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El cara y sello de la venta de mariscos en el Mercado Central

Luego de que el Ministerio de Salud diera a conocer las alarmantes cifras de intoxicados por Vibrio Parahemolítico, la gente se ha mostrado temerosa de consumir mariscos, sin embargo, aún llenan los locales del Mercado Central.

17 de Febrero de 2005 | 17:26 | Sebastián Abeliuk, El Mercurio en Internet

Venta de mariscos en el Mercado Central
SANTIAGO.- En el Mercado Central se vive de la venta de pescados y mariscos y se respira olor a mar en cada rincón. Es por ello que la delicada situación que se vive en Chile por las intoxicaciones tras consumir alimentos crudos, con el peligro de enfermarse producto de la bacteria Vibrio Parahemolítico, mantiene en estado de alerta a los locatarios de dicho lugar, principalmente por la baja en la clientela.

A pasos de la Estación Mapocho, el mercado se repleta cada día con cientos de personas ansiosas por probar las delicias del mar. Algunas más temerosas que otras –en especial aquéllas que ven los noticieros- se acercan a almorzar, comprar o, simplemente, dar una vuelta. Piures, almejas, machas, camarones, pailas marinas, ostiones y choritos, entre otros, completan el menú que ofrecen los comerciantes.

A pesar de que hoy el Ministerio de Salud dio a conocer que más de 4 mil 500 personas se han intoxicado a lo largo del país por consumir mariscos crudos, los trabajadores del Mercado Central, en su mayoría, parecieran estar inmunes a los coletazos de este drama.

La opinión de los dueños, mozos y locatarios es unánime: “los productos que vendemos en el mercado son 100% frescos y libres de contaminación”. Por eso, llaman a los clientes a mantener la calma e invitan a la gente a acercarse al lugar, “pues si los mariscos están hervidos es imposible que la gente se intoxique”, aunque reconocen que las personas se muestran dubitativas de comprar en ciertos recintos.

Ricardo Soto es administrador del restaurante “El Rey del Mariscal”, y lo primero que hace al ser consultado si ha disminuido la clientela es mostrar la gran cantidad de personas que están almorzando en su local. “La gente recién está llegando”, dice, y asegura que el negocio continúa funcionando normalmente, a pesar de la gran cantidad de intoxicados.

Según Soto, los que se enfermaron con el Vibrión Parahemolítico “sacaron los mariscos de lugares no autorizados en zonas de la Décima Región”. Según él, “El Rey del Mariscal” está preparado todos los años para enfrentar crisis similares.

Por su parte, Jorge Luis Cortes, propietario de “La Joya del Pacífico”, asegura que es “imposible” que sus productos vengan el malas condiciones, y que “ni siquiera una almeja infectada se le pasa”. Al igual que Soto, dice que su restaurante se mantiene funcionando con normalidad.

Según Cortes, el Sesma controla periódicamente cada uno de los productos que llegan desde sus propias embarcaciones y reservas de la Quinta Región. “Nosotros no refrigeramos los productos, porque trabajamos con los alimentos del día, los cuales son traídos desde el puerto de Valparaíso poco antes de las tres de la mañana”.


“La Nueva Vida” es una marisquería que queda en una de las entradas del Mercado Central. Ahí se para diariamente Manuel Samorro para atraer clientela; ¿Necesita algo?, le pregunta a las personas que pasan por ahí. Vestido con el clásico delantal blanco de los pesqueros, asegura que “este año ha sido igual que los demás”, aunque reconoce que las ventas igual están más complicadas por el tema de las intoxicaciones.

El marisquero señaló que todos su productos son traídos de zonas autorizadas de la Décima Región y que se mantienen frescas gracias a que son mantenidas refrigeradas.

Los que no han tenido tanta suerte...

Unos que no la están pasando muy bien son los locatarios del restaurante “Marisquería Donde Augusto”, debido a la poca cantidad de personas que se acercan a almorzar durante los últimos días. Según Gloria Valdebenito, “el negocio está súper malo, yo diría que hemos perdido más del 50% de la clientela que compra mariscos desde que en la televisión se dio a conocer los casos de Vibrión Parahemolítico”.

Sin embargo, hay un plato que aún está en el limbo a la hora de hablar de ventas: la paila marina, bien cocida.

Otro que ha visto como paulatinamente desaparece la clientela es Luis Corvalán, administrador de un local que lleva su nombre. A pesar de que su negocio está en la entrada norte del Mercado Central, donde por lo general hay un gran tránsito de peatones, muestra como la mercancía que ya se tendría que haber vendido está aún ahí, intacta.

“Estoy preocupado porque nos ha ido mal y hay que vender, ya que de no ser así no podremos pagarle a los trabajadores, ni los gastos comunes”, cuenta Corvalán.

El administrador, quien trabaja junto a otras tres personas, sostuvo que durante febrero suelen bajar las ventas, pero que este año la situación es un tanto exagerada. Indicó que para estas fechas es normal que se venda un 40% menos, sin embargo, el 2005 el negocio ha decaído más de un 70%.

En cada uno de estos locales la situación es similar. Las personas se acerca ansiosas por comprar mariscos y pescados pero temerosas frente a la posibilidad que estén infectados y, de esa manera, sumarse a la larga lista de intoxicados por la bacteria.

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