Increíbles relatos de chilenos que sobrevivieron a experiencias extremas

El caso del chileno rescatado tras cinco días en Galápagos no es la única historia de supervivencia en los últimos años. Emol conversó con cuatro connacionales que se sobrepusieron a otras experiencias límites.

24 de Junio de 2012 | 19:10 | Por Eric Ulloa Morales y Natacha Ramírez, Emol

SANTIAGO.- Cinco días pasaron para que el economista chileno Felipe Bravo (31) fuese encontrado en el cerro Croker, de la isla Santa Cruz, Ecuador, luego de extraviarse el 12 de junio pasado mientras realizaba una excursión en solitario en medio de un viaje a las Islas Galápagos.


Ese día acababa la intensa búsqueda de más de cien personas y, de paso, se conocían detalles de cómo superó la falta de alimentos y de líquidos: las frutas, insectos y cactus de la zona fueron clave en su travesía.


Pero, el caso de Bravo no es la única historia de sobrevivencia. Emol conversó con cuatro chilenos que se sobrepusieron a un huracán, a la caída de un avión, a temperaturas bajo cero y a un accidente de escalada.


Huracán Katrina y lo peor del ser humano


Pamela Patricia Vásquez Rozas (45), odontóloga de profesión, era becaria del programa Hubert Humphrey y estudiaba en Nueva Orleans, cuando ocurrió uno de los eventos climáticos más devastadores de EE.UU.


"Era fines de agosto y se sabía que venía el huracán Katrina. Estábamos bajo zona de emergencia y con la obligación de evacuar, pero me resistí hasta el último a salir del edificio. Cubrí los vidrios con colchones y me encerré en un clóset. Ya a oscuras me enfermé de la guata. Transpiraba por el miedo. El fenómeno vino como a las 05:00 de la madrugada. Explotó todo. Paró de llover a las 6 de la tarde, pero no sabía que los diques del lago Portchtrai se habían roto y que la ciudad comenzó a inundarse".


"La mañana de lunes subí al techo para que los helicópteros nos sacaran (estaba junto a tres vietnamitas). Hice señas, puse carteles, pero ni me inflaron. Así estuve hasta el jueves. Sin agua y con sólo una lechuga, un huevo duro, un paquete de maní y unas gotas de lluvia que alcancé a juntar en ollas. Mis necesidades las hice en una botella".


"Sin saber hasta cuándo duraría y como ya había cundido la desesperación y el caos decidí salir de ahí. Pasaron dos hombres en un bote y me ofrecieron llevarme al estadio (refugio), pero me dí cuenta que en realidad iban hacia otro lado. Aproveché entonces que pasamos cerca de la autopista y me lancé al agua. Llegué hasta un camión satelital de la cadena FOX y como a las 05:00 AM me entrevistaron y conté todo, pero la bruta no dije mi nombre. Una señora, a la que debo haberle dado pena, me acogió en su casa. Se consiguió un bus con un pastor que nos llevó a un McDonald's, mi primera comida en cinco días, y luego al albergue, donde pude reencontrarme con mi esposo.


"Fue una experiencia fuerte, por eso la conté (en el libro Sobreviviendo al huracán Katrina: Una experiencia límite). Ver que había gente que no podía escapar, como una mujer con obesidad mórbida que resignada sabía cuál sería su destino, o cuando uno de los boteros que me llevaron en el bote dijo 'pisé un cadaver'. O los ratones que parecían gatos. Me tocó vivir ver lo mejor y lo peor del ser humano".


La muerte de un héroe y la compañía de un perro


Víctor Alejandro Suazo Eugenin (26) es cabo segundo de la 4ª Comisaría de Carabineros de Chaitén. El 7 de junio de 2008 abordó la avioneta Cessna Grand Caravan 208 pilotada por Nelson Bahamondes, en la que viajaban además otras ocho personas y un perro. Ese día, lo que se vislumbraba como un vuelo tranquilo, terminó en tragedia.


