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Mujeres se toman el vino

Un tercio de los enólogos chilenos son mujeres. Con ello la industria vitivinícola se convierte en líder mundial en integración femenina. La gran demanda profesional por el boom de inversiones viñateras de los 90 y la apertura de los empresarios están detrás de ella.

03 de Abril de 2009 | 15:11 |
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Hasta hace menos de una década, lo más interesante que salía de Lo Abarca eran unas largas y crujientes lechugas costinas que se vendían en las inmediaciones a los turistas veraniegos. Algo esperable en un pequeño pueblo ubicado a cuatro kilómetros del mar, en plena comuna de Cartagena, en la Región de Valparaíso.

Sin embargo, una mujer le cambió el pelo a Lo Abarca.

Al inicio de esta década, María Luz Marín, ingeniera agrónoma enóloga de la Universidad de Chile, decidió invertir todo su capital y plantar 40 hectáreas de viñedos en las colinas que rodean al pueblo. En ese momento nació Casa Marín y su objetivo declarado fue apuntar a vinos de clima frío de alta calidad y precio.

"Al principio hubo mucha extrañeza en la industria vinícola. Que alguien plantara a sólo cuatro kilómetros del mar, en un lugar que no había experiencia vitícola no parecía sensato. De hecho, varios pensaban que estaba loca", recuerda Marín.

Lo normal hubiera sido apostar por la zona de Casablanca, cuyo límite sur poniente se encuentra a 15 kilómetros de Lo Abarca.

Sin embargo, el tapabocas vino rápidamente. En 2003, Casa Marín tuvo su primera vendimia de vinos blancos y los resultados fueron sorprendentes. Tanto que hoy el Sauvignon Blanc de la viña es reconocido como uno de los mejores de Chile y está entre los top en el mundo.

"Como todo enólogo quería tener mi propia viña. Desde el '95 que tenía el proyecto en Lo Abarca, pero no pude convencer a ningún inversionista. Tuve que esperar unos años y gracias a que manejaba una empresa que exporta vinos a granel pude juntar el capital y ya he colocado casi US$ 4 millones. Ahora llegan personas que quieren invertir en la empresa, pero ya no me interesa ¿Para qué perder la libertad que tengo siendo la única dueña?"

El triunfo de María Luz Marín no sólo habla de su tenacidad. Su biografía revela cuánto cambió el papel de las mujeres en la industria del vino chilena.

Cuando Marín inició su carrera en la Viña San Pedro a fines de los setenta, las enólogas se podían contar con los dedos de una mano y sobraban dedos.

En cambio, según el colegio de la orden en la actualidad el 32% de los ingenieros agrónomos enólogos que ejercen en el país son mujeres.

Y lo interesante es que lo hacen en lugares de alta figuración. Cecilia Torres, otra de las pioneras del vino, está a cargo de la reputada línea Casa Real de Santa Rita. En tanto, ya dentro de la "patrulla juvenil", Cecilia Guzmán lidera el proyecto de Haras de Pirque, que está llevando a nuevas alturas los vinos del Alto Maipo. Otro tanto hace Ana María Cumsille, de viña Altair, con los vinos de Colchagua.
Vino y mujeres
Uno de los temas que se tocan cuando se habla de mujeres en el mundo del vino es si ellas tienen una sensibilidad especial al momento de producir vino. Pues bien, no hay lugar común que moleste más en la industria vitinícola.

El consenso es que la diferencia entre un producto y otro lo hace el terroir y la capacidad profesional del enólogo. De sensibilidades de género, nada.

"La habilidad no está relacionada con ser hombre o mujer. Por ejemplo, los vinos premiados en Descorchados 2008 nacieron en lugares privilegiados. Que bueno que hay mujeres que supieron transmitir ese sentido de origen", señala Patricio Tapia, autor de la guía, en la que vinos de Haras de Pirque y Casa Marín ranquearon como los mejores tintos y blancos, respectivamente.

