Ser demasiado cortés puede causar problemas

El límite entre ser cortés, honesta o cínica depende del criterio de cada persona, conocer sus diferencias ayuda a “no meter la pata” y alienta a buscar la asertividad en cada relación personal, laboral o social.

Por Francisca Vargas V.
Do. 20 de noviembre de 2011, 08:23
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El nuevo corte de pelo de tu amiga te parece horrible y ella te pregunta, ¿te gusta cómo me queda mi nuevo look? Le dices la verdad sobre lo que piensas o brutalmente, hieres sus sentimientos.


Sobre esas dos opciones existe una tercera y es echar mano a la cortesía. Una forma de comportamiento que puede ayudar a salir, airosamente, de situaciones sociales difíciles.


“No somos pensamiento hablado y eso forma parte del proceso de socialización. Uno no puede decir todo lo que uno piensa, sino no te quedaría ningún amigo o no tendrías trabajo”, comenta Isabel Salinas, académica de la Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales.


En ese sentido, indica que hay que lograr un punto de equilibrio agregándole a la comunicación, asertividad. “Ser cortés y asertivo te puede llevar a decir lo que piensas sin causar daño o dolor al otro, salvaguardando tu honestidad”.


Recalca que, resulta evidente que en sociedad se necesita un filtro que permita jerarquizar lo relevante en un mensaje honesto, sin dejar de ser cortés, y ejemplifica: “qué es más importante, decirle a una amiga que le queda mal el peinado o mencionar abiertamente su mal desempeño laboral”.


Por eso marcar de antemano, cuál es el límite en una relación social, laboral o personal puede servir para establecer la forma de comportamiento y que no se confunda la cortesía como sinónimo de falta de opinión o cinismo. “Ser cortés puede ser un arma de doble filo cuando está encaminada al sí mismo porque se vuelve un dogma, un instrumento”, añade la psicóloga. Es decir, cuando una jefe, saluda y exacerba el encuentro sin ningún sentido más que quedar bien, “me encanto verte, cuando lo adecuado era un ¡hasta luego…! no había por qué poner un ¡me encanto verte! No despedirse te vuelve descortés y mentir te convierte en un cínico”, ejemplifica Isabel Salinas.

Estados de confusión

Un artículo publicado en la revista Psychological Science, sugiere que este tipo de comportamiento puede tener consecuencias desastrosas, especialmente en situaciones de alto riesgo.


Según los autores Jean-François Bonnefon y Wim de Neys del CNRS y la Universidad de Toulouse y Aidan Feeney de la Universidad de Queen, se recurre a estrategias de cortesía cuando no se quiere ofender, avergonzar o indicar que alguien ha cometido un error, pero ésta puede llevar a estados de confusión, porque los mensajes pierden claridad y se necesitan más recursos cognitivos para procesar este tipo de declaraciones, creando incertidumbre.


La preocupación surge especialmente en situaciones relacionadas a la seguridad y en el ámbito laboral, cuando un accidente, un posible fraude o una mala conducta podrían estar involucrados.


El estudio no fomenta la mala educación sino que alienta a ser asertivo e intuitivo para interpretar el tono que ocupa el que emite el mensaje cortés y poder leer entre líneas.


En esa área, Francisco Reiter, psicólogo y docente psicología de la Universidad Alberto Hurtado, aporta que la cortesía es una práctica que refiere a una historia social o cultural diversa y se puede ser cortés sin ser "bien educado" y viceversa, porque, asegura, que ambos son comportamientos que dependen del contexto en que se produzcan.


“La dificultad que veo es que hay una cierta imposibilidad en la definición de cuándo y con quiénes ser más o menos cortés, pero es indudable su participación en una convivencia grata, aunque creo que hay ciertas situaciones donde se espera del otro que manifieste sus pasiones y transgreda lo definido como correcto, por ejemplo, en el acto sexual o el momento de la creación artística”, reflexiona.


De todas maneras, ser cortés es una herramienta de comunicación, que utiliza códigos de comportamiento social pero no son reglas. Por ejemplo, saludar a todas las personas con quien convives en el edificio, ceder el asiento en el transporte público, sonreír en el trabajo y sobre todo, ser asertiva y honesta en las relaciones interpersonales, son signos inequívocos de que lo cortés no quita lo valiente. Es más, ser cortés produce un cierto grado de felicidad tanto para quien recibe la cortesía como para quien es cortés.