Mujer pone a prueba la ortodoxa "feminidad bíblica"

Para saber qué es ser una buena mujer según las Sagradas Escrituras, una mujer decidió seguir por un año las normas indicadas en la Biblia, entra las que se aconsejan llamar “amo” al marido y ser intocable durante la menstruación.

Emol
Sa. 20 de octubre de 2012, 07:00
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Al estar en su período de menstruación, Rachel Held Evans era intocable, por lo que le decía la Biblia. Es por esto que dormía en una carpa fuera de su casa, se quedaba en su hogar en vez de ir a la Iglesia, aislándose de la comunidad, e iba con un cojín a todos lados para poder sentarse y no “contaminar” nada.

A modo de experimento, durante un año Rachel se propuso seguir las reglas del Antiguo y Nuevo Testamento, como una forma de encontrar la “feminidad bíblica” de la que muchas veces había oído, pero nunca supo exactamente qué era.

Esta evangélica mantiene un popular blog que partió para promover su primer libro “Evolving in Monkey Town”, un texto que habla de la fe y el fundamentalismo. Hoy, con casi cien mil lectores al mes, publicita su segundo trabajo: “A Year of Biblical Womanhood”, donde recopila su experiencia durante su año de mujer de la Biblia, y que será publicado el próximo 30 de octubre en Estados Unidos.

Allí, Rachel se rige por normas como las descritas en el libro Levítico del Antiguo Testamento, en el que se describe a la mujer que menstrúa como intocable. Es por eso que se aisló de su entorno y llegó a dormir afuera de su casa en una carpa, ya que tenía prohibido tocar a su marido y, menos aún, tener relaciones sexuales.

Siguiendo otros mandatos, aceptó someterse a su marido, tratándolo como el amo de la casa, vistió de forma recatada y hasta se dejó crecer el pelo durante todo ese año.

“San Pablo dice, básicamente, que es una gloria para la mujer el tener el pelo largo. Algo que él no habría dicho si me conociera, porque mi pelo no se ve bien largo”, dijo la mujer que durante todo ese período esperó con ansias esperar la cita con el peluquero.

Otro reto fue el de someterse a su marido. En el refrigerador pegó un esquema en el que se veía a Dios por sobre su esposo, y éste por sobre ella, como una forma de recordarle cada día que se había comprometido a seguir esta regla bíblica también, que aparece en la Carta a los Efesios, del Nuevo Testamento.

“Ese fue un desafío, porque mi marido y yo tenemos una relación igualitaria”, confesó Rachel en una entrevista. “Así que fue un poco raro imponer una jerarquía en la relación”.

Sin embargo, la mujer se esforzó en cumplir su objetivo y asegura que, por ejemplo, lo llamaba “amo” o “señor” y si quería ver una película y su esposo otra, debía acatar los deseos de él.  Además, siguiendo Proverbios 31, en el que se describe a una esposa que alaba a su marido en la entrada de la ciudad, fue hasta el cartel de “Bienvenidos a Dayton” -su ciudad en Tennessee - con un cartel que decía “Dan es increíble”. "La gente pensaba que había perdido una apuesta", dijo.

Su intención, si bien puede causar simpatía por la caricaturización de la figura femenina bíblica, está lejos de ser una burla al libro. “He leído la Biblia y la amo”, ha asegurado, tras recibir varias críticas desde el sector cristiano más conservador, que incluso han visto su libro como un texto “peligroso”.

Incluso debió luchar para mantener la palabra “vagina” entre sus páginas, ya que una librería especializada en textos cristianos no quería comercializar su trabajo por la presencia de esa palabra. Por otro lado, la popularidad de Rachel la ha llevado a hacer más fuerte su discurso que busca desafiar a los líderes de su religión evangélica, para que existan más mujeres en los altos cargos de su Iglesia.

Todos elegimos cómo vamos a interpretar la Biblia y cómo aplicaremos lo que dice en nuestras vidas -incluso los cristianos evangélicos, les guste o no admitirlo”, ha declarado la mujer. “Así que lo que descubrí (con el experimento) es que cada vez que creen que han encontrado una especia de modelo o principio de la feminidad bíblica, una mujer de las Escrituras llega y es alabada por romperlos (…) No hay una forma correcta de ser una mujer de fe. Los roles van y vienen y cambian, pero el llamado a seguir a Cristo es el mismo".