Viña 2008: Lo bueno, lo malo y lo repudiable del Festival

Regresaron la devoción y las pifias. Los bochornos nunca se fueron. El monstruo despertó. Un nuevo Festival ha concluido, y en Emol nos lanzamos a la tarea de resumirlo.

26 de Febrero de 2008 | 13:57 | El Mercurio Online

VIÑA DEL MAR.- Esta madrugada, con Wisin & Yandel tocando hasta cerca de las 3:00 de la mañana, se acabó el Festival de Viña 2008. Como siempre, es la hora del balance, en el que aparecen ganadores, perdedores y los que dieron vergüenza ajena.


El último Festival de Ricardo de la Fuente como director del certamen, deja algunas tareas pendientes a su sucesor -cargo para el que Vasco Moulian parece correr con ventaja-, mientras que lo extra artístico también aparece dejando marcas en la historia de la edición número 49 de las seis noches de fiesta.


Son diversas las caras que esta vez volvió a ofrecer un certamen que, aunque año a año es vilipendiado por especialistas de discutibles pergaminos, no vamos a negar que le pone sabor a febrero. Antes de volver a la rutina diaria, démonos una última dosis de Festival. Acá va el balance de Emol.


Lo mejor. Si el Festival de 2007 es recordado por el impactante show de Tom Jones, el de este año debería quedar marcado por la actuación de Nelly Furtado. La cantante canadiense escogió Viña del Mar como escenario para debutar en vivo en Chile, en plena vigencia, con un reconocimiento mundial y con un show de calidad. Y, para mejor, llegó sin aires de diva y asegurando que toda su vida había querido estar en Viña (¡!). El público la aclamó y ella se fue con una frase para el bronce: "Pondré la Gaviota junto con mi Grammy".


El fenómeno. Con su estampa de profeta, Marco Antonio Solís fue el único artista que generó esas escenas perdidas en Viña: Fans subiendo al escenario, el público coreando sus canciones hasta las lágrimas y una histeria femenina sin edad. Gracias a las pifias que más tarde recibirían Salomón y Tutu-Tutu, esa noche de domingo quedará recordada como aquella en que el Festival volvió a ser el Festival.


Mató. Fue la estrella que se consolidó en Viña. Con una rutina delirante, Stefan Kramer demostró que además de buen comediante e imitador es un artista que puede bailar, cantar y manejar a su antojo a un público masivo. Si toma las decisiones adecuadas, lo espera un brillante futuro. De paso, su rutina fue lo más visto del Festival. Marcó 61 puntos entre quienes lo vieron por Canal 13 y TVN.


El Fracaso. Por piedad, el Monstruo no hundió a Salomón y Tutu-Tutu. Si bien lograron cierta sintonía con la audiencia en los primeros minutos de su rutina, tuvieron que dejar antes de tiempo el escenario, cuando se hizo evidente que, de seguir allí, lo que venía sería simplemente una lluvia de pifias. La vulgaridad de sus chistes fue excesiva para un público que se estaba sacudiendo el romanticismo de Marco Antonio Solís, y sellaron su suerte con diversas torpezas: Una absurda canción de la Abeja Maya, lentitud y reiteraciones excesivas, y el reconocimiento de su nerviosismo en plena actuación. Kurt Carrera y Pablo Zamora ya se han reinventado en otras ocasiones, pero los trajes del profesor y el pájaro deberán guardarlos por un buen rato.

Los nuevos aires de la Competencia. Siempre hay algún intérprete particular o extravagante en la competencia internacional, pero en esa materia este año estuvo particularmente fructífero. Como hace tiempo no pasaba, los competidores contaron con características extra musicales que lograron atraer la atención de la gente y los medios. Así vimos a un representante de España (Manuel Aranda) cuyos vestuario y actitud lo llevaron a ser bautizado como "Locomía"; dos hijos de figuras conocidas por los chilenos, como la intérprete de Estados Unidos (Colette Aguirre, hija del "Capitán Memo") y el de Perú (Jean Paul Strauss, hijo de la actriz Ana María Martínez); y dos representantes de países no tradicionales para la competencia, Estonia (con las atractivas Vanilla Ninja) y China (con la llamativa Qi Qige). Chile, en tanto, fue representado por un rostro familiar: la ex "Rojo" Carolina Soto. En tiempos en que la competencia tocó fondo en irrelevancia, todo vale para recuperarla. Este año quedó demostrado que el camino de los personajes puede funcionar.

