John Rossant, el señor de las nuevas ciudades… y del Foro de Davos

Creador de la New Cities Foundation, es además el presidente ejecutivo de la empresa responsable de la producción de los principales foros del mundo, entre ellos la reunión anual de Davos.

09 de Diciembre de 2013 | 14:56 | Sebastián Campaña, Emol

John Rossant durante su participación en el foro de innovación en Tokio.

TOKIO.- John Rossant  tiene 58 años. Vive en París, aunque es neoyorkino. Y le gustan las grandes ciudades del siglo 21, pero se pasa el fin de semana en su casa de la campiña francesa. Eso, cuando no está viajando por alguna urbe del mundo hablando de una de sus pasiones: La organización que fundó hace cuatro años, New Cities Foundation, con sede en Ginebra y con grupos de trabajo en Asia, América Latina, Estados Unidos y Europa.


Fue esta fundación la que lo llevó a impulsar un proyecto en Brasil (e-Health, su nombre en inglés) que aplicó salud con tecnología a los habitantes de las favelas de Río de Janeiro. La fórmula es simple: soluciones tecnológicas para mejorar la vida de las personas. 


Fueron 18 meses del plan piloto que  -según su balance- permitió reducir drásticamente los tiempos de entrega de análisis de sangre y mejorar la capacidad de diagnosticar enfermedades, entre otros logros.


"Queremos convertir las ciudades en mejores lugares para trabajar, para vivir; pensamos en cómo nos unimos colectivamente para promover la innovación con ese objetivo", señaló de paso por Tokio, Japón, durante el reciente Foro de Innovación de Bussines Ericcson sobre las llamadas "smartcities".


Y a pesar de la sobrepoblación urbana, el colapso en el tráfico y la contaminación, Rossant no cree que el modelo de las ciudades esté en crisis… a pesar de que él mismo advierte que para el 2050 el 70% de la población mundial vivirá en ellas.


Uno de los focos de New Cities Fundation es justamente la congestión urbana. Rossant relata que hace dos años se reunió en Estocolmo con ejecutivos de la empresa Ericcson "y nos centramos en el tema de los desplazamientos de la casa al trabajo". Ese año se lanzó un proyecto en San José de California, Estados Unidos, donde evaluaron el impacto en el tráfico de dos aplicaciones en smartphones: Waze en automovilistas (usada ya en Chile) y Roadify para los usuarios del transporte público. Estudiaron sus interacciones y también los compararon con aquellos "no conectados" y la conclusión es simple y directa: estas herramientas están siendo subutilizadas (informe en inglés de las recomendaciones).


La fundación entrega un premio anual para promover la mejor aplicación móvil urbana del mundo.


Su visión es que la gente va a seguir migrando a las ciudades "porque están las oportunidades, creatividad y dinamismo económico" y no ve nada malo en ello: "Tener un millón de personas en el campo es mucho menos sostenible que tenerlos en la ciudad. En Japón y Alemania, donde hay un envejecimiento de la población, es mejor tener a esas personas donde están los servicios, justo al lado".


"Si yo tuviera 70 u 80 años –señala el periodista-, quisiera estar donde hay otras personas de edad y bajar las escaleras para ir al pequeño restaurante y la tienda de comestibles, así que la ciudad tiene mucho sentido para las personas", enfatiza.


Y da como ejemplo la misma ciudad de Tokio. "Tiene un transporte público muy eficiente, hay treinta millones de personas sólo aquí, que es más que en la mayoría de los países y sí, hay retrasos, pero Tokio es muy sostenible y el nivel de vida es excelente", destaca.


Cree que el principal problema de las ciudades no es material, sino la burocracia y la corrupción. Y por eso Rossant en su discurso enfatiza la importancia del estado de Derecho, que las instituciones funcionen: "Si tienen jueces y políticos corruptos, no pueden desarrollarse económicamente y las empresas no invierten porque no hay ninguna viabilidad ni garantías de que se respeten los contratos".


"En los países en desarrollo los problemas urbanos son particularmente graves. Trabajamos activamente en Brasil, por ejemplo, o Nigeria o la India, porque tenemos que conseguir las condiciones de un estado de Derecho. La fundación no sólo se trata de la tecnología; la tecnología por sí sola no va a resolver los problemas de Sao Paulo", resalta.


Aunque da ejemplos de que la tecnología en las zonas más pobres del mundo está cambiando las cosas. Relata que en el este de África, Kenia, "donde estamos hablando de gente muy pobre, usan sus teléfonos para averiguar cuándo es el ciclo menstrual del ganado hembra: ahora saben cuándo van dar leche, cuándo van a parir y mejora toda la actividad".


O cita el caso de India, donde "los agricultores saben al instante con un teléfono barato el precio del trigo, el precio de la cebada en el mercado, lo que es una revolución que está cambiando el mundo".


El ADN de las ciudades


John Rossant tuvo una exitosa carrera de periodista que lo llevó a los países árabes y Europa donde llegó a ser el editor en Europa de la Bussines Week. Desde allí pasó a ser presidente ejecutivo de PublicisLive con sede en Ginebra, la compañía global de gestión de eventos responsable de la producción de las conferencias internacionales más prestigiosos del mundo, entre ellas la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza.


Desde esa perspectiva, no le gusta el estereotipo de países del primer y del tercer mundo y ve que en Estados Unidos hay áreas rurales con muchos problemas como que en países en desarrollo hay zonas muy avanzadas.


"Brasil es como EE.UU., tenemos áreas enormes y la gente cree que va a ser así para siempre. Están acostumbrados a tener sus propias casas y un estilo que crea una identidad particular por lo que Sao Paulo, Río de Janeiro  o Nueva York nunca serán como Tokio", dice.


Por eso admite que en Tokio son capaces de diseñar para el futuro nuevos barrios para 500 personas compartiendo espacios comunes, pero que aquello es impracticable en zonas como América Latina: "Cada ciudad tiene su propia identidad y ADN. Los japoneses tienen una larga tradición de ser una gran población y una pequeña isla por lo que están acostumbrados a vivir juntos, es una cultura muy homogénea", declara.


"No hay una solución para la ciudad del futuro –plantea-. Habrá muchas soluciones, pero con seguridad habrá cosas comunes a ellas: buenos servicios de salud, buen transporte  y protección ante las catástrofes ambientales. Creo que una ciudad tiene que tener un muy buen ambiente donde la gente se sienta libre para crear empresas y expresarse libremente".

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