Cheyre: "Jamás he ocultado mi pasado ni he dejado de asumir mis responsabilidades"

El ex comandante en jefe del Ejército en entrevista con El Mercurio respondió las dudas sobre el caso de un menor de dos años que fue entregado a un convento de monjas en 1973, luego que una patrulla militar matara a sus padres.

20 de Agosto de 2013 | 13:28 | Emol
Macarena Pérez, El Mercurio

SANTIAGO.- Tras los cuestionamientos planteados por Carlos Peña sobre la participación del ex comandante en jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, en la entrega de un menor de dos años a un convento de monjas en 1973, cuyos padres -el argentino Bernardo Ledjerman Konujowska, y la mexicana María Ávalos Castañeda- fueron asesinados por una patrulla militar en La Serena, el general (r) respondió en una entrevista con el diario "El Mercurio".

El actual presidente del Consejo del Servicio Electoral aseguró que "en estos y todos los hechos de mi vida, jamás he ocultado mi pasado y tampoco he dejado de asumir mis responsabilidades, enfrentando incluso aquellas que estimé no habían sido enfrentadas por otros en la trágica historia de Chile".

"Estoy de acuerdo en que, como hombre público, ese pasado no es solo cosa mía ni de mi conciencia", continuó el académico de la Universidad Católica y añadió que "en este triste hecho y otros acaecidos en La Serena mi actuar ha sido permanentemente sometido al escrutinio público a través de largas páginas de medios escritos, electrónicos y televisivos por más de una década, y de las investigaciones judiciales de rigor, sin jamás aceptar fuero alguno".


El general (r) recordó que el caso judicial se encuentra cerrado y ejecutoriado por la Corte Suprema, "y quienes resultaron responsables han sido condenados". Adicionalmente, agrega, estando en retiro se reunió con el hijo de la pareja, Ernesto Yoliztly Lejderman Ávalos, en un encuentro solicitado por el abogado Héctor Salazar.


El relato de diciembre de 1973


"El 8 de diciembre de 1973, con 25 años y siendo teniente, estaba destinado en La Serena como ayudante del comandante del regimiento, aunque más fundamentalmente ejercía como ayudante del intendente y desligado totalmente de la función operativa. Al regimiento llegó ese día una patrulla que traía a un niño de unos dos años. El comandante me transmite el relato de la patrulla, que es hijo del matrimonio que componían el argentino Bernardo Lejderman y la mexicana María Rosario Ávalos, quienes se han suicidado con dinamita cuando estaban siendo perseguidos por esta patrulla, cuya misión era detenerlos". Así comienza el detallado relato de los hechos de esa época que el general (r) Cheyre hizo a "El Mercurio".


Y añade: "Me dice que ya ha tomado contacto con el arzobispo de La Serena, monseñor Francisco Fresno, y me ordena buscar un convento de monjas que acoja al niño mientras él inicia los contactos con las embajadas de Argentina y México -países de origen de sus padres- para buscar a sus abuelos. Lo limpié, y de inmediato llevé al niño -jamás 'fue retenido en el regimiento'- al convento, previo conversar con monseñor Fresno. El contacto entre el comandante y monseñor Fresno era frecuente, y a mí me correspondía asistir a algunas reuniones con un grupo de civiles que habían conformado y que abogaban por normalizar la situación y apoyar a gente que sufría. Se parecía a la idea que posteriormente implementó como arzobispo y cardenal en Santiago, de encontrar caminos de entendimiento y relaciones armónicas a nivel de personas comprometidas con el respeto a los derechos humanos y la protección de personas".


"Esa fue la verdad oficial que yo conocí en La Serena y que se mantuvo, según tengo entendido, hasta el año 98, en que se inició un proceso por denuncias acogidas por los tribunales. Hasta esa fecha jamás supe de antecedente alguno que me hiciera dudar de la versión oficial que se me comunicó el 8 de diciembre de 1973, causándome un impacto que nunca olvidaré al ser informado que una madre y un padre se habían suicidado colocándose cargas al estar siendo alcanzados por una patrulla, dejando a un niño abandonado".


-¿Por qué se le encomendó a usted esa tarea?


Estaba ahí con el comandante Ariosto Lapostol cuando llegó la patrulla, era su ayudante y tenía un canal directo con monseñor Fresno.


-Luego de entregar al niño en el convento, ¿qué más supo de él o de lo sucedido con sus padres?


No volví a saber nada, solo conocí los esfuerzos realizados por el comandante para que las embajadas de Argentina o México concurrieran a La Serena para enfrentar el tema, hecho que tomó meses. Tengo la certeza de que el comandante y el arzobispo hicieron, en ese momento y posteriormente, todo para que nada dañara al niño más de lo que ya había sufrido con la muerte de sus padres. La investigación y el fallo dan pormenorizada cuenta de la preocupación que hubo en ese sentido y en detalles para ubicar a su familia para ponerlo a su cuidado lo antes posible.


-¿Cumplió un rol similar en otros casos como este?


No, este caso fue único para mí. Nadie ocultó ni su nombre ni su identidad, los que transmití, así como la trágica muerte de sus padres, a monseñor Fresno. Eso llevó a que la justicia, cuando pudo actuar, aclarara los hechos en toda su crudeza.


-¿Cuándo supo de la verdad sobre la muerte del matrimonio Lejderman Ávalos?


Luego de iniciarse el proceso en 1998, cuando concurrí a prestar declaraciones en las oportunidades que fui requerido. Este caso tuvo distintas instancias judiciales y un fallo final de la Corte Suprema. No se me imputó nunca nada, porque mi única acción fue ejecutar la orden de entregar al niño al convento, solo conociendo la versión oficial que se nos dio durante más de una década.


-¿Cómo se enteró de que ellos no se habían suicidado?


A través del proceso al que tuve acceso y, posteriormente, con el fallo. En lo personal, el hecho me conmovió y me conmueve, marcando profundamente mi vida y mis actos cuando, teniendo los cargos que asumí, se me develó una verdad que había sido tergiversada por décadas por una versión oficial de la cual nunca tuve ningún antecedente para dudar de ella. Este episodio me ayudó a reforzar la certeza de que era una tarea fundamental en procesos como los vividos en Chile, rescatar la verdad como valor supremo y el recto actuar de los integrantes del Ejército para recuperar la confianza de todos los chilenos. Me comprometí con decisión y actos concretos que dan cuenta de ello.


"Se me develó una verdad que había sido tergiversada por décadas por una versión oficial de la cual nunca tuve ningún antecedente para dudar de ella".

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