Una reina cuestionada. Aunque moleste a los más puristas, en un Festival donde la frivolidad vende tanto como los artistas, la elección de la reina volvió a ser noticia. La ganadora fue Pilar Ruiz Dufay (el alias de Nielsen Ruiz Dufay), una modelo colombiana que se ganó el apoyo de la prensa masculina luego de un sensual baile de promoción. Pero rápidamente empezaron las críticas por su pasado como bailarina del cabaret Platinum. ¿Eso la imposibilita para ganar un concurso donde el destape está próximo a alcanzar los niveles de una película triple X? Parece que sí, porque se invirtió largo tiempo en rastrear su pasado. El tema incluso llegó a oídos de Investigaciones, que le hizo un control de identidad del que rápidamente se enteró la prensa. ¿Qué descubrieron? Que sus papeles estaban en regla. Y no perdió su corona.


El bochorno. Cuando parece que se acaba la capacidad de asombro en Viña, siempre surge algo que vuelve a descolocar. Esta vez fue Rocío Marengo, notera de "Viña tiene Festival" (TVN), quien vino a ocupar el triste lugar que Marlen Olivari ocupó el año pasado. La argentina casi arruina la coronación de Pilar Ruiz: Obligó a que la persiguieran para que devolviera el anillo de la soberana. La colombiana la acusó de hostigarla, y testigos dijeron que Marengo le hizo zancadillas, le levantó la falda y hasta intentó quitarle su corona. ¿Resultado? Terminó expulsada del Hotel O'Higgins, el mismo lugar donde hace dos años antes intentara boicotear la coronación de Tonka Tomicic. Demasiado.


El after hour. Sabido es que cuando las dinámicas televisiva y festivalera se mezclan, crean una combinación explosiva para los espectadores: Artistas que actúan dos horas, otros a los que les dan 40 minutos y números que salen a escena a las tres de la madrugada y alcanzan a estar al aire sólo por un par de canciones. Por eso la nota distinta la marcaron los "after hour" de Calle 13 y Juana Fe, quienes evidenciaron que es el público el que verdaderamente manda e importa. Que no son los asistentes a la Quinta Vergara los que deben pagar por las negligencias de los organizadores, y que éstos, mal que les pese, tienen que aperrar nomás. Cuando ya les apagaron las luces, ambos grupos decidieron seguir con la fiesta: Los puertorriqueños sobre el escenario, los chilenos fuera de la Quinta. Y ésos sí que fueron cierres.


Una elección cada vez más externalizada. Es el tema vinculado al Festival que más atención ha acaparado en las últimas temporadas y, a la vez, el que más cambios ha sufrido. En sus inicios, la reina del Festival siempre salía de alguna participante del certamen, ya sea artista central, intérprete de la competencia, integrante del jurado o animadora, reconocida por su simpatía y consideración con la prensa. Eso hasta 2003, cuando el propio Canal 13 engendró a la criatura, nombrando como candidata a Kenita Larraín. Entonces el eje cambió definitivamente. De forma progresiva la reina comenzó a ser una chica simplemente guapa, según los parámetros de la silicona, y sin importar su vínculo con el Festival. Pero este año ya se llegó demasiado lejos: La monarca fue una absoluta desconocida presentada por un sitio web para modelos, que se ubicó como favorita tras imponerse en un duelo de performances que tuvieron al atrevimiento como elemento central. ¿Qué se puede seguir esperando de esta contienda, que siempre tiene algo nuevo?


Descansemos un poco de ellos. Está bien que Miguel Bosé, Chayanne y Marco Antonio Solís funcionen, pero, ¿cómo no va a haber otros nombres para Viña? Los tres son de una efectividad probada e indiscutible, pero en su recurrencia hay cierta magia que se pierde. Sus actuaciones ya no generan la sensación de oportunidad única, algo que se exacerba sobre todo con Bosé y Solís, que en el último año han estado incluso de gira por el país. Vaya, entonces, una propuesta para los organizadores: Tráiganlos de nuevo, pero a partir de 2015. Déjennos respirar un rato.


Juéguensela con los anglo. Está bien que Peter Frampton, Kansas o Toto activen mejor o peor la neurona de la nostalgia, y que con su visita una parcela quede feliz, pero el público natural del Festival es otro. Tom Jones en 2007 y Nelly Furtado en 2008 lograron llegar a él con presentaciones de calidad, dignas de las figuras vigentes, tranversales y de un indiscutible peso actual que son. Y con sus visitas han logrado lo impensado: Que el certamen nos sorprenda y nos obligue a comentarlo. Que queramos verlo, que tenga cierto olor a evento mundial, y hasta algo de glamour. Es el Festival como nos gustaría verlo. Ojalá que en una ocasión tan importante como las "bodas de oro" (2009) la dosis de este tipo de números aumente.

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