las grabé cuando recién empezamos con esta propuesta musical, como 'La Corina Rojas'", recuerda, en medio de una visita cumplida a Santiago para presentar su disco. "Son cuecas que están en la memoria colectiva especialmente de la gente campesina, que desde un principio encontró que uno había levantado la voz no con esa idea del humorista de ridiculizar y caricaturizar al campesino, sino desde el punto de vista de una valoración".


-¿Cómo llega a conocer y aprender estas cuecas?
-Han sido cuecas señeras, algunas muy olvidadas, que las grabó algún conjunto hace cincuenta o sesenta años o que nadie grabó después. El canto mío tiene un origen en el aprendizaje de las canciones que se conocieron por las victrolas, que era un instrumento muy solicitado por la gente campesina, porque era fácil de llevar a todas partes, y se quedó en los campos. A través de las victrolas hemos aprendido. La misma guaracha llegó a través de las victrolas, pero le dimos otro sentido. Si usted escucha el ritmo original, no es el mismo ritmo tropical de ese país hoy. Es ese ritmo pero con el sello local de cada zona.


-¿Qué importancia tiene la cueca en relación a esos otros ritmos en los campos?
-Este disco no significa que en las fiestas campesinas tocaban puras cuecas. Tocaban la cueca por supuesto, pero también el correteado, que es un corrido, valses, marchas, marchitas, que son parte de los repertorios antiguos. Era difícil una fiesta en uno tocara puras cuecas.


-¿Son fiestas a las que usted fue desde chico?
-Claro. Es lo que uno fue aprendiendo de los mayores. Yo vengo de una familia de guitarreros, gente que manejó muy bien la guitarra -dice, y atribuye también a Villarrica ese interés por la guitarra-. Porque Villarrica tiene casi tantos años como el continente. Villarrica fue destruida tres, cuatro veces. Y el soldado español seguramente llegó con la guitarra en la mano y dejó sembrado un montón de cosas, entre ellas las afinaciones, que he estudiado hace treinta años. Tal vez por eso hay tanta fuerza allá en mi tierra, todo el mundo casi tocábamos guitarra, era una cosa que nos venía de familia. Y aquí me tiene. Yo grabé el primer álbum el año '84 y aquí me tiene usted todavía.


El que tenía guitarra no la prestaba

René Inostroza nació hace 62 años, cumplidos en noviembre pasado, en la localidad de Playa Linda. "Está exactamente entre Villarrica y Pucón, en la mitad del camino. Y estas son cosas de la vida: en ese lugar, Playa Linda, tuvo su escuela e hizo gran parte de su obra literaria un Premio Nacional de Literatura, Fernando Santiván".


-El de "La hechizada".
-"La hechizada", "La camará", "Al pie de un viejo roble"… Y fíjese que todavía hay alumnos de él, viejitos, de casi ochenta años. En esa parte ahí donde hizo su escuela ahí mismo nací yo.


-¿Usted alcanzó a escuchar discos de victrola que menciona?
-Claro, sobre todos los discos mexicanos. Acompañada del cine mexicano llega también una cantidad enorme de música de Jorge Negrete, Pedro Infante, Antonio Aguilar, Los Alegres de Terán, esos países arrasaron para acá. Y como Chile no tiene una gran cantidad de ritmos, cuando usted quiere hacer una fiesta, ¿a qué ritmos puede recurrir? La cueca. ¿Y qué más? ¿Se fija? Entonces las victrolas a nosotros nos surtieron de esos ritmos y los adoptamos.


-¿Había una en su casa?
-En mi casa había una victrola a cuerda que mi mamá tenía, y así se tocaba entonces. Pero la victrola también tenía una etapa, al principio de la fiesta. La fiesta más viva, más de cierto, como dicen allá en el campo, era cuando llegaban con guitarra y acordeón. Ya el acordeón era lo máximo.


-¿Más desierto?
-Más de cierto, de ser de verdad. La gente campesina es mucho de usar esos términos, que a veces enriquecen la comunicación. Yo me acuerdo de haber invitado a un tío de mi lugar para un recital, y me dijo "No, qué voy a ir yo para allá, sobrino: yo no tengo estadística pa' esa cuestión". Yo le dije "Pero allá le ponemos estadística". Yo sabía lo que me estaba diciendo, y lo que quería decir.


-Estatura.
-Claro. Exactamente. Es lo mismo cuando dicen "Pasaste desapercibido, no te vi". No, si desapercibido era otra cosa.


