Polola de Diego Schmidt Hebbel: "Diego también estaba en la lista de los debían ser asesinados"

Belén Molina rompió el silencio y aseguró que "no había razones" para dispararle a su novio, quien sostiene que "sabía las cosas malas que hacía" María del Pilar Pérez.

15 de Mayo de 2009 | 17:18 | El Mercurio Online

SANTIAGO.- Seis meses después del crimen de Diego Schmidt-Hebbel, su polola Belén Molina accedió a conversar por primera vez sobre el trágico suceso que cambió su vida y que sacó a la luz un complejo drama familiar, que tiene como protagonista a su tía, María del Pilar Pérez, imputada del crimen del economista.

La joven de 25 años, en entrevista con revista Caras, reveló detalles sobre la fatídica mañana del 4 de noviembre de 2008 en calle Seminario, y descartó de plano que el móvil del presunto sicario, José Mario Ruz Rodríguez, haya sido un robo, sino que detrás de todo estaba su tía, conocida también como la "Quintrala".

"Cuando vi al señor Ruz parado en la puerta de mi casa dije: esta mujer nos mandó a robar. A nadie le cabe en la cabeza que un día martes, a las ocho de la mañana, aparezca un hombre para asaltarte, había algo extraño. Diego al verlo pensó lo mismo", relató Belén, quien descartó que el disparo que dio muerte a su novio haya sido fortuito.

"La muerte de Diego no fue un accidente, él también figuraba en la lista de las personas que debíamos ser asesinadas (...). Diego sabía las cosas malas que hacía esta señora (...) Cuando él estaba en la Posta Central fui la primera en apuntarla con el dedo", esgrimió la joven, al tiempo que recordó que su novio la protegió con su cuerpo, "que era lo único que tenía. Creo que él se dio cuenta de que estaba dando la vida por mí, y no se arrepintió".

Durante su testimonio, Belén Molina apuntó que de acuerdo a cómo se habían desarrollado los acontecimientos con Ruz Rodríguez "no había razón para dispararle a Diego".

"Abrí la puerta de calle del edificio, y cuando le doy un beso, se nos tiró encima este hombre (el presunto sicario). Nos empujó a los dos hacia adentro. Entonces al verlo armado, gritó (Diego) que me escondiera, casi como una orden. Corrí detrás de la puerta de seguridad y la cerré. Por el vidrio veía que forcejeaban, yo apretaba el botón para abrir la puerta de afuera, pero el señor Ruz la cerraba con los pies... le gritaba que se fuera, que no iba a entrar. Tenía todo para arrancar, no había razón para dispararle a Diego", detalló.

Para la titulada de Odontología en la Universidad de Los Andes, la tragedia ha sido complicada de superar y retomar un ritmo de vida normal.

"Recomponerse luego de una tragedia así toma mucho tiempo. Saber que el cuerpo de la persona que mpas has amado ya no está es un trago amargo que nunca terminaré de pasar (...) paso por días oscuros y otros más claros, y a veces caigo en una meseta de calma", expresó.

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