Falleció el sacerdote más antiguo de los jesuitas en Chile

Su muerte ocurrió el martes en la enfermería de la congregación en Santiago, donde estaba internado desde mediados de febrero a raíz de una insuficiencia cardíaca.

23 de Junio de 2004 | 11:46 | Por Hernán Osses/El Llanquihue
PUERTO MONTT.- A los 95 años de edad dejó de existir el sacerdote jesuita Albino Schnettler Glade. Su muerte ocurrió a las 15 horas de ayer en la Enfermería de los padres jesuitas, ubicada en Santiago, donde estaba internado desde mediados de febrero.

El estado de salud del sacerdote se había deteriorado a raíz de una insuficiencia cardíaca; por lo que debió guardar reposo desde el mes de abril.

El Padre Schnettler nació el 2 de abril de 1909 en Línea Nueva, una localidad de Puerto Varas, cuando la principal preocupación de Puerto Montt era conectar a través de un telégrafo a Punta Arenas. Era hijo del agricultor Clemente Schnettler y de la señora Josefina Glade.

Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1939 en la capilla del Colegio Máximo en San Miguel, cercano a Buenos Aires.

A Puerto Montt llegó a inicios de 1942, junto con el padre Alberto Hurtado, quien venía para dar Ejercicios Espirituales al clero de Chiloé. Desde entonces, salvo dos o tres años, el Padre Schnettler permaneció en el Colegio San Francisco Javier de Puerto Montt, primero dando clases a los alumnos y después cooperando en las actividades pastorales de la Diócesis. Se estima que no menos de 10 mil personas fueron sus alumnos, a quienes dejó una huella y un recuerdo que perdurará por el resto de sus días.

Al momento de su deceso era el religioso más anciano de la Compañía de Jesús en Chile.

Sus restos deberían llegar hoy a Puerto Montt, para ser velados en la capilla del colegio San Javier. Sus funerales se realizarán en el cementerio católico.

Amigo del padre Hurtado

El odontólogo Luis Ditzel Marín (70 años, casado, 5 hijos, 3 de ellos ex alumnos del ilustre presbítero), director del Departamento de Radio del Arzobispado de Puerto Montt sostuvo que el sacerdote Albino Schnettler fue compañero y amigo del Padre Hurtado en Santiago. Incluso fue invitado especial a la ceremonia de beatificación del creador del Hogar de Cristo celebrada en Roma.

Ditzel, un católico de tomo y lomo, fue su ex alumno en el ramo de biología entre los años 42 y 48.

"Era un apóstol", relata emocionado Ditzel quien junto con rememorar sus 60 años de vida sacerdotal afirma rotundamente que el Padre Schnettler bautizó a 10 mil niños de la zona y casó a otras 10 mil parejas.

"Casi medio Puerto Montt lo amaba hasta el fondo de su corazón y tuvo oportunidad de escuchar sus sabias prédicas o estrechar sus añosas manos surcadas en el infatigable trabajo y devoción por los jóvenes y por los pobres".

El Padre Schnettler de voz ronca, penetrantes ojos azules como el cielo e imponente presencia, a pesar del impenitente paso de los años, no pudo jamás encorvar su pletórica fe en Jesucristo. Siguió siendo asesor permanente de la Asociación de Amigos Católicos, AMICAT, y predicó con su ejemplo su obsesión divina por conjugar el verbo amar. Su mensaje telúrico inspiraba un respeto tal que el silencio se apoderaba de los templos donde oficiaba la Santa Misa y divulgaba el Evangelio.

"No hizo diferencia con ningún tipo de religión", reflexiona finalmente Luis Ditzel. Y agrega convincente: "estaba impregnado de la santidad del Padre Hurtado".

Vicario. Una vida de trabajo

El vicario general adjunto del Arzobispado de Puerto Montt, monseñor Leandro Serna expresó el sentimiento de tristeza que embarga a la Iglesia Católica. Sin embargo, recalcó que es necesario recordar el significado de la obra sacerdotal que el Padre Schnettler dejó en Puerto Montt. Aseguró que el sacerdote legó a la ciudad una vida de trabajo, que es un ejemplo de sacrificio y dedicación. Por tal razón, aseguró que en realidad la pérdida del sacerdote jesuita no es tal.

El actual notario de Puerto Varas y ex-diputado por Puerto Montt, Sergio Elgueta, recordó que el padre Schnettler le hizo clases en la década del 40, cuando era alumno del San Javier. "Nos hizo clases de botánica, zoología", relató. Para Sergio Elgueta, el sacerdote jesuíta fue quien les enseñó los primeros conocimientos de química, de los seres vivos y de la naturaleza y lo hizo en forma muy didáctica. "Como profesor, era de una claridad y sencillez. Entregaba mucho cariño y amor a lo que hacía", recordó. Su mayor legado -asegura- es que siempre infundió a sus alumnos la necesidad de ser los mejores y no conformarse con la mediocridad.

Elgueta relató que como sacerdote inspiraba confianza y credibilidad, "por eso la mayoría de los alumnos de ese tiempo nos confesábamos con él".

El abogado reconoció que "los católicos hemos perdido a un gran hombre".

Carlos Ignacio Kuschel explicó que la principal característica es que fue un sacerdote en primer lugar y luego un maestro, un formador, "totalmente impregnado del espíritu y el ánimo de toda la zona. El es una especie de símbolo de lo que es nuestra zona, particularmente en el ámbito espiritual". Kuschel reconoció que como docente deja una profunda huella. Se trata, resumió de "una gran pérdida. El paisaje humano va a ser distinto sin él".
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