¿Qué tan shopping adicta eres? Aquí cinco tipos

A las compras por Internet, cosméticos, liquidaciones, marcas o lencería.

Emol
Vi. 02 de noviembre de 2012, 07:00
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Cuánta ropa con etiqueta hay en tu closet? ¿Cuántos cosmetiqueros tienes? ¿Compras productos sin necesidad ni saber cuándo los utilizarás?

Si la respuesta es afirmativa, indica que además de ser una “adicta a las compras” se carga con algún problema emocional no resuelto, que a juicio de la psicóloga transpersonal Francisca Villarroel (franciscavillarroel@gmail.com), probablemente está relacionado con una infancia afectiva poco contenedora, o con eventos vitales de carencia. Y se están acarreando sin ni siquiera mirarse ni ocupare de revisar esos eventos, que marcaron la vida de mala manera.

Es que, como comenta la psicóloga Daniela Molina (daniela.rinatia@gmail.com), las compras sin control, corresponderían a una necesidad compulsiva de hacerse cariño y de llenar un vacío emocional con placer inmediato.

“Te produce un bienestar real a nivel hormonal pero es pasajero. Se parece mucho a comer dulces, chocolates o pastas. Pero, el problema es que su acción dura tan poco que acarrea muchas culpas y deudas si se hace en forma irresponsable”.

Aquí las compras son sinónimo de mimos, agrega, maneras de compensarse, premiarse por haber logrado o conseguido algo. “Eso está bien pero lo peligroso es cuando pasas a depender de ello y la situación sale de control”.

En ese sentido, Francisca Villarroel, llama a hacer la diferencia cuando sales de compras por algo que realmente necesitas y cuando no.

“Concuerdo que es rico regalonearse, pero es preocupante cuando lo haces por una compulsión que te lleva a adquirir cualquier cosa”. En otras palabras, cuando se gasta más de lo que se tiene y la mujer o el hombre, quedan endeudados por el simple hecho de acumular cosas que se puede prescindir.

“Golosinas de shopping”

El cuadro que enmarca esta “debilidad”, según comenta la psicóloga Villarroel está cargado de sentimientos de angustia, frustración y vacío emocional, que transitoriamente se disipan al momento de comprar.

“Incluso, las personas comentan que les produce una sensación adrenalínica, pero que luego reaparece con culpa y arrepentimiento, sobre todo cuando el gasto excede el presupuesto y se dejan de pagar o cubrir las necesidades básicas”.

Daniela Molina agrega que el comportamiento es ansioso y el salir de compras es para consumir “golosinas de shopping”, para calmarse. “Es lo contrario de dar espacios de silencio para reflexionar y sentir qué es lo que me hace falta que no logro llenar”.

Sin embargo, para esta psicóloga comprar no es necesariamente una adicción ni tampoco dejar ropa con etiquetas en el closet. “Puedes pensar que compras con antelación para un evento próximo y eso es ser precavida”, argumenta.

Pero todo tiene un límite. Si la mitad del closet está sin usar y hay cremas o cosméticos que jamás te has puesto. Ojo. Eso es evidente que algo no está bien y que el mal del acumulador está al acecho. Para Molina, este “mal” tiene otro origen que aliviaría en parte, la carga de caer en estas tentaciones tan onerosas.

“La publicidad hace un trabajo de joyería en las mentes desprevenidas para que asocies bienestar, glamour, ser una mujer sexy, exitosa y muchos etcéteras a una determinada marca, y eso se llama en psicología manipulación mental. Suena fuerte decirlo así pero esa es la publicidad”, declara.

Los mensajes marketeros, para esta psicóloga, entregarían salvavidas para sentirse seguras, bellas, realizadas, aceptadas socialmente, o “como lo quieras llamar”.

En la misma línea, Francisca Villarroel aporta que, desde una visión social, las mujeres somos las que decidimos lo qué se compra en la casa y que por eso, la publicidad está dirigida a la mujer. “Cuando esos mensajes persuasivos coinciden con una personalidad adictiva, muchas veces el resultado es un consumo compulsivo, tal como lo pueden ser las drogas y la comida”, señala.

