Raúl Troncoso: Su última entrevista

En octubre recibió a "El Sábado" de "El Mercurio", en una conversación en la que abordó descarnadamente su enfermedad.

28 de Noviembre de 2004 | 15:00 | El Mercurio en Inernet

La salud de Troncoso se fue deteriorando progresivamente.



SANTIAGO.- La revista "El Sábado" publicó el 30 de octubre la que puede haber sido la última entrevista de Raúl Troncoso a un medio de circulación Nacional.

En ese entonces, se refirió descarnadamente a su enfermedad y también abordó las distintas etapadas de su vida.

La siguiente es parte de la entrevista que le realizó la periodista Paula Coddou B., en la que Troncoso dijo que estaba preparado para la muerte:

Hace dos semanas, sus trece nietos le pidieron a Raúl Troncoso tener una conversación con él. Se juntaron en la casa de su hijo Ignacio, en Huechuraba. Estaba toda su familia. Él les dijo: "Miren, estoy enfermo, tengo cáncer, pregúntenme lo que quieran". Y comenzaron a hacerlo. Le preguntaron qué es lo que sentía, si tenía pena, miedo. Y de repente un nieto de 10 años, hijo de su hijo mayor, Raúl, se puso a llorar: "Yo no quiero que te vayas, Tata", le dijo. "Yo le expliqué lo que yo sentía, le dije que la muerte era un paso natural, una separación transitoria".

Troncoso lo va contando con una sonrisa en su boca, una sonrisa que resalta más ahora que está mucho más delgado.

-­¿Usted siente que se está despidiendo?

­No, siento que la vida y la muerte son un continuo. Y éste es un saltito que uno se pega. Yo les he dicho que es una enfermedad grave, que es incurable, y que es impredecible la fecha en que pueda producirse.

El cáncer que le detectaron en diciembre pasado, que hizo que le extirparan la mitad del estómago, y que hoy le ha dado a sus días incertidumbre, lejos de angustiarlo, asegura, lo tiene repasando su historia. "He sentido mucha emoción en hacer un recorrido por mi vida". Una vida que comenzó hace 69 años, y que incluye 46 años de matrimonio con Josefina Keymer, cinco hijos, tres períodos como ministro de Estado, un tiempo de embajador en Roma, y otro como empresario, más su profesión de abogado, a la que llegó por recomendación del padre Hurtado, ­su amigo en sus últimos años en el colegio San Ignacio­, y una figura que lo marcó. La otra, sin duda, fue Eduardo Frei Montalva, quien le pidió ser su ministro Secretario General de Gobierno cuando Troncoso tenía 29 años. Se quedó con él los seis años de su administración.

Está sentado en su escritorio que, como el de todo buen político, da cuenta de su paso por el poder. Hay fotos con el Presidente Frei Montalva, de frac, y con Eduardo Frei Ruiz- Tagle; una dedicada de Patricio Aylwin y otra de Gabriel Valdés, porque Troncoso es democratacristiano desde siempre. Hay otra que lo muestra con el Papa y una de cuando vino la reina Isabel a Chile.

El lugar está lleno de libros y varias mesitas plegables hablan de las tertulias que aquí se arman. En una de ellas Troncoso acomoda una taza de té y unas galletas, lo poco que puede comer desde hace un mes y medio, cuando el cáncer se le complicó y su doctor lo dejó con alimentación parenteral.

"A veces llego a soñar con ir a un restaurante italiano y comerme unos fetuccini, y me vienen unos ataques de hambre salvajes", cuenta.

La enfermedad lo tiene pesando 54 kilos en vez de sus tradicionales 78. Cuando se levanta para alcanzar un libro, se le nota la delgadez. Pero cuando habla, con su clásico modo pausado, es el hombre de siempre, al que muchos vieron como un poder en la sombra durante el gobierno de Frei Ruiz Tagle, con quien lleva varios días sin hablar.

El sobreviviente

No es la primera vez que Raúl Troncoso tiene un aviso nítido de que la vida se termina. En 1991 estuvo a punto de morir a raíz de una embolia pulmonar que tuvo a causa de una taquicardia.

