Expertos dan claves sobre cómo debieran ser centros para menores no imputables

Francisca Werth de Paz Ciudadana y Paulo Egenau de la Fundación Paréntesis delinean el tipo de recintos necesarios para sacar a menores como "Cisarro" del círculo de la delincuencia.

05 de Agosto de 2009 | 15:59 | Renata Robbio, El Mercurio Online

SANTIAGO.- ¿Qué hacer con un niño de 10 años que ya registra más de 15 detenciones por protagonizar violentos asaltos? ¿Cómo debe ser el recinto en que se le interne para que pueda rehabilitarse? ¿Se le encierra en un centro con custodia policial? ¿Qué tipo de tratamiento se le aplica para reinsertarlo?


Éstas son algunas de las interrogantes que aparecen tras conocerse el caso de “Cisarro” y sus amigos, “Loquín” y “Cejitas”, todos menores de 14 años, que ya registran reiteradas detenciones por protagonizar diversos delitos y que, por su edad, son inimputables ante la ley.


Dos destacados expertos en el tema de delincuencia juvenil, la directora ejecutiva de Paz Ciudadana, Francisca Werth, y el director de la Fundación Paréntesis, Paulo Egenau, plantean las bases sobre cómo deberían ser los centros de residencia para rescatar a los niños infractores de la ley.


Descartados 100% los centros con gendarmes


Tanto el sicólogo Paulo Egenau, como la abogada Francisca Werth, coinciden en que los niños menores de 14 años no pueden ser encarcelados y los centros que los alberguen tampoco deberían contar con custodia policial o de gendarmería.


“Yo estoy absolutamente en contra de siquiera pensar en tener gendarmes en estos centros, no corresponde, no son cárceles”, dice Werth.


La abogada precisó que eso no implica que los menores vivan en una especie de libre albedrío, ya que es imprescindible la supervisión de los educadores en los programas de rehabilitación y reinserción que realizan los niños.


“Es necesario estructurar un modelo de intervención, basado en una rutina súper definida, en donde el joven pase ocupado en actividades que sean entretenidas y productivas, hasta que supere lo difícil que es estar en un lugar que no es su ambiente. La idea es que no le den ganas de irse”, dice Werth.


Pablo Egenau precisa que la política de privación de libertad para niños menores de 14 años no está considerada en la ley, por lo tanto, los centros, no pueden tener ese tipo de atribuciones.


“Eso es ilegal, si a este niño lo sujeto físicamente, lo amarro, lo meto en una pieza y le pongo llave. Eso no se puede hacer, es ilegal y no es ético”, dice el psicólogo.


Para Egenau es indispensable que el centro haga todo lo posible para que el niño permanezca en ese lugar, “esa es nuestra pega, pero tenemos un límite y ese es la decisión final que el niño toma”, de quedarse o arrancarse.


Diversidad y planes personalizados


El director de la Fundación Paréntesis recalca que el país necesita una diversidad de modalidades de intervención, desde centros muy pequeños y personalizados –para los casos más complejos como el “Cisarro” y “Loquín”- hasta centros ambulatorios, más masivos, destinados a jóvenes vulnerables.


“Estamos hablando de diversificar servicios para dar respuesta a la diversidad de las demandas del mundo de los jóvenes infractores”, dice el psicólogo, quien además aclara que los niños son muy distintos unos de otros, por lo tanto, “requieren tratamientos diferentes, eso es una máxima que debemos respetar”.


“Aquí no existe la modalidad perfecta, no existe la alternativa buena y única para todos, precisamente ese es uno de los errores (…). Como país es una deuda histórica pendiente, necesitamos ampliar la diversidad de servicios”, constata Egenau.


Además, aclara que este tipo de centros de residencia son caros, porque son altamente especializados, “con no más de 10 niños, con una infraestructura y dotación de profesionales muy por sobre el promedio de los centros que prestan ayuda a otros jóvenes con otros perfiles”.


La característica fundamental para Francisca Werth es que el centro no debe tener ningún aspecto carcelario, ya que el objetivo de estos es que el niño pueda recuperar la sociabilidad que ha perdido.


“Hay que partir de la base de que ojalá sean lo menos internado posible, y que estén basados en permanencias donde ellos puedan, en algún minuto, volver a sus casas y a su comunidad”, aclara Werth.


Además, propone que es necesario que en el sistema chileno se incorpore la Evaluación de Riesgo y Necesidad, que es una herramienta que se le aplica al niño y que permite discriminar cuáles son sus principales riesgos y necesidades, y a partir de eso, desarrollar un plan individual.


Incentivarlos como niños


“Cisarro” se escapó del centro de diagnóstico en donde estaba internado debido a la acción de un grupo de amigos que llegó armado a “rescatarlo”.


“Loquín”, quien organizó la fuga de “Cisarro”, en menos de 24 horas, también huyó desde los centros a los que fue destinado, para evaluarlo y luego “idear” un plan para rehabilitarlo.


El dilema radica en cómo se incentiva a los menores para que no huyan de un centro que no cuenta con custodia policial y, voluntariamente, acepten someterse a un programa de rehabilitación y reinserción social.


“Lo que nosotros queremos es que se quede, pero las herramientas que tenemos están lejos de la coerción (…). La idea es que tenga motivaciones para que no huya, como un lugar bonito, acogedor, cercano, con educadores amorosos, con buena alimentación, con actividades entretenidas, la idea es generar la adherencia en ese niño”, precisa Egenau.


La directora de Paz Ciudadana plantea que lo ideal es ir estructurando buenos modelos de conducta, que por medio de la disciplina se vaya alcanzando un mejor comportamiento y que las ofertas del centro comiencen a competir con las de la calle.


También coincide con la idea de Egenau, respecto al atractivo de las ofertas programáticas, pero propone la idea de premiar o “castigar”, según el comportamiento de los niños.


“Nosotros visitamos una cárcel de adolescentes en Inglaterra, y a las mujeres no les permitían maquillarse. Entonces, les decían que si se portaban bien y alcanzaban cierto puntaje, les permitirían pintarse las pestañas o tener alisadores de pelo”, relata Werth.


El objetivo de ello es incorporar la buena conducta a los hábitos, ya que si se porta mal, pierde beneficios, “en el fondo son niños y funcionan como niños”.

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