¿A qué shopping eres adicta?

Para saber a qué grupo te acercas, Daniela Molina, experta en temas de autoconocimiento y desarrollo personal (https://www.facebook.com/tallermivida) y la especialista transpersonal, Francisca Villarroel, describen a cinco posibles “adictas”, con la idea de revisar el comportamiento y cuidar que el comprar no se vuelva una obsesión.

Antes del análisis, ambas recomiendas abrir los ojos y ver, sentir, creer que uno no es lo que tiene. “Es necesario darse un espacio para el silencio, el disfrute de las cosas gratis y mejores de la vida: los abrazos de quienes amamos, el olor de las flores, pasar tiempo en la naturaleza son cosas tan o más reconfortantes que pasear dentro de las 4 paredes de un mall”, aconseja Daniela Molina.

Mientras que la psicóloga Francisca Villarroel, añade que si se llega al punto de perder el control, se debe hacer un tratamiento similar al de un alcohólico o drogadicto. “Hay que ayudar a la persona a encontrar su sentido existencial y sanar el vacío que no se puede llenar con nada. El desarrollo personal y espiritual son claves”.   

Compras on line sin límites: Ya no es solo una moda exclusiva sino que un sistema práctico, moderno y que amplía a niveles jamás imaginados las alternativas por encontrar prendas en cualquier parte del globo. Si te la pasas mirando los portales de compras de ropa y demasiadas horas frente a la pantalla, “Trata de hacer el ejercicio de medir ese tiempo e ir disminuyendo poco a poco la intensidad de ese vínculo con la tecnología, que crea demasiada ansiedad, tensión e impulsos poco rentables”.

Acumuladora de cosméticos: Son las que tienen más de dos o tres potes con cremas para todos los puntos del rostro y cuerpo; sombras; rubores; máscaras de pestañas; esmaltes; acondicionadores capilares y todo lo que sirva para embellecer la piel que venden en las farmacias y tiendas especializadas. Si la obsesión es por cambiar tu exterior, limpiar y transformar, hay un problema con la autoestima y la autovalorización de las cualidades especiales que cada uno posee. “También tiene que ver con una necesidad de aceptación y distracción por no querer ver la emoción dañada. Usa todo lo que tienes, regala y analiza los por qué de cada productos en esa cantidad, yendo más allá de los me gusta”.

Liquidaciones y outlet: Si la consigna es comprar porque está barato eso es acumulación o ser precavida en exceso. “Estudia tu closet, límpialo y saca todo aquello que no usas, pero hazlo primero sacando todo para fuera y separando antes de volver a meter las prendas a los cajones, qué usas de lo que no has usado. “Esto ayuda a esclarecer situaciones de vida, estás desprendiéndote de todo aquello que no necesita y eso te ayudará a darte cuenta que más de lo mismo no es una buena inversión.

Amante de las marcas: No hay mucho que hacer si te gusta la ropa cara porque dura más y lo tomas como una inversión, cero problema. El asunto es peligroso si te gastas lo que no tienes y acumulas prendas porque crees que son pasaportes instantáneos hacia la perfección y la calidad. “No te engañes. Tu equilibrio emocional, tu seguridad e integridad jamás estarán en una prenda de vestir. Es más importante lo que expresas con tus gestos, palabras y actos, que con una costosa falda que sólo tu sabes cuánto te costó. A nadie le importa, más bién solo se fijan los que andan pensando y viviendo en su exterioridad”.

Lencería: El ajuar soñado está en una maleta especial esperando que el galán llegue y mientras tanto, se llena con mejores y carísimos conjuntos de ropa interior. “Creo que esta manía es la más sensata. Los calzones y sostenes nunca están demás. “Lo principal, creo, es no guardarlos eternamente sino que ocuparlos en tu presente. Total si eres tan preocupada por tus prendas íntimas lo serás siempre. Juega contigo aun si no tienes pareja. Te sentirás bien luciendo esas prendas maravillosas”.