"Salimos a las 13:20 horas desde Puerto Montt hacia el sector de La Junta. Íbamos a unos 3 mil pies de altura y nos metimos a unas nubes donde no teníamos visibilidad para ningún lado. De repente, impactamos contra un cerro y quedé inconsciente. Cuando desperté sólo veía las alas rotas, sentía mucho olor a parafina, escuchaba quejidos y veía a los pasajeros heridos. Sacamos como pudimos a don Nelson del avión. Tenía el rostro desfigurado, las costillas rotas y fracturas expuestas en las piernas. Ahí recién nos vino la preocupación de qué iba a pasar con nosotros. Sólo teníamos dos paquetes de galletas, que nos alcanzaron para el primero de los cuatro días y unas bolsas ziploc en las que juntábamos agua nieve".


"Al segundo día, vimos que aviones de la FACh, del Ejército y Carabineros nos buscaban. Era una angustia terrible ver que pasaban por arriba nuestro y no nos veían. Intentamos quemar algún árbol, pero estaban congelados. Después papeles, pero el humo no lo veían. Para abrigarnos cortábamos partes de los asientos y las poníamos en las piernas y los brazos de los más heridos para que resistieran los -15°C. Pero don Nelson no resistió".


"Clifford, el perro que era de mi hermana Camila, fue fundamental para soportar el frío. Se quedaba a los pies de nosotros. La coincidencia es que él también tiene su propia historia: cuando vino la erupción del volcan Chaitén mi familia lo dejó amarrado y con comida y agua, pensando que retornaríamos de la evacuación a lo más en una semana. Pero pasó un mes y medio. Lo dieron incluso por muerto". El accidentado viaje se produjo precisamente cuando él y su padre habían viajado a buscar a su mascota.


Atrapado a 20 metros de altura


Va en 5° año de Construcción Civil. Sebastián Rojas, pese a sus 22 años, cuenta con una amplia experiencia en montañismo. Pero, su práctica no lo ayudó el 21 de marzo de 2011, cuando quedó colgando a 15 metros de altura durante 20 horas en el Cajón del Maipo, haciendo recordar la película "127 horas" sobre el caso de Aron Ralston, el escalador que tras estar atrapado cinco días decidió amputarse él mismo el brazo aprisionado.


"Estaba escalando con una amiga y al momento en que acomodaba un seguro para la primera ruta se me resbaló el pie derecho y se me atascó el pie izquierdo en una grieta. Fue un resbalón de no más de 10 centímetros, pero no pude sacar la rodilla nunca más. Intenté forzarla, pero no salía. Justo llegaron otros amigos que venían más atrás y ellos dieron aviso de lo que me había pasado".


"No era cómoda la posición y la pierna se me empezó a inflamar. Aunque traté de mantener la calma y no pensar mucho, igual me bajó la angustia en un momento, pensé que iba a perder la pierna, recordando la película. Un arnés de seguridad era el único soporte que tenía. Mis amigos trataban de mantenerme despierto y tranquilo, hasta que llegara el traumatólogo, que tuvo que anestesiarme para desencajarme la rodilla y sacarme. Y todo lo hacía mientras trabajaban las máquinas en la roca".


"He vuelto varias veces. Cuando paso por la grieta digo '¡cómo caí ahí, cómo tan tonto!'. Si resbalé no más de 10 centímetros. Pero el montañismo siempre tiene situaciones de tensión, que uno aprende a manejar con el tiempo".


Congelado hasta las uñas de los pies


Alexander Faret Fifcher (25), estudiante de ingeniería en informática, salió el fin de semana último como tantos otros a ascender en solitario alguna cumbre de la Región Metropolitana. Esta vez, el cerro Provincia, en el sector de Las Condes, fue el elegido.


"Subí con 25 grados y después de eso el tiempo empezó a empeorar, a medida que iba subiendo el cerro había más neblina. Después de 5 horas y media llegué a la cumbre con visibilidad de dos a cuatro metros y vientos de 60 km/h. El problema es que no encontré el refugio. Eran como a las 5 y media de la tarde y llamé a Socorro Andino para saber las coordenadas, pero no nos entendimos. Así que decidí quedarme ahí".