-¿Inadvertido, sería?
-Inadvertido es la palabra correcta. Desapercibido es no ir provisto de los elementos propios para un cometido, por ejemplo. Yo vendría desapercibido si no trajera mi guitarra. Entonces la gente se nutrió mucho de los repertorios con las victrolas, como decía, pero la fiesta de cierto era con instrumentos de verdad. Y cuando no había guitarras. Porque la guitarra era escasa. No como ahora que usted la encuentra en la esquina. En ese tiempo era un instrumentro difícil de conseguir, y el que tenía no la prestaba.


-¿Cuándo tocó usted por primera vez guitarra?
-Yo creo que cuando tomé la guitarra por primera vez tengo que haber tenido unos diez años, no menos que eso. Y era cuando los viejos, los que tocaban, a esa hora de las seis o las siete de la mañana ya estaban durmiendo, y nosotros a la mala agarrábamos la guitarra. Tanto es así que cuando ya empecé a tomarle el gusto me fijaba en mis primos, en la gente más antigua, en algún torneo, y del torneo partía para la casa a tratar de afinar la guitarra y tocar lo que estaban tocando allá. Porque los viejos no eran de sentarse con usted a decirle "mire, esto se hace así". No se compartía mucho.


-Y ya que hablamos de palabras, ¿un torneo es una competencia musical?
-No, el torneo es un torneo de fútbol campesino, y alrededor del fútbol viene la fiesta. El deporte campesino hoy está regulado, en las competencias, pero usted sabe que después de partido, del torneo, lo que sea, termina en la cerveza y todo eso. Y vaya usted a decirles una cosa distinta, que en deporte no puede estar el alcohol: no, eso no existe. Alrededor del deporte está la fiesta. Y la guitarra.


Cómo se entretenía el campesino


Hasta el recuerdo personal de su abuelo materno se remonta René Inostroza si hay que hacer memoria sobre esa familia de guitarreros que menciona como antepasado.


-Mi abuelo ya venía con su padre y su abuelo también era tocador de guitarra. Mi abuelo era un personaje en la comunidad donde me crié. Era arreglador de huesos; componedor se llamaban. Hoy han desaparecido esos personajes como el soldador, el arreglador de paraguas. Él era componedor de huesos, era rezador de velorios, rezaba el rosario y le ponía muchos recovecos, era hermoso escucharlo.


-¿Es lo que le han contado o lo conoció?
-Yo me acuerdo de él. Era un buen cuentero. Era capaz de contarle una mentira así (hace un chasquido con los dedos) y usted se la creía, y cuando venía el desarrollo de esa conversación era toda una mentira. Esa fantasía tiene que ver también con la cuestión lúdica de cómo el campesino se entretenía en ese tiempo en que la televisión, y la radio antes que ella, no llegaban a los campos todavía.


"La gente campesina resolvía sus problemas fácilmente", continúa. "En una comunidad tenía usted al componedor de huesos, al rezador de velorios, a la médica, al equipo de fútbol y también a los músicos. Ahora los medios de comunicación que llegaron a las comunidades han traído muchas cosas buenas pero también muchas cosas malas. La televisión la veo absolutamente de espaldas a la cultura chilena. Los pocos programas que existen están tirados así como por cumplir, el domingo, cuando toda la gente sale".


La misma televisión no ha estado entre las prioridades de Inostroza para mostrar su trabajo, dice. "Siempre he sido un hombre respetuoso de las personas, pero la gente que lo quiere caminar a uno rápidamente, no. Yo soy hombre no de televisión, porque la televisión es un instrumento que a usted lo toma, lo estruja, lo hace bolsa y después lo larga. Entonces en cambio yo acá déjenme a la sombra, tranquilo, haciendo nuestras cositas, ¿ve?"


Acordeón y armónica además de guitarra son instrumentos que toca René Inostroza. "Toco además un poquito de laúd, de mandolina, guitarra traspuesta", dice. "Pero cuando apareció el acordeón fue mágico para la gente. Es otra identidad que llegó con los alemanes sobre todo, los  suizos, que traen el acordeón de botones (instrumento de botones, no de teclas, también llamado diatónico), y rápidamente se incorporó al repertorio. Pero esa acordeón de botones desapareció como en los años sesenta y algo, setenta. Y manejar el acordeón diatónico es distinto, la misma tecla suena de distintas maner abriendo o cerrando el fuelle".


Entre los diez y los quince años recuerda haber empezado a tocar el acordeón y la armónica. "El que llegaba con una armónica a una parte, si no había ni guitarra ni acordeón, a ese viejo había que cuidarlo, darle mucha comida y muy poquito trago para que no se fuera a curar, porque gracias a él íbamos a poder hacer la fiesta. Y la armónica también desapareció de los repertorio chilenos. Hoy día las cuecas se siguen generalmente a piano, todo es electrónico. Yo creo que uno tiene que usar la tecnología, pero por Dios que no hay que dejar que la tecnología lo avasalle a uno. Yo creo que si la Violeta Parra hubiera estado viva en este momento sin duda habría andado con guitarra enchufada, seguro. Porque en los tiempos en que nadie creyó, y la encontraron como una cosa extraña, doña Violeta Parra pescó un charango y un cuatro venezolano y se puso a hacer música chilena. Así mismo el campesino sin mayor sofisticación ni estudios musicales lo incorpora rápidamente a su manifestación".


