Journey sorprende arrasando con un show enérgico

Los estadounidenses se llevaron antorcha de plata, de oro, gaviota y aplausos por miles, pero no despejaron del todo las dudas sobre el estado actual del grupo.

21 de Febrero de 2008 | 23:42 | Sebastián Cerda, enviado especial a Viña del Mar

El filipino Arnel Pineda derrochó energía y logró dejar en segundo plano su carácter de absoluto novato.

Cristián Carvallo, El Mercurio

VIÑA DEL MAR.- Eso que llamamos "espíritu" en una banda, ¿dónde está? ¿En las obras que edificaron? ¿En aquello que transmiten cada vez que las representan? ¿En los mismos intérpretes?


A fin de cuentas, quién sabe. Es otra de esas problemáticas en que se embarcan quienes gustan de la música popular y que nunca encontrará respuesta. Pero ahí está la gracia. En lo inefable de un concepto que igualmente todos terminan por asir. No sabemos qué es, pero lo sentimos y lo entendemos.


La discusión podría encontrar una buena fuente en la presentación que esta noche brindó Journey. Porque nadie podrá decir que la interpretación del grupo fue desprolija, que el espectáculo no fue atractivo y, por momentos, sorprendente; que sonó mal, o que el bizarro Arnel Pineda no tuviera una voz acorde con lo que podríamos llamar "la tradición Journey".


Así quedó claro desde el potente inicio con "Separate ways", que abrió una presentación eléctrica que mantuvo ese tono en forma permanente, salvo excepcionales momentos, como los surgidos con "When the lights go down to the city" o con la muy coreada "Faithfully".


Temas que los estadounidenses llevan en el ADN, tal como nosotros somos capaces de identificarlos de a uno a medida que se suceden, mientras los fanáticos los cantan y los sienten.


Pero sin embargo, así y todo, hay algo que falta, y son muchos los factores que entonces juegan. Y es si no hará falta que para nuestro "gran festival", este imán de atenciones y de críticas, no exijamos un poco más que la nostalgia, la destreza y las fórmulas. Si esta cuna del público medio se puede alimentar con el solo hecho de llenar la Quinta, dejando de lado el concepto. Si merecemos que éste sea el lugar de estreno de un desconocido vocalista, por bueno o malo que sea, que viene a cantar temas que otros tres tipos cantaron antes que él, años atrás.


Journey puede haber salido con la estela del triunfo, haber funcionado en los parámetros estrictos de aplausos y trofeos (con dos antorchas y una gaviota), pero eso no debe dejar de lado los cuestionamientos que, como nadie, ellos han encarnado. ¿O es que le estamos pidiendo mucho a un lugar como el Festival de Viña del Mar?

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