Katrina Mller también apuesta a una mirada puramente profesional en el vino. "Aunque no puedo generalizar para todas las mujeres, en Chile nunca he sentido discriminación. El punto es jugártela por tu profesión. A veces pasa que cuando una mujer no es buena profesional, existe la tentación de justificarlo con la opción de la discriminación, lo cual no siempre es cierto".

De hecho, aunque Chile se diferencia en el mercado del vino por tener una buena relación precio/calidad, también le puede sacar brillo a la activa presencia de las mujeres en su industria.

La modernidad de los 90

Para dimensionar el poder femenino en el vino chileno, basta comparar la situación con países "desarrollados". En la industria californiana se estima que el 25% de los "wine makers" son mujeres.

En tanto, en Europa el rubro vinícola parece de la edad de piedra comparado con Chile.

"En Francia, aunque el 50% de las personas que estudian enología en la universidad son mujeres, generalmente trabajan en laboratorios o control de calidad; en el mejor de los casos son asistentes de enólogos. Donde trabajo, en el sur francés, no conozco ninguna enóloga jefa. La situación también es negativa en Italia y Alemania. Sólo en España ha evolucionado un poco gracias a personas como Isabel Mijares. La posición de las enólogas en Chile es mayor y mejor que en Europa", afirma Katrina Mller, enóloga chilena afincada en Francia.

¿Por qué un país en vías de desarrollo con fama de conservador como Chile es más progresista que el resto del mundo?

La explicación hay que buscarla en la década de los noventa.

Y no se trató de cuoteo, de "viñas paritarias", ni de nada por el estilo. Fue simplemente el, no tan cruel, mercado.

La fiebre de inversiones vinícolas de esa época provocó una gran demanda por enólogos. En forma paralela, de las universidades estaban saliendo cada vez más mujeres. Ante un mercado escaso, ni el más conservador de los inversionistas se podía negar a contratar mujeres. Simplemente no podría hacer funcionar su empresa.

"Con 22 o 23 años, recién salidas de la universidad, ya teníamos contratos buenos en proyectos interesantes. Yo empecé con viña Aquitania y se ahí pasé a liderar en Undurraga el proyecto de hacer vino espumante con el método champenois", recuerda Cecilia Guzmán.

Apertura empresarial

También ayudó la apertura de los empresarios viñateros.

"Hubo gente como Recaredo Ossa y Ricardo Claro que en los '80 le dieron responsabilidades importantes a mujeres. Eso permitió demostrar que no había diferencias y abrió las puertas para el crecimiento de los 90", afirma Cecilia Torres.

Si a ello se suma que los enólogos chilenos son profesionales egresados de ingeniería agronómica con una especialidad en el área, el cuadro de "la diferencia chilena" comienza a tomar forma.

"En general, las universidades entregan una preparación muy buena, desde la producción hasta la venta del vino. Eso nivela el campo de juego entre mujeres y hombres, pues los empresarios saben que, independiente del género de la persona, están ante un buen profesional, que sabe lo que hace", afirma Carolina Arnello, enóloga de Portal del Alto y vicepresidenta del Colegio de Ingenieros Agrónomos Enólogos.

Eso sí, Arnello reconoce que al comienzo algunos trabajadores y agricultores, que vendían sus uvas a las viñas, miraban con recelos las órdenes que les daban las enólogas. Con el tiempo el resquemor comenzó a desaparecer.

La razón de fondo es que en el vino, lo que prima es la calidad del producto final. Si el enólogo es hombre o mujer, rubio o negro, no dice mucho. Lo importante es el líquido que coloca dentro de las botellas.

Por eso, una vez que las mujeres tuvieron la oportunidad de demostrar su capacidad en la industria chilena, ya no hubo vuelta atrás.

De hecho, hoy el vino chileno se mueve al ritmo de las mujeres.






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