Magdalena Simonetti: Al frente del aterrizaje de América Solidaria en Estados Unidos

La nueva directora de esta fundación, que se despliega por el continente, cuenta del nuevo desafío: instalarse en el país del Tío Sam. “Globalizar la solidaridad” sigue siendo el objetivo que los mueve, razón por la cual no había por qué restarse de llegar a EE.UU..

Por María José Errázuriz L.
Ju. 20 de diciembre de 2012, 08:31
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Puede parecer extraño, pero Estados Unidos también es una nación que requiere de apoyo para superar la pobreza y la vulnerabilidad, y América Solidaria (AS), la fundación chilena que nació a la luz de las urgentes necesidades de Haití, ha decidido clavar su bandera ahí.

Sí, porque durante el 2013, un representante de esta organización que encabeza Benito Baranda, se instalará y abrirá oficinas con el fin de iniciar programas de cooperación que sean de ayuda mutua.

Magdalena Simonetti, psicóloga, 31 años, esperando su primer hijo, acaba de asumir la dirección ejecutiva de AS en medio de una serie de nuevos proyectos. Con dos diplomados –uno en administración y otro en política públicas- un headhunter la contactó para el cargo al que llegó los primeros días de diciembre. Antes había trabajado en ‘Un Techo para Chile’ y de ahí había migrado para formar la fundación Gestión Vivienda.

Malena, como la conocen todos, reconoce que los objetivos de la fundación se mantienen, pero a la vez, han variado desde que fuera creada en 1998, cuando surgió la necesidad de ir en ayuda del país más pobre del continente. “Globalizar la solidaridad”, afirma, sigue siendo el fin principal, cuestión que continúan haciendo a través de voluntarios profesionales que se instalan en algún país (siete en la actualidad) para apoyar proyectos concretos de superación de la pobreza.

-¿Por qué abren oficina en EE.UU.?
“Porque ahí también hay sectores de pobreza y porque es un país que puede colaborar y cooperar en este ámbito en toda la región. Ya tenemos una persona allá que está haciendo los trámites legales para formar la fundación y viendo el arriendo de una oficina”.

-Ustedes tienen programas de cooperación en diversas áreas; educación, salud, desarrollo productivo. ¿No están abarcando mucho?
“Antes el trabajo estaba fundado en la experiencia del socio que colaboraba con un socio territorial y hasta el año pasado, los proyectos eran mucho más amplios en su temática. Hoy, estamos acotados a tres líneas de acción que son las que nombraste. No nos estamos metiendo en otras áreas como vivienda, reconstrucción.
“A lo mejor abarcábamos mucho y por eso, nuestro objetivo estratégico hoy es poner el foco en lo que estamos haciendo. No pretendemos solucionar todos los problemas de salud o educación en la región latinoamericana, pero sí contribuir con los modelos de colaboración con proyectos concretos”.

-Partieron en 1998 y siguen en pie. ¿La vulnerabilidad es un tema que, por lejos, va a abandonar este continente?
“Este es uno de los continentes más pobres y menos solidarios del mundo”…

-¿Más que África?
“Sí, más, en términos de desigualdades. Hay países muy ricos y otros donde hay mucha desigualdad, entonces por eso tenemos que fomentar la solidaridad a nivel regional. Existe mucha vulnerabilidad en varios países; en el caso de Chile, claro, ya no se manejan las cifras de extrema pobreza que había hace 30 años y por eso, entendiendo que todavía tiene mucha desigualdad, tiene mucho que aportar en otras naciones.
“Chile, no necesariamente AS, tiene mucha experiencia en voluntariado y eso lo puede aportar y este modelo puede ser imitado porque hay países que recién están partiendo en el tema del voluntariado”.

Malena aclara que, aunque se desconoce, AS sí trabaja en Chile, pero que el trabajo de voluntariado lo hacen profesionales de otros países socios que vienen a colaborar acá. Así se logró, en cierta forma, ‘levantar las fronteras’ y trascender los espacios físicos. “Para nosotros es importante que el voluntario chileno viva la experiencia de estar en Perú, Colombia o Bolivia y eso nos hace diferentes de otras organizaciones”, sostiene.

-Chile tiene uno de los ‘know how’ en materia de ONGs más avanzado que otros países. ¿Esa una ventaja exportable?
“Esa es una ventaja gigante, pero para nosotros, los chilenos, es algo trivial. Nosotros escuchamos permanentemente del voluntariado en Servicio País, Un Techo para Chile, y muchas otras. Esto nos permite exportar la experiencia, pero cada lugar, cada país tiene su riqueza y algo que aportar”.

-¿Cómo qué? ¿Hay experiencias de otros países que en Chile debieran aplicarse?
“Millones de cosas. Sobre modelos a imitar no podría decirte, pero está claro que la presencia de un profesional voluntario se recibe”.

-¿Desplegar voluntarios es una forma más eficiente de actuar que sólo remitir recursos para programas específicos?
“Todo depende de cómo se mire la eficiencia. Si estás esperando que un voluntario, que se va por un año a otro país, se supere la pobreza de un lugar específico, probablemente no lo conseguirás. Pero sí él hace bien su trabajo y el socio territorial lo acoge, claramente es un aporte y ahí hay eficiencia. Hay otros resultados que también se logran como que la experiencia de vida de ese voluntario puede transformarla y eso, lo podrá después replicar en su trabajo futuro. Una persona que pasa por un año de voluntariado, es una persona a la que le cambia la vida y la visión del mundo”.

-¿El aporte de un voluntario, entonces, es más productivo que la sola erogación de dinero?
“Todo suma. Suma la experiencia del voluntario, la experiencia del socio territorial, también el monto del dinero, porque muchos proyectos requieren de él. Si tienes un programa de nutrición necesitas cierta cantidad de leche o si no, no funciona y la sola voluntad del profesional no es suficiente”.

-¿Los gobiernos se acomodan, se restan de su responsabilidad, cuando las ONGs se hacen presente?
“Hablar de los gobiernos es muy amplio. Creo que ellos no se restan, a veces, por burocracia, por política, la eficiencia y la eficacia se ve perjudica y no logran que todos remen juntos para el mismo lado. Por eso, muchas veces se requiere del aporte de la sociedad civil y de las organizaciones sin fines de lucro. Creo que, en general, el modelo que está funcionando en el mundo está medio obsoleto, y la ciudadanía quiere participar en el diseño de la solución de sus problemas.
“Las organizaciones de la sociedad civil son necesarias y los gobiernos tienen que gestionar recursos que son de todas las personas. No me atrevería decir que los gobiernos se despreocupan porque otros están haciendo el trabajo; creo que el modelo está cambiando y requiere de más colaboración entre el aparato estatal, la ciudadanía y las empresas. El modelo de hacer empresas, ese sí que está quedando obsoleto; éste requiere generar unidades de RSE serias para vincularse con las comunidades”.

-Abrir oficina en EE.UU. es un gran desafío. ¿Qué otros tienen en carpeta?
“No te puedo contar (y se larga a reír). En Haití estamos abocados a concluir el proceso de constituir la fundación legalmente, que ha demorado mucho, mucho tiempo. Y tenemos el desafío de explorar en otros países donde seamos necesarios, razón por lo que tenemos ‘enviados’ en Ecuador y Bolivia donde todavía no tenemos proyectos.
“Además, el más próximo es nuestra campaña de sustentabilidad de socios, que se realizará en enero y que tiene como meta juntar 127 millones de pesos para financiar 10 proyectos concretos”.