Todo a su tiempo

No fue mucho el rato que tuvo para cantar en el escenario del Festival de Viña, pero a cambio Nano Stern empleó la experiencia completa de su participación en ese espectáculo para sostener al final un discurso propio.

28 de Febrero de 2015 | 15:03 |
Foto: José Alvújar.

Apenas despuntaba su historia personal como solista, hace casi siete años que ahora se ven lejanos, cuando Nano Stern escribió y grabó una canción llamada "Dos cantores" para su segundo disco, un CD de cubierta color sepia titulado Voy y vuelvo (2007) y publicado cuando tenía veintidós años apenas cumplidos. Desde entonces habrá tocado esa canción infinidad de veces en distintos escenarios, pero hoy es claro que tenía que pasar todo este tiempo para que el cantante chileno encontrara un lugar donde tuviera un sentido especial decir esos versos, a su reciente paso por el Festival de Viña.


Es posible que un programa de televisión de cinco días continuados y máxima exposición mediática no sea es el entorno más habitual para un cantante y autor fraguado en vivo entre la raíz del rock y las diversas músicas del mundo como Nano Stern. Pero él hizo de partida algo inesperado al desactivar ese y otros prejuicios en su llegada a Viña. Participó de lleno, usó las redes sociales para proveer de noticias a los reporteros y al público y por lo tanto se hizo querer no sólo por la audiencia que ya lo conoce, sino por un indudable público nuevo ganado aquí, y de paso hasta por la prensa acreditada. 

No por eso estuvo abducido por la TV ni mucho menos. En los mismo días compartió con el músico argentino Pedro Aznar una actuación ante jóvenes estudiantes de música, o dio a pura voz y guitarra una actuación espontánea casi a modo de flashmob playero. Era el juego previo y no iba a ser corto: Stern, en su calidad de parte del jurado del festival, tuvo una semana completa de actividad previa a su actuación programada para el último día. Pero lo jugó con espontaneidad, es posible que con la misma naturalidad con la que hace hace dos semanas estaba tocando en el festival Womad en la comuna de Recoleta o con la que debe haber llegado a cada uno de los festivales folk de Europa y Oceanía que ha visitado por años.


Otra cosa iba a ser la verdad en el escenario. El preámbulo ahora es anécdota, lo que queda es el concierto. Y las expectativas estaban presentes. En un año en el que los humoristas del show fueron el mejor barómetro de la actualidad al hacer blanco frecuente en casos como Caval, Penta y Soquimich, había un contexto político con diversas causas de las que hacerse cargo. En las noticias de estos días están desde la amenaza de cierre del capitalino Liceo Experimental Artístico hasta la resistencia dramática que ahora mismo viven los habitantes del pueblo de Caimanes en la comuna de Los Vilos, contaminado por la minera Los Pelambres que pertenece a Antofagasta Minerals y por lo tanto al Grupo Luksic, por cierto el mismo controlador del Banco de Chile que hizo el favor de otorgar un préstamo millonario a la empresa del hijo y la nuera de la Presidenta.


Resulta bipolar el contraste entre esas noticias y el microclima de celebridades que durante una semana es el Festival de Viña cada febrero, pero Nano Stern no perdió el equilibrio en medio. La música fue su primera aliada en vivo. Dentro del breve lapso que tuvo para tocar hizo una versión editada de los energéticos shows en vivo que son su costumbre, con su versión para el "Carnavalito del ciempiés” de Mazapán, un momento introspectivo con "Casualidad", la inspiración lúdica para la metáfora de actualidad que es "Tejequeteteje", los versos sentidos de "Un gran regalo" o la invitación a Juanito Ayala para tocar "El vino y el destino" cerca del final de la fiesta.


Hábil con la guitarra eléctrica tanco como con la acústica además de las flautas con las que inició el concierto, Stern mostró además lo bien ensamblado de su banda, que incluye desde a un chelista austriaca ya avecindada de lleno en la música chilena como Magdalena Rust hasta músicos provenientes del jazz (el saxofonista Andrés Pérez Muñoz, el baterista Carlos Cortés), la cueca y la canción popular (el múltiple instrumentista Inti González), o de la música latinoamericana y la fusión (el bajista Patricio Rojas, el violinista Javier Cornejo, el percusionista Carlos Carvacho) en un ensamble sonoro diverso y ajustado.


En una lógica opuesta a la del espectáculo televisivo, el cantante se dio tiempo para presentar a sus músicos y para saludar a los trabajadores anónimos tras la fachada del festival. En otro guiño dedicó "Tejequeteteje" a "los elefantes empresarios y políticos corruptos que se balancean sobre nuestras telas de araña", y si todavía parecían intervenciones escuetas, avanzada la actuación apeló a los versos octosílabos, la métrica de la décima que remite a la tradición ancestral del canto a lo poeta, para poner más actualidad en juego y esta vez explayarse.


En la tele no hablan nada / de lo que pasa en Caimanes, / parece que los canales / le hacen la media fachada. / Las aguas contaminadas / ya ni se pueden tomar, / y se empiezan a enfermar / niños, padres y abuelitos, / y al culpable del delito / nadie lo obliga a pagar, fue una de esas cinco estrofas, sacadas del bolsillo en un papel desdoblado que Nano Stern leyó a capela frente al público. Un cantor más avezado las habría entonado tal vez, un payador con guitarra o guitarrón habría ido más allá y las habría improvisado en el fragor de ese oficio poético, pero Nano Stern no es un folclorista, sino un cantante que tiene al folclor entre sus influencias, y esos versos fueron al mismo tiempo una referencia a esa raíz y un discurso contingente.


El remate vino poco antes del cierre con la citada "Dos cantores", que le permitió homenajear a Violeta Parra y Víctor Jara, un gesto que de innovador tendrá poco pero en cambio es universal, directo y apropiado para un escenario tan transversal como éste. Poco antes, mientras recibía los trofeos de rigor, Stern había sido llamado con cariño "vikingo" por el animador Rafael Araneda en un gesto amistoso. Sin embargo minutos después estaba entonando en esa misma canción el verso "Fama contra fama, no me vengan con cuestiones / Se trata de algunos que cantaron de verdad", en alusión al programa de TV que el mismo Araneda animaba hace una década. Y más que una coincidencia es la muestra de cuál fue el estilo del cantante en este trance. No hubo ninguna insolencia punk a su paso por la experiencia más mediática de su vida hasta ahora, pero con ese cierre demostró que la ofensa es una forma de decir la verdad pero no es la única, y que la verdad no necesariamente ofende. "Por favor no crean que somos todos tan huevones", dice esa canción del 2007, escrita a los veintiún años o antes, y que se refiere justo a esto, a la industria del espectáculo. "Yo prefiero el canto a toda esa vanidad", es el verso final, y en Viña, como despedida, Stern lo cantó dos veces, la segunda vez, después de una pausa de unos segundos, con la palabra esta en lugar de esa: "Yo prefiero el canto a toda esta vanidad". Como para recalcar que tras seis días festivaleros la verdad del escenario tendrá siempre la última palabra.

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