"Bajé un poco hasta las rocas, porque había harta nieve y seguía cayendo. Decidí quedarme, pese a que andaba sólo con un saco de dormir. Me acerqué a dos rocas e improvisé un campamento. Me puse en posición fetal con el viento y la nieve de frente. Llamé de nuevo como a las 22:30 y les comenté lo que había hecho. Ellos de inmediato enviaron una patrulla para ayudarme. Llegaron a las 06:50. El tema es que habían -10 a -15 grados, según marcaba el termómetro. No pasé hipotermia, pero a pesar de que tenía tres calcetines tuve que dormir a pie pelado para no impedir la circulación de la sangre".


"Estaba tranquilo, porque tenía comida y líquido, pero el frío era el problema, insoportable. Si hasta los guantes se me volaron. Más encima se acabó la batería del celular. Cuando llegó Socorro Andino en la mañana nos fuimos al refugio, que estaba a 400 metros de mí. Luego de calentarnos, aprovechamos una ventana de 20 minutos de buen tiempo, pero cuando bajábamos el cerro se cerró de nuevo y peor, con más frío. Las condiciones climáticas eran pésimas. Tuvimos que montar otro refugio hasta que el lunes llegó el helicóptero del GOPE y nos sacó".

Los tips de supervivencia del doctor que fue al Everest

El Dr. Sebastián Irarrázabal, médico deportivo de la Universidad Católica, acompañó a la última expedición chilena al monte Everest y, junto al resto del equipo, alcanzó la cumbre más alta del mundo. Aquí, entrega una práctica guía para actuar en este tipo de casos:

-Conservar la energía: Lo primordial es conservar la mayor cantidad de energía posible, pues no se sabe si se volverá a consumir calorías. Por esto es fundamental mantener la calma y no hacer esfuerzos excesivos.

-No moverse del lugar: La gran mayoría de las veces cuando una persona está
perdida es mejor que se quede en el mismo lugar, ya que eso facilita la búsqueda. La única razón para moverse es que nadie sepa del extravío o que no haya ninguna posibilidad de que los rescatistas lleguen a ese lugar.

-Protegerse del ambiente: Se debe ubicar un lugar seguro y armar un refugio, utilizando los elementos disponibles en el lugar. En el desierto es fundamental protegerse del calor y hallar un sitio con sombra y ojalá con un poco de vegetación. En la cordillera hay que guarecerse del frío, idealmente dentro de una cueva, que es lo que otorga más protección. Mientras que en la selva hay que buscar un lugar en altura, como los árboles.

-Señales de auxilio: Una vez que la persona se refugie, debe procurar dejar alguna señal que indique que está ahí o, de lo contrario, los rescatistas podrían pasar cerca y no advertir su presencia. Algo muy útil es encender una fogata, en lo posible utilizando madera húmeda, ya que produce mucho humo. Mientras que en la arena del desierto y en la nieve se pueden dejar mensajes gigantes, como "S.O.S.", para que sea visto a distancia.

-Hidratarse: Es más prioritario que alimentarse, ya que se vive menos tiempo deshidratado que sin comer. En los bosques casi siempre hay riachuelos al fondo de las quebradas. También se puede obtener el agua de la lluvia o árboles, como cactus, y de los tallos verdes de las plantas. En la cordillera es útil derretir nieve, pero se debe ingerir agregándole sal o podría ocasionar diarrea. Mientras que al agua de mar se le puede extraer la sal mediante un proceso de evaporación. En caso extremo se puede beber la la propia orina, que no es dañina.

-Conseguir alimentos: En caso de tener provisiones, se deben racionar, procurando guardar un poco de cada grupo de alimentos, especialmente grasa y carbohidratos, ya que tienen mayor valor calórico. Si no, se deben comer desde insectos, que aportan proteínas y un poco de líquido, hasta vegetales.

-Hacer fuego: Aunque no es vital, entrega muchas ventajas en estos casos.

-Mantener la mente ocupada: El aspecto psicológico es fundamental, por esto se debe procurar mantener la mente ocupada, como en las tareas antes mencionadas, fijándose pequeñas metas.

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