Cada uno una fotografía

El borde del lago Villarrica ha sido un paisaje constante en la vida de René Inostroza. Visitaba constantemente el lugar sobre todo antes de la muerte de su madre en 2007, quien siempre vivió en Playa Linda.


-Nunca he perdido esta esencia de la identidad de cantor de campo. Antiguamente el lugar era muy bonito porque estaba lleno de naturaleza, los árboles nativos y todo. Hoy día quedan algunos árboles, pero lo afean hartas casas que son verdaderas mansiones de la gente de dinero, y esa gente cuando compró esos sitios y parcelas hizo desaparecer así (da un golpe de palmas) por arte de magia la tradición también. Porque había fiestas campesinas, la fiesta de San Guillermo, la fiesta de las Cármenes y otras fiestas. Y cuando la gente ya vendió sus parcelas ¿cómo iban a ir a la casa del patrón a hacer esas fiestas? Se fueron, los hijos se fueron a la ciudad y eso se perdió, no porque los patrones fueran malas personas, sino porque era gente de otra cultura, que venía de Santiago, de Viña.


-¿Siempre fue autodidacta en la guitarra o alguien le enseñó?
-No, siempre autodidacta o de lo que uno escuchaba en la radio. Nosotros escuchábamos a Los Hermanos Campos, debe haber sido el año '64, '65, ellos iban a cantar a la Radio Corporación en la noche. No se olvide de que las radios antes transmitía en onda larga, en onda media que se llamaba, en AM; y la AM desde las siete de la tarde para allá (para el sur) disparaba pero fuerte. Desde Santiago se escuchaban la Cooperativa, la Corporación, la Minería, la Agricultura, todas transmitían con cincuenta kilos de potencia, de manera que a los campos llegaban un cañón en la noche. La radio tenía esa magia que todavía tiene, que uno se imaginaba las cosas. Uno se imagina al locutor un tremendo gallo, alto de ojos azules, y era un viejo chico guatón (se ríe). Ésa es la magia de la radio. 


-¿Qué recuerdos tiene de la radio de ese tiempo?
-Me acuerdo de programas: "Residencial La Pichanga", en la Radio Portales estaba Firulete, "Portaleando" con Julián Aldea. Juan La Rivera hacía el "Malón de la Chilena". A Pablito Aguilera lo escuchaba en el "Malón de la Chilena" también en la noche. "Los Ofensores", que la encontraba de miedo. "La Tercera Oreja", un programa de cuentos campesinos. Y ahí era el chiste que hay: que el Presidente fue para el campo allá en el sur y le preguntó a un campesino "Y a usted ¿qué es lo que más le gusta de la agricultura?" "La Tercera Oreja", le respondió.


-¿Qué otros artistas chilenos se escuchaban en la radio?
-De los artistas chilenos estaban Los Hermanos Campos, Los Cuatro Hermanos Silva, me acuerdo. También escuché a los Quelentaro: Conjunto Quelentaro se llamaban en ese tiempo. Jorge Yáñez, Tito Fernández. Yo al Tito Fernández fui una vez a Villarrica a verlo, hice casi dos horas de cola para poder entrar al gimnasio, en la época del '71, por ahí. Y después, las cosas de la vida, con el Tito Fernández hemos estado en gira, hemos cantado juntos, él tiene un gran aprecio por mi persona, yo por él, al igual que por Jorge Yáñez, a toda esa gente la respeto. Creo que en Chile nos hace falta querernos entre artistas. Todo lo que he logrado en mi vida de artista no es más que el premio de la gente que ve en una esperanza de rescate y valoración de la cultura, en el caso mío desde el canto.


-¿Tiene afinidades musicales con esos músicos que mencionó?
-Claro, porque son distintas formas de ver la música. Esto lo veo como fotografías: cada uno toma una fotografía. La fotografía del Quelentaro es un poco más cruda, que ve la parte real, la poca paga, el abuso. La del Tito Fernández la veo como una fotografía casi más tirada a lo urbano. Jorge Yáñez también, con una poesía de (Andrés) Rivanera, con los Moros. Son gente emblemática. Que ellos me honren de repente siquiera con el saludo ya para mí es importante.


