Karin Schröder, 
El profesor es el primer responsable en hacer las adecuaciones curriculares.
Foto: Colegio Tierra del Fuego

Muchos colegios optan por contratar personal externo para delegar la educación de niños con síndrome de Down.
Foto: Cristian Soto
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La escuela debe estar al servicio de todos sus alumnos. También de aquellos que les cuesta más aprender o bien tienen otras formas y otros tiempos de aprendizaje.
Por supuesto que esto es muy complejo entendiendo la presión que ejercen los programas de aprendizaje y los tiempos requeridos para incorporar dichas materias a los aprendizajes de los niños y niñas. Más aún cuando consideramos que en un aula contamos muchas veces con una cantidad excesiva de alumnos.
En este contexto, agregar cualquier factor extra supone un colapso del ya agobiado profesor que presume inevitablemente un supuesto fracaso ante los miedos de lo desconocido.
En mi experiencia, el mayor problema, y mucho más que los tiempos y la cantidad de niños del aula, es la falta de creencia en los alumnos con síndrome de Down y discapacidad intelectual. Su consideración, como un alumno digno de ser educado, más que un objeto (duele decirlo, pero hablo de testimonios reales y frecuentes), es el factor más complejo a la hora de entender un derecho que habla de igualdad de oportunidades.
Entonces la escuela resuelve exigir especialistas de apoyo externos a quienes se les encarga o delega cómodamente toda responsabilidad de enseñanza de este niño o niña con discapacidad intelectual o síndrome de Down (considerado implícitamente carga extra).
Es decir, lo que la escuela hace es “arrendar el espacio” para que otro enseñe.
Los graves problemas que conllevan esta fórmula es que el profesor de la escuela se desvincula totalmente del aprendizaje de SU alumno y comienza una dinámica en que el profesor no se entera ni de lo que puede aprender, ni de lo que aprendió el niño con discapacidad intelectual o síndrome de Down. La inclusión educativa está lejos de ser un “arriendo de espacio”.
Se produce entonces una especie de dependencia del colegio en relación al especialista de apoyo, la cual sufre consecuencias nefastas cuando el profesor externo por una u otra razón se ve impedido de asistir. Lo más común es ver que el profesor externo, por ejemplo, se enferma o bien decide optar por otro trabajo mejor remunerado.
El niño o la niña con síndrome de Down se hace entonces dependiente de un profesor externo, y cuando este falta, nadie sabe qué hacer con este niño, considerado implícitamente como “alumno externo”. Por supuesto nadie sabe cómo atender sus necesidades y comienzan a suceder una serie de situaciones generalmente relacionadas con la conducta de ese niño, que repentinamente se ve desprotegido, incomprendido, y sin material de trabajo.
Como consecuencia del riesgo que conlleva la contratación de especialistas externos que se hagan cargo de los niños con síndrome de Down, está que finalmente se declara al alumno con discapacidad, generalmente por problemas conductuales, incapaz de asistir a una escuela regular….
¡Esto es demasiado injusto y no debe seguir pasando! ¡Dejemos los arriendos para los corredores de propiedades!
El profesor del aula común es el responsable de educar a TODOS sus alumnos. Por vocación, por ética y por ley. Por tanto él es el primer responsable en hacer las adecuaciones curriculares. No hay otra opción cuando hablamos de inclusión educativa o educación para todos. Habrá que buscar apoyos especiales para ese profesor o profesora (MÁS QUE PARA ESE NIÑO), y capacitarlo dándole herramientas para que con el tiempo logre creer en su alumno y en sí mismo. No se trata de abandonar al profesor exigiéndole, se trata de acompañarlo en su responsabilidad. La educación se hace en equipo.
No puedo dejar de mencionar la importancia de atreverse a hacer camino al andar, buscar acuerdos de apoyo mutuo entre los adultos (padre, colegio y especialistas involucrados). No nos escondamos bajo el alero de que no estamos preparados…,
Mejor que nadie lo podemos decir los padres y madres que al momento de recibir a nuestros hijos especiales tampoco lo estábamos. El amor y el reconocimiento de nuestros hijos como personas con sentimientos y capacidades diferentes, supieron orientar nuestro camino en dignidad. ¡Ese es el camino a que se nos está invitando!
No tengo palabras para describir la alegría de un profesor que decide comprometerse con todos sus alumnos, al descubrir que también su alumno con síndrome de Down logra aprender. El logro entonces también es compartido y celebrado por muchos, y en primer lugar por aquel que nos trajo algún día un importante mensaje explicitado en la palabra sagrada:
Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto. Y este mandamiento tenemos de El: que el que ama a Dios, ame también a su hermano. Juan 4:20-21
Cuando hablamos de adecuaciones curriculares, hablamos en primer lugar de consideración y dignidad, por ende hablamos de amor…el más puro, el incondicional…Estamos frente a una oportunidad de hacer verbo de la palabra…