"¡Se me congeló la boca!" o cómo se vive un día de nieve en pleno Santiago

Ropas empapadas, caras felices y padres sin preocupaciones. Es la alternativa que ofrece el centro invernal del Parque de los Reyes que estará abierto hasta el 10 de agosto.

23 de Julio de 2004 | 16:17 | Bernardita Ochagavía M., El Mercurio en Internet
SANTIAGO.- "Tengo frío...estoy to' mojao'... toy' congelado con esta nieve". Con los labios morados, blue jeans empapados y las zapatillas estilando, Isaac Leiva, de cuatro años, no es capaz ni siquiera de moverse, sólo tirita y se queja, pero la atracción de la nieve es superior. Solo, y a la espera de sus hermanos que lo miran de lo alto del tobogán de nieve no puede ni sonreír, "se me congeló la boca", dice tímido ante la mirada de varios.


Isaac Leiva, de 4 años.
Como Isaac, son cientos de niños los que, pese a estar con sus ropas empapadas, no dejan de disfrutar, jugar y correr en la nieve ubicada en el centro invernal en el Parque de los Reyes, que fue inaugurado hoy por el alcalde de Santiago, Joaquín Lavín.

Con música de "Safriduo" de fondo, el espectáculo se vuelve aún más pintoresco. Al alboroto de los niños que deambulan ansiosos por la nieve, se suma el desorden de los preadolescentes que aprovechan la música y se ponen a bailar en la cancha.

Son alrededor de 15 monitores que controlan a los niños, para auxiliarlos en caso de caídas y acompañarlos a cambiarse de ropa cuando el frío los paraliza.

Y es que cada menor que llega hasta el lugar, en su mayoría vestidos con un chaleco, un pantalón de buzo o blue jeans y unas zapatillas, puede pedir prestado un pantalón impermeable y unas botas de goma que le permitirá deslizarse y revolcarse con tranquilidad en la nieve.

"Lo que pasa es que los niños no se preocupan de no mojarse. Simplemente lo pasan bien y sólo cuando sienten frío piden cambiarse de ropa", explica Isabel Escobar, una de las monitoras.

Pero no sólo ropa pueden pedir prestado. Los más grandes suben por una escalera y pueden deslizarse con cámaras plásticas desde lo alto por un tobogán de 3,20 metros de altura. Para los pequeños de tres y cuatro años, en tanto, la alternativa está en quedarse en la parte más plana y arrastrarse con un pequeño trineo que, más que medio de transporte, es usado como base para construir figuras de nieve.

"Lo mejor es que me puedo tirar con mi amiga. Y casi nos caímos", comenta Paty mientras se sobaba el trasero luego de la estrepitosa caída.


"Se ven tan felices", comenta la monitora. "Hasta una disfruta aquí. Es una idea fantástica que aparte me da trabajo. Si uno como mamá se llega a emocionar, !poh¡".

Esta iniciativa, que cumple ya su segunda temporada, permite que cada año más de 130 mil niños disfruten y conozcan la nieve. Son alrededor de 100 metros cúbicos de nieve que cada día llegan en 3 ó 4 camiones desde Portillo para satisfacer la demanda diaria de centenares de niños.

La seguridad es total. A los monitores en cancha, se suman carabineros, y guardias que rodean el lugar para que padres y niños disfruten seguros de una alternativa gratuita y diferente en estas vacaciones de invierno.

"Aquí todas las tías nos ayudan. Si hasta cuando me caí vinieron a ayudarme por si me había pasado algo", explica Francisco de seis años. "Y cuando me estaba comiendo la nieve, para probarla, me dijeron que no lo hiciera porque estaba cochina".

Sólo hasta el 10 de agosto, de 10:30 a 18 horas, estará abierta esta alternativa, que para muchos niños, más que nieve, es entretención y sonrisa.

Fotos: Raúl Bravo.


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