"Mi hijo quiere más a la nana que a mí. ¿Qué hago?"

Se trata de un dilema común en una época en que las mujeres deben dejar en manos de otros a sus hijos para poder ir a trabajar. Conoce aquí cómo se puede solucionar.

Por Francisca Vargas V.
Do. 01 de julio de 2012, 07:00
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Sentir culpa y dolor son las emociones que inundan a las mamás cuando tienen que separarse de sus hijos para ir a trabajar. Claro porque por necesidad o por opción propia, tener una profesión y una economía segura es más conveniente que vivir en dependencia del marido o la pareja y, sobre todo, más satisfactorio por los logros profesionales que se pueden alcanzar.

Sin embargo, el no estar al cuidado de los hijos en forma permanente puede pasar la cuenta y de pronto las madres se percatan de que los niños abrazan más a la nana que a ellas. ¿Qué sucedió? ¿La madre dejó de ser madre y el cariño de sus hijos se lo quitó la nana?

Isabel Huerta, directora General del Magíster en Salud Mental Infantil de la Universidad del Desarrollo, dice que la situación evidencia un problema entre el vínculo de la madre con su hijo.

"Esto ocurre porque la mamá en los primeros años no generó una relación fuerte ni especial, entonces pueden ocupar su lugar las nanas, las tías del jardín y familiares directos como abuelos, tíos o cualquier persona que esté disponible", afirma.

Según añade Javiera Navarro, Directora de la Escuela de Psicología de la Universidad Alberto Hurtado, existen investigaciones que señalan que los bebés nacen pre-programados para vincularse y aferrarse a quien los cuide, porque forma parte de su instinto de supervivencia.

"Fisiológicamente la más adecuada es la madre, la que le da alimento, cambia pañales, acurruca y tiene una disposición psíquica especial para ello. Pero los seres humanos no somos solo biología sino que también somos nuestra historia y, a veces, no necesariamente las madres van a saber corresponder a esos cuidados", explica.

Entonces, si ese cuidado, dedicación y afecto no se dieron con ahínco y pleno amor durante los dos y hasta tres primeros años de vida, la relación de apego con la madre será débil y permeable.

Por lo tanto, para entender por qué los niños prefieren a las nanas hay que revisar el estado emocional de la madre al momento de parir y la relación que estableció con su guagua.

"Si una mamá logró establecer apego seguro, cercanía afectiva y es ella la que responde cuando el bebé llora y quien lo calma cuando algo le sucede, eso va a quedar en su registro", comenta Javiera Navarro.

Las causas

Ante el escenario de que los hijos prefieran a la nana o cualquier otro cuidador en vez de a la madre, la psicóloga Isabel Huerta invita a la mamá a preguntarse ¿cuán disponible emocional y en términos de tiempo eficiente he estado para mis hijos?

"Si la mamá trabaja y pasa muchas horas fuera de la casa, donde el contacto con el niño es un rato en la mañana y cuando llega en la tarde está conectada más a su teléfono o computador que a su hijo, esto genera un gran impacto en los niños de lejanía y desconexión", señala.

En ese sentido, no habrá duda de que el pequeño optará por quién sí esté atento para que lo escuche, contenga y juegue, donde muchas veces es la nana quien asume ese papel.

"Cuando el niño escoge a la nana versus a la mamá genera un golpe profundo en las madres. Unas optan por mirarse, analizar a fondo lo que sucede y generar cambios cotidianos para estar más conectadas a sus hijos, en el sentido de que logran darse cuenta que la disponibilidad más que tener tiempo implica estar emocionalmente con tu hijo", sostiene la académica de la Universidad del Desarrollo.

Culpas y celos

Las especialistas afirman que puede ser doloroso ver cómo los hijos se cuelgan a la nana mientras ignoran a la madre y, para peor, ella se defiende reaccionando brutalmente contra la cuidadora.

"Además de ser injusto, será una actitud perjudicial para los niños porque ellos verán que están rechazando y criticando a una persona que ellos consideran importante y eso los vuelve inseguros", afirma la psicóloga Isabel Huerta, experta en temas infanto-juveniles y asesorías a padres.

Pero también puede ocurrir que la madre enfrente la situación y acepte lo que observa sin que eso le moleste. "Porque el hijo está estableciendo una relación afectivamente positiva con su cuidador directo", agrega.

Por lo tanto, el juicio que se emita va a depender de la seguridad que tenga la madre sobre el vínculo que ha construido con su hijo. Si hay inseguridad y dudas es porque no se ha estado tan disponible como quisiera. "Es una oportunidad para darme cuenta de lo que he hecho o he dejado de hacer, en vez de caer en estados que no propician cambios sino estancamiento, rabia y culpa hacia una persona que creemos nos está quitando la familia", comenta Huerta.

Tema aparte es agradecer a estas personas que trabajan en la casa y que son correspondidas en los afectos. "Para ella es una tremenda gratificación", dice la psicóloga de la UDD, pero advierte que hoy existe una rotación altísima y eso tiene un montón de riesgos porque genera rupturas y duelos en los pequeños. "Hay que aprender a anticiparse a las situaciones cuando corresponda".

Enmendar la situación

Para contrarrestar el descuido, la psicóloga Javiera Navarro de la Universidad Alberto Hurtado, invita a no delegar todos los cuidados cotidianos de los niños. Darse el tiempo para darles de comer, jugar, bañar, contar cuentos, acurrucar, los cariños.

"Hay que llamarlos entre medio. Saber cómo les fue en el colegio, jardín y contarles que vas a llegar en un par de horas más, cuidar el vínculo", propone Isabel Huerta.

Además, ambas indican que es importante el apoyo del padre, y que la crianza sea compartida en términos de decisiones y de participación como figuras significativas en los niños.

Apuntan también a que es primordial entender que los hijos no tienen por qué tener una o dos figuras significativas, también hay más espacio para un tercero que podrá a la vez, ayudar a contener a la mamá cuando es primeriza.

"Es bueno generar alianzas de trabajo para conocer profundamente a los hijos y las nanas pueden jugar un rol fundamental y oportuno. Lo que pasa es que la mamá debe aprender a endosar tareas sin que hagan por ella las labores fundamentales de crianza. Esas no hay que transarlas sino que disfrutarlas y hacerlas con cariño y dedicación completa", reflexiona Javiera Navarro.

En ese sentido, a las nanas más que tenerles celos por el cariño que le demuestran los hijos, hay que agradecerles su trabajo, considerar su papel en la medida justa y aprender a guiarlas, pero sobre todo asumir que la madre es quien está presente todos los días, ama y contiene aún en la distancia.