Jimena Zuñiga: ¡Adiós, mundo cruel! Enhorabuena

Por Jimena Zuñiga
Vi. 21 de diciembre de 2012, 08:18
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Si está en este sitio y leyendo esta columna, claramente el mundo sigue vivo y coleando. O capaz que usted sea uno de los ¿afortunados? sobrevivientes, también puede ser. Ahora, si está a oscuras y atemorizado, quiere decir que varios catastrofistas tenían razón.

Como sea, aquí estamos, después de una fecha ultra anunciada, hiper-marketeada, no muy entendida y bastante manoseada. ¿Y de qué se trata?: ¿de un cambio de proporciones?, ¿de una seguidilla de catástrofes, plagas y oscuridad?, ¿de puro cuento o cortina de humo?, ¿de una teoría de los mayas que nadie logra interpretar bien?, ¿o estamos frente a un cambio real?

Dados algunos tránsitos planetarios que comenzaron con fuerza a fines de 2008, aquello en lo que nuestra vida se basaba hasta hace unos años se cae a pedazos hoy por hoy: Europa deja de ser un referente y su movimiento migratorio hacia Sudamérica, Asia y Oceanía es cada día más fuerte; el sueño americano es más ensoñación que nunca en Estados Unidos; en muchos países –incluido Chile, por cierto- es mejor no enfermarse porque puedes volverte indigente, y en varios, es necesario pensar bien si irás a la universidad porque es probable que seas un futuro cesante preparado o que tu formación sea de dudosa calidad; varias religiones despiertan más suspicacia que devoción; los políticos tendrían que nacer de nuevo para convocar con fervor y respeto; los jueces hasta pueden ser investigados y los economistas pierden su credibilidad peso a peso.

Obvio que todo esto no es culpa sólo de los astros. Pero es sincrónico. Desde que Plutón (limpieza drástica y crisis) en 2008 se movió a Capricornio (estructuras sociopolíticas y ambición), en 2011 a Urano (renovación y despertar) se le ocurrió instalarse en Aries (inicios, rabia e ímpetu), a Neptuno (inconsciente y unidad) en 2012 le dio por volver a Piscis (compasión y espiritualidad) y Saturno (golpe de realidad y rectitud) se sumergió en octubre pasado en Escorpión (intensidad y verdades ocultas), todo está en un poderoso, constante y aleccionador cambio en la humanidad: no hay certezas de nada, nuestras estructuras se desmoronan.

Por tanto, ¿se termina el mundo? Mmm, sí y ¡enhorabuena! Pero aquí hay dos cosas que entender. Primero, se acaba el mundo que conocemos y en el que hemos vivido por miles de años. ¿Cuál? El que se basa en el ego como único o principal motor.

Describir al ego da para varias columnas y él (el ego) estaría más que feliz, pues ama llamar la atención. Pero digamos que es la máscara –o energía- mental-emocional con que nos solemos mover a diario y para la cual nunca es suficiente con lo que tiene (en cualquier área de la vida), siempre vive en el pasado o en el futuro pero nunca en el presente; que es competitiva, insegura, agresiva, tensa, evasiva, adecuada, criticona, etc. Su emoción favorita es el miedo: a no tener, a no ser, a perder, a no lograr, a ser frágil, a destacarse, a discutir… A cualquier cosa de turno que elija o que repita, porque el ego es apegado y predecible, además de infantil.

El tema es que como humanidad lo hemos usado a él para existir y no hemos escuchado ni el susurro de alguna voz interna durante largo rato. Lo que sucederá ahora es que muchas otras voces comenzarán –ya lo vemos- a expresarse con fuerza. La de la conciencia, la del espíritu, la del corazón, la del cuerpo, la de la naturaleza, la del cielo y del Universo. Y una vez que esto sucede ya no hay vuelta atrás. ¿O acaso alguien cree que es casual tanta venta de libro de auto-ayuda, el despertar de los movimientos sociales, la masificación de las terapias complementarias, tanta gente joven vegetariana e interesada en los animales y el medioambiente, la caída de los íconos trabajólicos como buenos ejemplos, la ausencia de líderes mundiales; el descrédito de la banca, de la industria farmacéutica, de la salud y de tantas otras cosas que hasta hace poco permanecían intocables?

Otro planeta está naciendo. Y es un proceso tanto de crisis -en que lo antiguo se resiste a lo nuevo y donde además la incertidumbre es la sensación más popular de estas décadas- como de evolución, en el cual el mundo cruel que tenemos –y que construimos hasta con orgullo- ya no nos gusta, pasa de moda y muestra su lado oscuro con fuerza. Encima, si no lo quiere mostrar, Twitter, Facebook y los indignados de cualquier parte se encargarán de contárnoslo, así que todas las barreras se caen poco a poco pero con intensidad para que despertemos.

Y la segunda cosa es que como nosotros hemos visto mucha tele y película hollywoodense, creemos que el fin del mundo es un proceso externo y espectacular digno de ser grabado con el celular. Pero no es así y esta es una de las claves para entender este tiempo naciente: todo lo que está pasando afuera, incluidos los huracanes y terremotos, redes de prostitución descubiertas, huelgas generalizadas, guerras o atentados donde mueren niños, tormentas solares, farándula soez, autoridades e instituciones deterioradas, etc., junto con aquello que sucede en nuestro pequeño mundo cotidiano, está sucediendo dentro de nosotros. Como es adentro es afuera y como es arriba es abajo = Lo que nos pasa a cada uno se refleja en el mundo y el movimiento de los planetas se percibe en la Tierra. Por tanto, la responsabilidad es nuestra: al estar convulsionados por dentro –con más fuerza los últimos dos años-, el mundo convulsiona al unísono.

Nuestro cambio es el del planeta también. El fin de los tiempos es un proceso interno que todos ya estamos viviendo, cada cual a su ritmo, color y humor, donde tendremos que soltar apegos, atrevernos a mirar nuestras verdades ocultas, usar nuestra creatividad y crecer obligadamente si queremos alcanzar la felicidad verdadera: algo que está muy lejos de ser una comedia romántica, sino que es un estado de calma, sin adrenalina ninguna, pero con muchas sonrisas, por cierto.

Por Jimena Zuñiga, astróloga de EMOL y del Blog.