"Me sacaron del cajón, prácticamente", cuenta. Era embajador en Roma y una tarde de enero estaba viendo televisión cuando se empezó a asfixiar. Le indicaron una operación en la ciudad de Maastricht, con resultado incierto. Tres días después de ésta, tuvo una experiencia que lo marcó: "Estaba sentado en un sillón, y de pronto me encontré con la cabeza entre las manos, los ojos cerrados. Sentí que mi dolor, mi sentimiento de muerte se encontraban con una fuerza de amor, de paz, de luz. Me abandoné a ella totalmente y pude decir: 'Aquí estoy, dispón de mi vida cuando quieras". Pasaron 20 minutos, abrió los ojos y le contó a su mujer.

Unas horas después un auxiliar médico que lo monitoreaba le dijo que ya estaba bien. Lo dieron de alta al día siguiente, y pudo estar a la bajada de la escala, "flaco como pellejo", esperando al Presidente Aylwin, que llegaba de visita a Roma.

Recordando ese episodio, Troncoso dice que en ese momento tuvo la oportunidad de entregar la vida. Y por eso ahora, que está con cáncer, ha hecho lo mismo: "Señor, hágase tu voluntad".

­¿Le ha pedido al padre Hurtado por su salud en estos días?

­Yo no he pedido mejorarme. He pedido que se haga la voluntad de Dios. He vivido durante estos 10 meses, desde que me descubrieron el cáncer, un tiempo maravilloso de reflexión. Es una gracia. He ido en una curva ascendente de relación muy profunda con Cristo en mi interior. Y cuando supe esto, no me choqueó".

La noticia se la dio un examen, que arrojó que tenía una linitis plástica del estómago, "que es bastante fregada". Pero desde que lo supo, agrega, "he podido tomar conciencia de todo lo recibido". Habla con emoción, los ojos le brillan pero no porque quiera llorar, sino porque tiene una chispa que es pura vida. Aunque esté muy pálido, aunque le queden más grandes los pantalones.

­¿No les ha escondido a los que quiere su verdadero estado de ánimo?

­No. Y no he tenido ningún estado de angustia ni de tristeza hasta este momento. De miedo a la muerte, cero. Porque siento que estoy preparado para la muerte. Veo esto como un proceso natural, y he encontrado en mi mujer un apoyo que es la culminación de una vida juntos.

Los doctores no le han dado pronósticos de tiempo. "El cirujano que me operó me dijo sí: 'No se va a morir en cinco días más, pero yo no le garantizo cinco años'. Claro, es fuerte".

Toma una taza de té y sigue repasando su vida. Está ansioso de dar un testimonio. Asegura que pasó en La Moneda ocho años de su vida, pero que jamás aspiró a un cargo. "Me puse donde me pidieron que me pusiera. Por eso coincido mucho con el gordo (Insulza) sobre ese tema".

Después que terminó el gobierno del Presidente Frei Montalva, Raúl Troncoso estuvo en su oficina de abogados con José Florencio Guzmán. La tiene hasta hoy, en Asturias con Renato Sánchez. Era el comienzo de los setenta y él se consideró siempre un opositor a Allende.

"El 4 de septiembre de 1970 iba saliendo de La Moneda, cuando ya habíamos entregado el resultado de la elección presidencial, y me encontré en la galería de los presidentes con Frei. Estaba la luz apagada y él, completamente deshecho. Me tomó un brazo y comenzamos a dar vueltas por la galería. Me dijo: 'Mira, esto es tremendo', y me anunció todo lo que iba a pasar".

"Si yo hubiera tenido una grabadora y te la pusiera aquí ahora, se te pondría la carne de gallina. Fue exactamente lo que pasó. Pero Frei nunca tuvo una actitud golpista. Él sabía intelectualmente lo que iba a pasar", relata.

Veinticuatro años después del golpe, Raúl Troncoso ocuparía la cartera de Defensa, lo que marcó su entrada al gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, el 16 de enero de 1998. Frei llamó a Troncoso y le ofreció el cargo. El era director del Banco del Estado, lo había puesto ahí Aylwin.
EL COMENTARISTA OPINA
¿Cómo puedo ser parte del Comentarista Opina?
Comentaristas
PUBLICACIONES DESTACADAS
Más me gusta
Más comentarios
Más seguidores