Dieciocho a lo lejos

18 de Septiembre de 2004 | 15:30 | Amanda Kiran
Esta columna empezó contando sobre un asado. Después cambió y hablaba sobre la historia de un restaurante una amiga, su marido y más anécdotas de ese Dieciocho. Pero después sentí la necesidad de hablar sobre las ganas locas de subirme a mi auto para transportarme luego a la playa donde el 18 esperaba por mí.

Y también hablar sobre las cientos de llamadas previas, que se efectúan antes de estas fiestas. Las miles de llamadas que deciden donde será el asado más grande, para el cual debemos asistir todos.

Y así empezar a hablar sobre lo que significa este feriado. Lo que se siente celebrarlo y los miles de sentimientos que trae y atrae. Pero todo se fue a la basura. Es que me llegó una carta.

Una carta dieciochera.

La recibí un poco antes de partir. Justo antes de entender realmente lo que implica una fecha tan significativa para todos nosotros. Para todos los chilenos.

Una carta que realmente aleja de la vista todos los fines políticos que se esconden tras este feriado, haciendo desaparecer las protestas y huelgas que hay por aquellos que no quieren (ni deben) trabajar este fin de semana, y olvidando las disputas constantes de las noticias y sus animadores, por aparecer como los mas justos o con las mejores opiniones.

En mitad de esta bulla me llegó esto: “Querida Amanda, te tengo que contar algo. Algo que me pasó justo hoy en la mañana, despertando. Me pasó en la mitad de mi felicidad que me hizo llegar hasta esta tierra, la cual de pronto me hizo olvidar que llevo demasiado tiempo lejos de la mía...

¿Y sabes cómo me di cuenta?

Cuando me desperté con una melodía en la mente, y me di cuenta que la melodía es la canción de mi himno nacional, esa que en vez de avergonzarte o hacerte pensar en alguna broma, te hace cantarlo en serio, tratando de recordar la letra, tratando de no cometer ningún error, y de pronto te ves envuelta en la mitad de él y reconoces cada párrafo que sigue y logras llevarlo al final y sonríes satisfecha contigo misma.

Entonces reconoces la fecha. Es 16 de septiembre y de puras impresiones ves la necesidad de viajar a Chile, de tocar tu suelo, de ver a la familia y a los amigos. De tener la soltura y naturalidad de poder abrazar y dar un buen beso al saludar a alguien. Poder ver la cordillera (que se extraña tanto) si el esmog lo permite. Escuchar canciones en castellano en la radio, darle propina a cada estacionador de auto. Ver perros vagando por las calles, escuchar las campanas del heladero, comprar marraquetas frescas, encumbrar un buen volantín de papel o sentir el olor a cebolla justo antes de comprar tu empanada. Echar carreras con las micros y los taxis, escuchar una cueca de vez en cuando o que al ir caminando por la calle escuches a dos amigos que les rebota el “huevón”. Y lo más importante, tocar la bocina hasta reventar celebrando las medallas olímpicas”.

Podría seguir contando todo lo que ella me escribió, podríamos llegar a entender lo que se siente estar lejos de Chile para un 18 de septiembre, pero no se puede. Eso hay que vivirlo.
Son cientos y miles de chilenos los que respiran este aire.

Para todos ellos, especialmente para todos mis amigos que están lejos este 18, y para la Xime, que inspiró y ayudó a escribir esta columna, les deseo unas felices Fiestas Patrias.

Y que VIVA CHILE MIERDA!!


Amanda Kiran
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