Reik termina con cinco años de espera y se lleva sus anheladas gaviotas

El trío mexicano cerró la segunda noche de Viña 2015 prolongando el acento romanticismo impuesto por Ricardo Arjona, y saldando la deuda en metálico que ellos mismos habían establecido en 2010.

24 de Febrero de 2015 | 03:39 | Por Sebastián Cerda, enviado especial a Viña del Mar

La gente opina: temblor sacudió a la Quinta en su segunda noche

VIÑA DEL MAR.- En 2010 se fueron sólo con antorchas entre manos, y apenas se bajaron del escenario dejaron la promesa hecha en redes sociales: "Gracias Viña por una gran experiencia y las dos antorchas. Volveremos por la Gaviota!!", escribió entonces el cantante Jesús Navarro en su cuenta en Twitter.


Sólo por eso es que lo de Reik esta noche en el Festival de Viña del Mar puede quedar archivado con saldo positivo. El trío mexicano logró su anhelo de llevarse el mencionado trofeo en versiones de plata y oro, aunque en honor a la verdad ese logro se lo deben en buena medida a los organizadores, que eliminaron las antorchas del stock disponible.


De no haber sido por eso, seguro que Navarro, Gilberto Marín y Julio Ramírez se habrían ido una vez más sin sus anheladas gaviotas, ya que una propuesta tan insípida como la de ellos difícilmente podría prestarse para cuatro instancias de aclamación.


Porque tiene un problema serio este trío: Meten temas en las radios, la audiencia reconoce y es capaz de cantar sus éxitos, pero en vivo simplemente no entusiasman demasiado, y la prueba de ello está en el marcado silencio que se genera en cada espacio entre canción y canción.


Pasa tanto en su esfera bailable —representada en temas como "Peligro" e "Inolvidable"— como en la romántica —donde se anotan "Noviembre sin ti" o "Fui", entre otras—, en una escena que se prolonga y que sólo encuentra excepciones en piezas como "Sabes", "Yo quisiera" y "Qué vida la mía", coreadas mayoritariamente.


Precisamente tras estas dos últimas se produjo el ingreso de los animadores, para entregar los trofeos que a estas alturas no constituyen más que el estándar mínimo de esta cita, y que vienen prácticamente garantizados para cualquiera que no fracase.


Algo de enjundia en una producción claramente descremada, y un buen sacudón en los impasibles Marín y Ramírez, vendrían bien para hacer de Reik un conjunto de mayores posibilidades, y no uno condenado sin más al tercer orden del firmamento latino.

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