El final es el comienzo

Después de tocar la guitarra y hacer ruido literalmente con su banda de rock instrumental Griz durante siete años en el subsuelo santiaguino, el músico Roberto Oyarzún se cambió de domicilio a Europa, se cambió de nombre a The End of Samsara y cambió de sonido: desde allá manda un disco de bases electrónicas y consignas libertarias.

09 de Marzo de 2011 | 23:58 |

El músico chileno Roberto Oyarzún no ha dejado de moverse como un nómade mundial en el último tiempo. Fue el guitarrista de Griz, el trío de rock instrumental que desde 1999 estuvo activo entre lo más autogestionado del rock independiente de la época en Santiago. En 2006 emprendó con ellos a Europa la gira que iba a marcar el fin de la banda, en 2007 se instaló en Temuco y se ligó en directo a la lucha por la causa mapuche en la región, y en 2010, tras otros viajes, reapareció en ciudades de Europa como París, donde se instaló a fines de 2009, y Dresden, en Alemania.


Y Dresden tiene una importancia especial, tal como está anotado en la contraportada de su disco más reciente, titulado Cruz Candelaria vol. 1. "Recorded and mixed for DJ Hijo de Puta in Dresden, Germany", acredita ahí Oyarzún, en inglés igual que el nombre con el que firma hoy: The End of Samsara se llama ahora este músico. Y en su nuevo trabajo se vuelca por sorpresa a las máquinas y softwares para mandar un disco hecho de bases programadas, sonidos ambientales, guitarras y saxos intuitivos al servicio de las voces sampleadas de dos activistas históricos del siglo veinte: Emma Goldman y Marcus Garvey.


Los estímulos propios del lugar también han tenido importancia en la música de The End of Samsara. "La posibilidad de ver un concierto de John Paul Jones con Diamanda Galás acompañados de un baterista increíble me dejó francamente impresionado", escribe desde París como ejemplo, a propósito de una gira en que esa cantante estadounidense y el bajista de los históricos Led Zeppelin presentaron su disco The sporting life (1994). "Guardando las proporciones, estoy en ese proceso de descubrir, de explorar de manera autodidacta, jugando con los tiempos", dice.


-¿Fue natural empezar a usar instrumentos electrónicos, después de años como guitarrista?
-Después del último concierto con Griz en Barcelona (en 2006) nunca más tomé una guitarra. Con el fin de ganarme la vida, entre otras cosas formamos Chocolate Dynamite, un proyecto de drum 'n bass junto a una DJ alemana, hasta que en 2010, estando en Dresden, en medio de una cruda situación climática de nieve y fuerte ola de frío, y sin calefacción en la casa, volví a agarrar una guitarra junto con algunos teclados. Y en ese contexto se creó Cruz Candelaria vol. 1.


Además de la música, Oyarzún explica que está iniciando un trabajo como documentalista en Francia, desde donde reporta dos películas grabadas el año pasado, "Cette vache est plus que bleue" y "Guachos con hambre". Este último es también el nombre de la emisión audiovisual que realiza por medio de su blog, en la que en enero de 2010 entrevistó a los realizadores franceses Christopher Cyril Harrison y Joffrey Paul Rossj, los mismos que aparecieron en la prensa chilena al ser detenidos en 2008 mientras filmaban un documental sobre la comunidad autónoma mapuche de Temucuicui en la Araucanía.


"Guachos con hambre" era por lo demás el nombre del programa de radio autogestionado que inició en junio de 2008, cuando él también vivía en esa región. "La pobreza, la discriminación y otras patologías sociales que enfrentan los mapuche y toda la gente no mapuche de la clase oprimida, te obligan a solidarizar y a compartir algún conocimiento que brinde a las personas la posibilidad de generar un sustento para sus gastos de alimentación, transporte, electricidad", dice. "Desde mi perspectiva ningún proceso podrá desarrollarse ni engendrarse si las necesidades de este tipo no están cubiertas. Básicamente por eso trabajé de ese modo y no me uní a un partido político, a una ONG o algo por estilo".


-¿Cómo se dio tu acercamiento a la comunidad mapuche en particular?
-Siempre me he encontrado en la posición de ser muy cuico para los pobres y muy pobre para los cuicos. El ambiente o la audiencia que nos rodeaba en Griz, a la cual siempre estaré agradecido por su incondicional apoyo en los conciertos o por la adquisición de nuestros discos, fue un público ABC1 o de estudiantes ligados a la arquitectura y al arte en general. Creo que por eso se nos estereotipó un poco dentro de ese circuito del "rock por el rock" apolítico. Pero la gente más cercana a mí, quienes siempre estaban en la lista de invitados porque no contaban con dinero para pagar la entrada a los lugares, sabían que el sábado en la noche estaba rodeado de gente y aplausos sobre el escenario y que los días domingo en la mañana vendía cachureos y ropa usada en las ferias del barrio Yungay con el fin de parar la olla. Entonces en ese sentido creo que después de 2006 la militancia dejó de ser un poco anónima y se plasmó de manera más concreta en diversos trabajos, como los que tú mencionas.


-¿Por qué partiste de vuelta a Europa? ¿Tuvo que ver con haber ido de gira con Griz en 2006, quedaron contactos de esa vez?
-Cuando viajas tu concepción del mundo se achica, y Europa no te parece algo tan lejano, entonces igual te quedan las ganas de ir y hurguetear y manosear qué es lo que hay en los rincones, en las callecitas y en los barrios. Más experiencia que la que una gira de una banda punk rock te permite conocer.


-¿Has tocado en vivo, hay alguna comunidad con chilenos allá?
-He tocado en vivo y con The End of Samsara, presentando un set que se llama "Río Bravo", y me ha dejado bastante contento lo que he podido dar en el escenario, y lo que he recibido de la gente que ha escuchado los conciertos. El ambiente de los músicos chilenos acá lo dividiría en dos grupos: los que tocan folclor tipo Illapu e Inti-Illimani parados afuera de alguna estación de Metro, haciendo música de fusión latinoamericana con el fin de ganar plata para sobrevivir, y por otra parte, los que intentan aprender de la diversidad cultural de la que goza París haciendo música experimental, o también mezclando algunas cosas de la  música del folclor tradicional mexicano con la electrónica. Entre ellos se destaca el multi-instrumentista y gran ser humano Yoka Márquez, hijo de Roberto Márquez de los Illapu, que toca desde el timbre hasta la tuba y deja a Cuti Aste como alpargata en términos técnicos, como instrumentista… como para que se hagan una idea.


–"Volumen 1", dice el disco de The End of Samsara. ¿Cómo sigue la serie? ¿Cuáles son los próximos volúmenes?
–Claro, Cruz Candelaria está en volumen 1 y estoy preparando el volumen 2. Pero la próxima entrega que haré será para marzo de este año: un disco que ya está materializado y con las carátulas listas, que lleva por nombre Yo sangro mucho e incluye diez tracks. También estoy en proceso de grabación de Penita, un disco de covers versionados a mi manera, y Carne amarga, en el cual solamente toco guitarra. Espero que salga uno en agosto y el otro a fin de año, en lo posible. Tengo como meta eso: sacar tres discos este año.

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