Conozca los mundos opuestos de la reconstrucción a dos años del terremoto

Tamara Salamanca, discapacitada, dos hijas. Margarita del Solar, abuela, pensionada. Las dos perdieron su casa el 27/F. Una ya recibió su nueva vivienda; la otra vive en una aldea de emergencia. Ambas cuentan sus historias.

26 de Febrero de 2012 | 13:35 | Por Leonardo Núñez, Emol

SANTIAGO.- Tamara Salamanca (34 años) padece la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth, que le provoca fuertes dolores musculares y ha atrofiado sus piernas. Tiene dos hijas, de 9 y 4 años. La noche del terremoto, en Los Ángeles, se derrumbó una empresa de vidrios que como un efecto dominó, botó todas las casas del pasaje de Tamara.

En las últimas semanas, el Gobierno y la oposición se han enfrentado por el avance en las labores de reconstrucción. Mientras, el ministro de la Segpres, Cristián Larroulet, aseguró que "se han iniciado 140.391 obras y terminado 76.152", lo que representa un avance del 47%, la Concertación estima que sólo se ha cumplido con el 11,7%.

Detrás de estas cifras, están las personas afectadas por la tragedia. A dos años del terremoto y posterior tsunami, las historias de dos mujeres reflejan los mundos opuestos de la reconstrucción. Una ya recibió su nueva casa y la otra sigue esperando en una aldea de emergencia.

Departamento nuevo y adaptado a su discapacidad


"Con el terremoto, el segundo piso quedó en el primero. Mi mamá quedó con los cables de la luz en el cuello porque se cayó el cielo raso. Si la luz no se corta, muere electrocutada".

Junto a sus hijas y padres, Tamara debió vivir por un mes en carpa. A su casa no podían regresar por el peligro de nuevos derrumbes. "La taza del baño quedó partida por la mitad, teníamos que ocupar el lado que quedó bueno", recuerda Tamara.

Con el invierno, su carpa se mojó. Finalmente, optó por arrendar una pequeña casa con dos habitaciones. "Era un esfuerzo grande pagar los 85 mil pesos de arriendo. Yo sólo tengo mi pensión. No puedo trabajar, me discriminan porque camino mal", cuenta una Tamara llena de esperanza, porque el 29 de diciembre pasado el Serviu le entregó un departamento nuevo en la villa para damnificados "Judas Tadeo".


"No pude dormir la primera noche. No podía creer que tuviera donde vivir. El departamento ya está pagado. Por siempre es mío y está adaptado a mi discapacidad. Hasta pusieron una rampla para ocuparla por si necesito silla de ruedas. Ojalá nunca tenga que usarla. Es difícil ponerse en el lugar de los que todavía les falta casa. Hay que esperar, pero vale la pena. Es lo único que puedo decir".

Cansada de esperar

Margarita del Solar (66 años) es de las mujeres que tiene que seguir esperando. El terremoto la encontró viviendo de allegada en la población Santa Clara (Talcahuano). "El tsunami destruyó todo", cuenta. "El agua venía igual que un tren de carga, arrastrando redes de pescadores, boyas, escombros, puertas, sardinas, cueros, plásticos, de todo".

"Las murallas se partieron, había sillas metidas en las ventanas y nos saquearon lo que quedaba", lamenta Margarita, haciendo un esfuerzo para no emocionarse. "Gracias a Dios no perdí a nadie. Pero en el pasaje murieron nueve personas. Encontrábamos a los muertos en la calle. Una abuelita apareció boca abajo en el barro".

Hoy vive en la aldea de emergencia "Renacer", que habitan 83 familias. Llegó allí 4 meses después del 27/F. "Quedé con la pura ropa puesta. Nos pasaron una mediagua. Entre todos tuvimos que comprar cañerías para el agua, porque nos empezamos a enfermar con la que tomábamos de pozo".

Margarita dice que se puede vivir con cierta tranquilidad en la aldea. Sin embargo, la gente está agotada. Todos quieren su casa definitiva luego. "Los baños fallan. El último invierno fue fuerte. Cuando llueve, se moja todo. El camino está con piedras. Para qué le cuento como tenemos los pies".

Estas incomodidades, sumadas a la información confusa que reciben sobre el futuro de sus soluciones habitacionales, es lo que tiene desesperadas a las personas de la aldea, explica Margarita. "Nos han mostrado unos terrenos cerca del mar, donde quieren levantar las casas. Pero no queremos porque quedamos traumadas con el mar. Yo hice todos los papeles del subsidio, los entregué pero me los han perdido".

Los hijos de Margarita le han dicho que viva con ellos, pero ella no quiere. "Las casas con dos dueñas de casa, no funcionan", explica. Tampoco va a aceptar el subsidio de arriendo que ofrece el Gobierno. "Me da miedo dejar la mediagua, a lo mejor después no me reconocen como damnificada. Yo quiero una casa, quiero morirme en una casa. No pierdo la esperanza. Yo voté por Piñera, y me gustaría decirle que igual debería apurarse un poco más esto. Pero si no pasa nada, en marzo a lo mejor vamos a tener una huelga", advierte.

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