-¿Cómo sería la foto de Los Hermanos Campos?
-Más que nada cargada exclusivamente en la cueca, y dentro de la cueca a la picardía del verso. Eso es mucho de la idiosincrasia chilena. En el área que usted trabaje siempre hay una talla, un chiste. Los Hermanos Campos fueron gente muy auténtica y además buenos cantores e instrumentistas.


-¿Y la fotografía suya?
-Una fotografía del campesino que, pese a que vive en pobreza, es un obrero, pero igual no le falta algún engañito para hacer una fiestecita en alguna ocasión especial.


Siembra canto: los discos


Después de trabajar en radio en los años '70, desde en emisoras regionales como Gerónimo de Alderete en Villarrica y Central, UTE y La Frontera en Temuco hasta en la radio Cooperativa como corresposal en la misma ciudad, René Inostroza debutó como cantor, ya no en una fiesta campesina sino en un escenario citadino. Fue en Temuco, hacia 1983 ó 1984, según recuerda. Y fue el paso previo a la grabación de Savia campesina en 1984, su primer disco. Cassette, para ser exactos.


"Lo hicimos en una discotheque, me acuerdo. Aprovechamos el espacio, un grupo de actores hizo el ambiente como si fueran el público, y ese master lo traigo a la CBS en ese tiempo", recuerda, a propósito del sello disquero CBS, antecesor de las oficinas de Sony Music en Santiago y dirigido por ejecutivos discográficos como Jorge Undurraga y Guillermo Vera.


"Ahí (Undurraga) me recibe, escucha el álbum, le encontró cincuenta mil defectos y me dijo 'Esto hay que mandarlo a Buenos Aires para que lo limpien porque tiene hartos ripios'. Luego yo me olvido, sigo trabajando en la radio, hasta que la secretaria de la radio me dice que aparece algo mío en el "Diario Austral" de Temuco, a propósito del Festival Brotes de Chile de Angol", dice. Guillermo Vera, que era jurado en ese festival, hacía mención a Inostroza en esa nota. "'Estamos sorprendidos con un cantor de esta región, se llama René Inostroza,  hemos editado un álbum de él y está resultando un fenómeno'. Y como a los diez, quince días, salió un artículo grande".


-¿Cómo lo tomó el éxito de ese disco?
-Yo vivía en la más absoluta pobreza, con tres cabros chicos, y me llaman de Santiago a buscar las regalías. No sabía ni lo que eran las regalías, tuve que preguntar. Ganaba ocho mil pesos mensuales en la radio, estamos hablando exactamente de 1985. Llego a Santiago y me dicen "Aquí están sus regalías": un millón y medio de pesos. Y nosotros los San Juan de Buenas Peras fuimos a un banco a cambiar el cheque, en ese tiempo no estaban los billetes de veinte lucas, y pusimos la plata en una bolsa de nylon. Yo me fui a Corral a cantar esa vez, mi señora quedó con toda la plata, me compró cama, compró todo, después llegué y la plata estaba igual, compré un auto y la plata estaba igual.


-¿Cuántos miles de copias habrá vendido Savia campesina?
-En ese tiempo ganó disco de oro y de platino. Eran diez mil (copias) por disco de oro y veinte mil por platino. Yo tengo cinco disco de oro y cuatro discos de platino en total. Ese fue el fenómeno comercial que pasó. En ese tiempo se hacía solamete cassette, y es tanto que la Sony Music estuvo tres días fabricando solamente trabajo mío, para dar abasto a las disquerías.


Quince canciones catalogadas como cueca, valse, correteado, canción, guaracha y ranchera incluye Savia campesina, con títulos como "Dame tu pelo, niña", "El huacho José", "Dimen dimen", "La guaracha del fay fay" y "Rosa Ester". Es el inicio de una discografía que en adelante ha incluido grabaciones como Desde Playa Linda, Raíces, Por el surco, Hijo de la tierra, En la huella, Entre arado y canto, Siembra cantoEl canto de la tierra, con el sello Sony Music entre los años '80 y '90.


Más tarde continuó con Atizando el fuego y Topeteo en los '90 con PolyGram, y con discos editados por diversos sellos independientes hasta llegar a sus repertorios más actuales, con títulos como, por ejemplo "Marijuana", una de las canciones incluidas en el compilado Lo mejor. "Es una cancion a la marihuana, que llama a la reflexión", dice, y cita algunos versos. "Tanto tiempo que tú estás aquí / Tanto tiempo que conozco tu nombre / Sin embargo te mantienen clandestina. Porque la marihuana es menos ofensiva que el vino. Dicen que crea hábito. Oiga, todo crea hábito. ¿El vino no crea hábito? Tómese dos copas de vino y usted puede matar a una persona manejando. Con la marihuana no pasa eso, es medicinal. ¿Qué culpa tiene de que le demos otro uso? Es una canción que yo de alguna forma la dejo ahí".

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