El perfil y las ideas con que Ernesto Ottone arriba al Consejo de Cultura

El nuevo ministro, quien hasta hoy se desempeñaba como director del CEAC de la Universidad de Chile, ha sido crítico de la repartición de recursos entre instituciones, la falta de programas de generación de audiencias y los enfoques imperantes en torno a los fondos concursables.

11 de Mayo de 2015 | 11:42 | Emol

Ottone juró esta mañana como ministro, en reemplazo de Claudia Barattini.

Aton

SANTIAGO.- Ya había sonado como candidato al puesto que hoy asume: Incluso antes de la elección de 2013, que determinó el regreso de Michelle Bachelet a La Moneda, Ernesto Ottone Ramírez ya era mencionado como una de las voces más relevantes del entorno de la Presidenta en materias culturales.


Y aunque la primera designación ministerial dejó la cartera de Cultura para Claudia Barattini, en este primer cambio de gabinete sí llegó el turno para quien hasta hoy se desempeñara como director del Centro de Extensión Artística y Cultural (CEAC) de la Universidad de Chile, organismo del que dependen agrupaciones como la Orquesta Sinfónica de Chile y el Ballet Nacional Chileno.


Actor de la Universidad de Chile e hijo del sociólogo identificado con el "segundo piso" de Ricardo Lagos, tiene estudios de posgrado en Gestión Cultural con mención en Artes Visuales en la misma casa de estudios, además de un máster en gestión de instituciones y políticas culturales en la Universidad Paris-IX Dauphine (Francia).


Antes de presidir el CEAC, hizo lo propio en Matucana 100, recinto en el que estuvo desde sus inicios y por nueve años, hasta la llegada al poder de Sebastián Piñera en 2010. También pasó por el Centro Cultural Estación Mapocho y el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, ha sido académico en distintas universidades y ha asesorado la implementación de diversos programas, entre ellos el de Valparaíso Patrimonio de la Humanidad. En 2009 fue condecorado con el título de Caballero de las Artes y de las Letras de Francia.


En su cargo a la cabeza del CEAC, el último gran proyecto que alcanzó a dejar en marcha fue la construcción de un nuevo Centro de Extensión para la Universidad de Chile, que no estuvo exento de polémicas, ya que para ello se determinó la demolición de la ex Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas, un edificio neoclásico de 1904 ubicado en Vicuña Mackenna, que no está protegido.


A partir de esta iniciativa, dejó entrever parte de su postura en torno al desarrollo de infraetructura en materia cultural: "Es incomprensible que Chile sea el único país de la OCDE cuya Sinfónica nacional no tiene un espacio, y es contradictorio que el Estado financie la excelencia, pero le dé lo mismo dónde se presente, ahora que se está creando tanta infraestructura sin línea editorial", dijo a El Mercurio en 2011.


Desde su cargo en el CEAC, además, reclamó por la repartición de recursos a las instituciones culturales, tras el retroceso en la asignación de fondos a ese organismo. "El Estado ha dado históricamente malas señales: está dispuesto a hacer esfuerzos con algunos y no con otros. Un ejemplo son los 3.600 millones que por ley le dio al Teatro Municipal en el 2005. Y están los sueldos de la Orquesta de Cámara de Chile, que duplican o triplican a los de los músicos de la Sinfónica. Eso fue negociado durante el gobierno de Piñera", declaró a La Tercera a fines de 2014.


Para Tele13, en tanto, mantuvo un blog en el que también plasmó buena parte de sus ideas en materia cultural. Así, a propósito de la gratuidad de los museos, alertó sobre lo limitado de esa medida en el objetivo de ampliar públicos, si es que no se suma a ella el desarrollo de áreas de educación en esos recintos.


"No he escuchado por el momento ninguna iniciativa desde el Estado para subvencionar estas necesidades, que son algunas de las políticas que se han implementado en países donde han decidido la gratuidad de los museos por decreto", escribió al respecto. A ello se agregan planteamientos recurrentes en torno a la necesidad general de crear audiencias que demanden contenidos culturales de manera sostenida y permanente.


Además, alertó sobre el financiamiento a la cultura en años de crisis (cuando decrece el aporte de privados) y sobre el enfoque de los fondos estatales, en los que cree debe primar la calidad por sobre el asistencialismo: "Pretender que los fondos concursables sean la respuesta a la gran falencia de verdaderas políticas públicas en cultura, es absurdo. Tratar de transformar los fondos concursables en una especie prolongación de la ficha de protección social para los creadores también me parece un despropósito".

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